Las perspectivas del siglo XXI
Hacia el futuro: en siete artículos, periodistas de renombre internacional analizarán el legado de las últimas décadas y formularán sus pronósticos.
1 minuto de lectura'

La Nación publicará, a partir de mañana, una serie de siete notas, escritas por periodistas de renombre internacional, sobre las perspectivas inmediatas del siglo XXI.
Está bastante devaluada por el uso la afirmación de que los pronósticos son difíciles de hacer, sobre todo cuando se trata del futuro. Pero se puede recordar, con más fundamentos que humor, como lo hará Willam Pfaff, al seguir ideas de Karl Popper, que el conocimiento crece a un ritmo sumamente rápido y por lo tanto no podemos fácilmente anticipar lo que va a ocurrir mañana.
El siglo XX ha dejado un legado que examinarán desde mañana, en ediciones sucesivas, Jim Hoagland, Robert Samuelson, Williams Pfaff, Flora Lewis, Philip Bowring y David S. Broder.
Estudiar las perspectivas con las cuales se ha abierto por la voluntad general un nuevo siglo antes de que el anterior haya verdaderamente concluido constituye un ejercicio estimulante de la inteligencia. Los resultados de tal ensayo pueden servir, también, para estar mejor preparados frente a lo que sobrevendrá; o, para que, dentro de veinte o cuarenta años, cualquier cretino pueda criticar, desde otras perspectivas, pero siguiendo hábitos inveterados de la especie, la forma en que en el pasado los hombres juzgaban a sus contemporáneos y a sus instituciones, en este caso en la transición convencional de un siglo a otro.
Los historiadores no mensuran necesariamente de cien en cien los años de un siglo. Prefieren hacerlo por la data de sus puntas dominantes. Hobsbawn, por ejemplo, hace comenzar al siglo XX en 1914, cuando se abrieron las hostilidades de la Primera Gran Guerra; lo cierra en 1990, poco después de la caída del Muro de Berlín y poco antes de la implosión del imperio soviético.
Efectos de la globalización
En los últimos diez años del siglo XX el intercambio de mercaderías y servicios ha crecido mucho más velozmente en el mundo que la capacidad productiva total de los países. Es esa una de las más claras manifestaciones de la globalización, que puede ser calificada tanto como de una gran religión secular -por lo que se infiere de las expectativas y comportamientos de sus adeptos más dogmáticos- como de una espada de doble filo, por sus ventajas y riesgos. Los articulistas convocados se detendrán detalladamente en tales aspectos.
Tal vez los diarios del futuro informen que el siglo XXI se inauguró, en realidad, en 1990, con los cambios mundiales extraordinarios que signaron a la década que acaba de concluirse. No harían sino confirmar, por otras vías, lo ya sostenido por Hobsbawn. Por ahora, la serie de notas que La Nación iniciará mañana con un trabajo de Jim Hoagland, columnista habitual de The Washington Post, suministrará a los lectores interesantes elementos de juicio para identificar la esencia de este instante de la historia. He aquí algunas de las observaciones que se formularán a lo largo de la serie:
- Probablemente la biología será al siglo XXI lo que la física fue para la identidad histórica y el desenvolvimiento del siglo XX.
- La magnitud del territorio y de la población ya no definen por sí mismos la riqueza y seguridad de los Estados, y esto caracterizará la política externa de grandes países.
- Es posible que en el futuro haya guerras por cuestiones tan modernas como la depredación de la riqueza ictícola.
- Ante un mundo unipolar, los Estados Unidos deberán tener presente que la hegemonía invita a la oposición (los franceses procurarán en Europa activar esta parte de la memoria).
- Al Gore, Bill Bradley (demócratas), George Bush y John McCain (republicanos), o sea los cuatro principales candidatos para las elecciones presidenciales norteamericanas del año próximo, comparten de tal modo ideas en materia de política internacional, que no se ve en qué podría cambiar cualquiera de ellos la gravitación de Washington sobre el mundo en relación con lo hecho por Bill Clinton.
- Las consecuencias del SIDA pueden llevar a que en Africa descienda el promedio de vida de hoy, de más de 60 años, a 48 años.
- El crecimiento económico de China seguirá dando nuevas oportunidades para el comercio internacional, pero esto también supone que China exportará mano de obra barata con sus inevitables derivaciones sociales sobre otros países.
- 1
2Israel: la historia del argentino que se casó en el subsuelo de un shopping en medio de las sirenas por la guerra
- 3
La guerra con Irán deja miles de evacuados en Israel y Tel Aviv intenta vivir entre sirenas y refugios
- 4
Confirmaron tres vuelos para que los argentinos varados en Emiratos Árabes regresen al país



