León XIV afianza su papel de estadista y llama a la paz en una era de renovados conflictos bélicos
En Francia, defendió el multilateralismo y cuestionó el rearme mundial
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METZ, Francia.— El papa León XIV culminó un viaje de cuatro días a Francia en la cuna intelectual de la Unión Europea, celebró su éxito al “derribar los muros que la dividían” y afianzó su papel no solo como líder espiritual de 1400 millones de católicos, sino también como un estadista cada vez más influyente.
En dos discursos consecutivos, pronunciados simbólicamente en un centro de conferencias que lleva el nombre de Robert Schuman, el fallecido canciller francés que fue uno de los padres fundadores de la Unión Europea —y que ahora es candidato a la santidad católica—, León adoptó lo que se ha convertido en su sello distintivo: un tono equilibrado sobre temas candentes como la migración, que parece dejar la interpretación en manos de quien lo escucha.
Fue menos ambiguo respecto de la libertad religiosa, la importancia del derecho internacional y el multilateralismo, y su profundo rechazo a invocar el nombre de Dios con fines bélicos. León habló en una zona de Europa —cerca de la frontera con Alemania, que alguna vez fue objeto de violentas disputas— donde Schuman promovió la integración continental como un vínculo para una paz duradera.
Sin mencionar a Ucrania, León habló del regreso de la guerra a Europa y pidió “valentía para negociar y estar dispuestos a renunciar a algunas posiciones por el bien superior de la paz”.
En un momento en que el presidente Donald Trump ha presionado a los aliados de la OTAN para que incrementen el gasto militar, León reconoció que “la búsqueda de la paz en Europa, como en todo el mundo, no debe confundirse con una forma ingenua de pacifismo”. Pero también advirtió contra “la ilusión de que el rearme es la respuesta”.
Durante sus giras por África y España en abril y junio, León —que al principio parecía incómodo con la fama— se mostró como un líder espiritual seguro de sí mismo y emotivo, capaz de conmover a las multitudes.
Durante su viaje a la Francia laica, el Papa nacido en Estados Unidos hizo precisamente eso en París, Lourdes y Metz, e incluso congregó a 800.000 fieles en una misa al aire libre el sábado, la mayor multitud reunida en la capital desde la victoria de Francia en el Mundial de 2018. La noche anterior, León, el líder de 71 años de una fe de dos milenios de antigüedad, logró llenar con facilidad un estadio con 80.000 jóvenes que lo aclamaban.
Sin embargo, más que en algunos de sus otros viajes, en Francia también se vio a un Papa diferente: León como un estadista que empieza a ocupar el lugar de una figura de autoridad y experiencia.
“Ahora estamos ante un Papa al que describiría más como un diplomático”, dijo Claude Dargent, un experto en religión y política radicado en París.
Algunos también ven en León al Papa que muchos creen que esperaban los cardenales que lo eligieron: un hombre nacido en Chicago, de lenguaje directo, que actúa como contrapeso en una era de poder estadounidense sin frenos.
En abril, cuando el presidente Trump criticó abiertamente al Papa por ser “débil frente al delito y pésimo en política exterior”, León no pareció amedrentarse y dijo que no tenía “miedo”. Pero desde entonces ha buscado bajar el tono y se ha abstenido de avivar las llamas de una disputa con la Casa Blanca.
En cambio, se ha dedicado a cuestionar la idea de que “la fuerza da la razón” y a proponer un mundo alternativo en el que prevalezcan la bondad, la generosidad y, por encima de todo, la dignidad humana.
Lo llama nuestra “humanidad común”.
Días después de que Trump arremetiera contra las Naciones Unidas y hablara de vencedores que se quedan con el botín, León se dirigió a la Unesco —la agencia cultural de la ONU en París— entre aplausos entusiastas. Habló del horror de la guerra y de la gloria de la paz. Reiteró los riesgos de la inteligencia artificial, como lo hizo en su primera gran encíclica, y dio señales de alarma en un momento en que Trump ha defendido su avance vertiginoso.
En un momento en que Venezuela está bajo el control de Washington y Moscú libra una guerra en Ucrania, León condenó la búsqueda de “dominación” y el surgimiento de “neocolonias” modernas de las naciones poderosas. En Francia, donde la nacionalista Marine Le Pen encabeza las encuestas para las elecciones presidenciales del año próximo, León advirtió sobre el avance gradual del autoritarismo en el mundo libre.
“Una sociedad verdaderamente libre no impone la uniformidad, sino que protege la diversidad de las conciencias, previene las tendencias autoritarias y promueve un diálogo ético que enriquece el tejido social”, dijo León.
En Metz, reafirmó un punto por el cual la Casa Blanca lo ha cuestionado: su afirmación de que “el nombre de Dios” nunca puede utilizarse para “justificar la violencia o la opresión”. Reiteró sus temores por la erosión del derecho internacional.
“El derecho internacional y el multilateralismo ponen de relieve la auténtica igualdad de los Estados en sus relaciones y constituyen el mejor antídoto contra el deseo de dominación, que está en la raíz de todo conflicto”, dijo León. “Hoy, las relaciones entre las personas y los Estados son cada vez menos civilizadas. Se desprecia el valor de cumplir la palabra; en cambio, la gente se jacta de las mentiras y el engaño”.
Habló de una nueva transformación europea a través de las olas migratorias. Reiteró su respaldo previo a las vías legales y a la mejora de las condiciones en los países de origen para desalentar la migración. Pero también llamó a integrar a los recién llegados como si fueran “parte de la propia familia” y a ofrecerles oportunidades.
El presidente francés, Emmanuel Macron, que estuvo presente durante el discurso en Metz, había invitado a los líderes de los otros 26 países miembros de la UE, aunque pocos parecieron haber aceptado. Asistieron el primer ministro y los grandes duques de Luxemburgo, así como la jefa de un estado alemán, Anke Rehlinger, ministra presidenta de Sarre, informó el Palacio del Elíseo.
Las multitudes en Francia, aunque quizás un poco más reservadas que las de la vecina España, a menudo eran jóvenes. En París, algunos no creyentes se sumaron a los fieles para aclamar al Papa. En un acto universitario en el centro de París el sábado, tres jóvenes —ninguno católico, ni siquiera religioso— vitorearon a León con el entusiasmo de admiradores de una estrella, ante un Papa al que uno de ellos describió como el estadounidense que el mundo “necesita”.
“Para nosotros, en Francia, es importante que haya un estadounidense que diga estas cosas, ¿sabés?, un estadounidense con un maravilloso mensaje de paz, que habla tantos idiomas y que dice esta verdad cuando tenemos la locura de Trump”, dijo Robin Pitrat-Demurger, de 21 años, estudiante de Ciencias Políticas en París.
“Estoy acá porque quiero escucharlo y verlo”, continuó Pitrat-Demurger. “Pero también porque me alegra escuchar a un estadounidense decir estas cosas y saber que otros estadounidenses podrían escucharlo porque es uno de ellos”.
Como es habitual en los viajes papales, hubo pompa, especialmente cuando León se convirtió en el primer Papa en visitar la restaurada catedral de Notre Dame tras el devastador incendio de 2019. Se sumó a una solemne procesión, vestido de un blanco y dorado resplandecientes. Mientras el incienso se arremolinaba y resonaba la potente música del órgano, veneró una reliquia que, según se cree, es la corona de espinas de la crucifixión de Jesús.
En Lourdes, consoló a los enfermos y ancianos que buscan curaciones milagrosas en una ciudad donde, según se cuenta, la hija de un molinero del siglo XIX presenció apariciones de la Virgen María. Celebró una misa para 150.000 peregrinos y luego se reunió, de forma individual y colectiva, con siete víctimas de abusos cometidos por miembros del clero, seleccionadas cuidadosamente. Varias de las víctimas elogiaron a León después del encuentro.
En un acto en un hospital, filas de personas con discapacidad en sillas de ruedas similares a rickshaws escuchaban con esperanza cada palabra del Papa, algunas de ellas entre lágrimas.
Los influencers de MAGA han apodado a León el “Papa woke”, pero en Francia, si acaso, se lo vio como lo contrario, al menos en cuestiones sociales.
En París, defendió principios católicos conservadores que no siempre son populares en la Francia laica y apuntó contra la gestación subrogada y la ley de eutanasia recientemente aprobada en el país, a la que describió como una industria construida en torno a “organizar la propia muerte”.
Lo hizo de una manera que algunos medios franceses describieron como una muestra de aguda comprensión de la identidad francesa y de la percepción que los franceses tienen de sí mismos. Quizás fuera genético. León habló con afecto de sus raíces familiares en Normandía y Bearne.
“Dijo algunas cosas que no le gustan de Francia y creo que eso es importante, porque un Papa no siempre puede dar un discurso con el que todos estén de acuerdo, pero lo hace de una manera amable”, dijo Zoe le Barzic, estudiante de Historia en la Universidad Católica de París, que fue a escuchar a León. “Hay tanta división en este momento. No creo que quiera contribuir a ella. Está siendo muy diplomático”, agregó.
Sin embargo, León tampoco fue completamente esquivo a los comentarios sobre la política estadounidense, aunque ha procedido con cautela y, al parecer, solo ha abordado el tema cuando la prensa lo presionó.
Consultado durante el vuelo papal a París sobre la decisión de Trump de prohibir el acceso de CNN y otros medios de comunicación a la Casa Blanca, León les dijo a los periodistas: “Estoy muy contento de que aquí todos ustedes sean bienvenidos. Y de que haya una buena cobertura. Creo que es muy importante que la tengamos en todos los ámbitos, para todos”.
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