Los ataques sexuales desatan una tormenta sobre Merkel
Atribuidas a musulmanes y norafricanos, las agresiones dispararon las críticas a la política migratoria de la canciller
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BERLÍN.- La ola de ataques sexuales a mujeres perpetrados por hombres "de aspecto árabe y norafricano" la noche de Año Nuevo en Colonia encendió ayer un crudo debate sobre integración en uno de los países más afectados por la crisis de refugiados en Europa.
Mientras algunos medios y políticos rechazaban conclusiones apresuradas y pedían evitar prejuicios, otros se aferraron a la apariencia extranjera de los agresores para criticar la política de refugiados de la canciller Angela Merkel y exigir una discusión "sin tabúes" sobre inmigración y asilo.
El ministro del Interior, Thomas de Maizière, resumió el difícil equilibrio al que quedó expuesto su gobierno: "No puede haber una sospecha general contra los refugiados, al menos en este momento de la investigación. Pero tampoco se puede crear un tabú y no tocar el tema si hubo un delito y hay indicios de que fueron norafricanos".
El propio político cristianodemócrata (CDU) se mostró abierto a "hablar" sobre un posible endurecimiento de la ley para facilitar la expulsión de solicitantes de asilo implicados en delitos en Alemania. Sería la primera consecuencia política del escándalo.
Los incidentes tuvieron lugar la noche del 31 de diciembre en la céntrica plaza de la estación de trenes de Colonia, en el oeste de Alemania.
Varios grupos de hombres que participaban en una masiva celebración por el nuevo año hostigaron y robaron a mujeres que pasaban por el lugar. La policía recibió más de cien denuncias por hurto, agresiones sexuales y por lo menos dos violaciones. Ayer se conocieron decenas de casos similares también en Hamburgo, Stuttgart y Fráncfort.
Los relatos de mujeres indefensas rodeadas y manoseadas por extraños "de aspecto árabe y norafricano", en pleno centro de la cuarta ciudad en tamaño de Alemania, indignaron a una opinión pública ya sensibilizada por los retos demográficos, sociales y humanitarios que plantea la masiva llegada de personas en busca de asilo.
La implicación de refugiados está lejos de haber sido probada por la policía. Pero a falta de confirmaciones, el escándalo fue ya utilizado por los rivales de Merkel para atacar su política de acogida, que llevó a Alemania a recibir sólo en 2015 más de un millón de refugiados, la mayoría de Siria, Afganistán e Irak.
Frauke Petry, jefa del partido euroescéptico Alternativa para Alemania (AFD), vio en los incidentes una consecuencia de "la inmigración descontrolada" y "una política de inmigración y asilo catastrófica", mientras que seguidores del movimiento xenófobo e islamófobo Pegida inundaron las redes sociales con mensajes de odio hacia musulmanes y refugiados.
El riesgo de un giro en la cultura de bienvenida que venían mostrando muchos alemanes hizo que los incidentes coparan no sólo las tapas de la prensa local, sino también las de varios diarios de Europa e incluso de Estados Unidos. "Ataques a mujeres alemanas inflaman el debate sobre los migrantes", tituló en primera plana The New York Times.
Criminalización
También la amplia comunidad de musulmanes alemanes vio el peligro de verse perjudicada y pidió no criminalizar su religión.
"Es más que sabido que el islam condena tanto el consumo de alcohol como el robo, las agresiones sexuales y la violencia", señaló Dekir Alboga, responsable de diálogo interreligioso de la federación islámica alemana.
La sorpresa que generó el ataque masivo, que según la investigación podría haber sido coordinado y planificado, llevó al ministro de Justicia, Heiko Maas, a hablar de "una dimensión desconocida de crimen organizado".
La hipótesis de lo imprevisible ayudaría a entender por qué la policía no supo prevenir ni controlar el desastre. O por qué los medios tardaron cuatro días en contarlo. O cómo se le ocurrió a la alcaldesa de Colonia, Henriette Reker, aconsejar a las mujeres "mantener un brazo de distancia" con los extraños como un modo de evitar abusos. Esos tres tropiezos motivaron ayer rectificaciones y disculpas.
Sin embargo, diversos medios recordaron que la tensión social no es nueva en Alemania. El año pasado terminó con más de 1600 delitos contra hogares de refugiados. La propia Reker fue apuñalada hace tres meses por un ultraderechista enfurecido con su política de asilo y la policía advirtió en diciembre que se encontraba "al límite" de su capacidad.
El aviso terminó de cobrar sentido con el inicio de 2016, el peor posible para la política de refugiados impulsada por Merkel y una señal preocupante ante los carnavales masivos que la propia Colonia celebra dentro de un mes.
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