
Lejos de superar la parálisis
Por Patricio Arana Para LA NACION
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PARIS.- Los países miembros de la Unión Europea (UE) lograron, anoche, acercarse finalmente a un acuerdo en Bruselas para un nuevo tratado con el que esperan poner fin a la parálisis institucional.
Pero el rechazo de la Constitución y las dificultades para dar vuelta la página son síntomas de la depresión que atraviesa el bloque y de las dificultades para que se imponga el lema europeísta "unidos en la diversidad". La toma de decisión en el Consejo Europeo fue el punto central en discusión. Polonia se opuso a la propuesta alemana hasta última hora.
Para Varsovia, el sistema a doble mayoría significaba una pérdida de peso en el seno del bloque. Si a esto se agrega la reducción de temas en los que se podrá recurrir al veto, la oposición de Polonia encuentra una justificación.
En un pasado reciente, Polonia, dependiente energéticamente de su vecino ruso, utilizó su derecho a veto en las últimas cumbres entre Rusia y la UE, al tiempo que reclamó, sin éxito, mayor firmeza de parte de Bruselas hacia Moscú.
En negociaciones con sus socios del club europeo, Varsovia reclamó una mejor ponderación del sistema de voto, así como una cláusula de "solidaridad energética" en el nuevo tratado.
No obstante, aunque la atención estuvo centrada en Polonia estos últimos días, Gran Bretaña, Francia, Holanda, España y la República Checa no estaban de acuerdo con la totalidad del texto presentado por Angela Merkel.
Gran Bretaña se mostró reticente a que fuese vinculante una referencia en el nuevo tratado a la Carta de Derechos Fundamentales de la UE y también rechazó la creación de un ministro de Relaciones Exteriores. Aunque no logró que desapareciera esta figura, algo a lo que España mostró gran apego, sí logró que el título fuese "alto representante", con menos atribuciones.
Por su parte Francia reclamó que no se inscribiera en el texto la referencia a la UE como un espacio de libre mercado, para disgusto de Londres y de la Comisión Europea, e insistió para que haya una referencia a la Carta de Derechos Fundamentales.
La cooperación reforzada entre los países que deseen ir más rápido en las reformas, la política exterior y de seguridad común -que París y Londres quieren que sea intergubernamental-, el rol de los Parlamentos nacionales -que los holandeses piden que tengan más peso-, fueron, además del sistema de voto, temas de discusión en Bruselas.
En definitiva los 27 estaban de acuerdo únicamente en adoptar un nuevo tratado con algunas disposiciones institucionales de la Constitución. Es decir, con una presidencia estable del Consejo, un ministro de Relaciones Exteriores, la extensión del voto a la mayoría y un nuevo mecanismo de voto. El resto estuvo marcado por las diferencias.
Finalmente se logró un compromiso para un "tratado reformador", pero la cumbre dejará un gusto amargo en las diferentes capitales, que claramente difieren sobre lo que debería ser la Unión.
En efecto, la "pulsión de unificación europea" de la posguerra parece hoy sin aliento y la ilusión de algunos de crear una unión política, un "Estados Unidos de Europa" como lo definió y descartó pocos días antes del encuentro el presidente de la Comisión, José Manuel Durão Barroso, parece formar parte del pasado en momentos en que las capitales europeas batallan por defender la preeminencia del Estado nación.




