Londres: por primera vez los servicios secretos británicos revelan su trabajo en una muestra

Un teléfono para conversación segura entre el presidente Kennedy y el primer ministro Harold Macmillan durante la crisis de misiles de 1962
Un teléfono para conversación segura entre el presidente Kennedy y el primer ministro Harold Macmillan durante la crisis de misiles de 1962 Crédito: GCHQ
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10 de julio de 2019  • 14:57

LONDRES (AFP).- Los servicios secretos británicos revelan por primera vez algunos de sus secretos en una exposición en el Museo de la Ciencia de Londres, con la idea de endulzar su imagen y de educar sobre los riesgos de la cibercriminalidad.

El Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno (GCHQ), el servicio de inteligencia electrónico, decidió salir de la penumbra con motivo de su centenario, proponiendo a los visitantes explorar décadas de conversaciones secretas y escuchas clandestinas, en esta muestra titulada "Top Secret: de los códigos a la ciberseguridad", que abrió sus puertas hoy.

Una de las piezas clave de la exposición es un prototipo de la máquina 5-UCO, creada en 1943 para enviar mensajes cifrados a los oficiales aliados en el terreno.

"Es una de las primeras máquinas para descifrar que se desarrollaron, totalmente inviolable y tan secreta que durante mucho tiempo pensamos que se había destruido cualquier rastro de su existencia", declaró el jefe del GCHQ, Jeremy Fleming, en la presentación de la exposición, que podrá visitarse hasta febrero de 2020.

La máquina alemana para escribir el código Enigma, el modelo M1070, capturada por los británicos en abril de 1945
La máquina alemana para escribir el código Enigma, el modelo M1070, capturada por los británicos en abril de 1945 Crédito: GCHQ

Según él, al mostrarse así y al implicar al público en la muestra, los servicios secretos quieren encarar la creciente amenaza de la cibercriminalidad.

"Ya no basta trabajar en secreto, la apertura es nuestra fuerza", afirmó, asegurando que quería dar "consejos a medida para cada ciudadano".

Entre las piezas que se muestran figura un ordenador infectado con el virus "Wannacry", que contaminó a cientos de miles de computadoras en el mundo en 2017 y bloqueó el sistema público de sanidad británico NHS, para mostrar la manera en la que los ciudadanos de a pie pueden ser explotados para lanzar ciberataques contra grandes instituciones.

De las guerras mundiales a Snowden

La exhibición empieza con la tecnología de radio utilizada por un incipiente GCHQ para calcular la posición de los aviones alemanes lanzados contra Reino Unido durante la Primera Guerra Mundial.

Luego se exponen máquinas tan famosas como "Enigma", con la que los alemanes cifraban sus mensajes en la Segunda Guerra Mundial, y también se cuenta la manera en la que los agentes británicos consiguieron decodificarla.

Un teléfono para conversación segura entre el presidente Kennedy y el primer ministro Harold Macmillan durante la crisis de misiles de 1962
Un teléfono para conversación segura entre el presidente Kennedy y el primer ministro Harold Macmillan durante la crisis de misiles de 1962

La reconstitución de una modesta casa en las afueras de Londres transporta al visitante a la época de la Guerra Fría, a través la historia de una pareja de canadienses que enviaban informaciones militares altamente secretas a Moscú mediante un aparato de radio escondido bajo el suelo de su cocina.

En un plano más contemporáneo, los visitantes también son informados sobre el peligro de las redes sociales, donde sus actividades pueden ser desviadas con otros fines.

Y al pasar delante de un ordenador con los discos duros dañados, se presenta el caso de las revelaciones del exanalista estadounidense Edward Snowden y los controvertidos métodos del GCHQ. Es justamente esta computadora la que los servicios secretos británicos obligaron a los periodistas del diario The Guardian que investigaban el caso a destruir.

"Estaban contentos de que habláramos de ello, habría sido extraño no incluirlo", explicó la comisaria de la exposición, Liz Bruton, a la agencia AFP, señalando que habían consultado a docentes y defensores de las libertades civiles sobre las cuestiones de seguridad y vida privada.

Pero la transparencia tiene sus límites. "Hay historias que no hemos podido contar", admitió Bruton. Para reflejar estos secretos que nunca serán revelados, el museo dispuso un amasijo de polvo procedente de las máquinas de los servicios secretos que fueron destruidas.

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