Los republicanos, ante su peor bochorno

Charles M. Blow
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18 de octubre de 2013  

Nueva York.-El Congreso finalmente alcanzó un acuerdo para terminar con la parálisis del gobierno y evitar el default, pero no sin que antes el Partido Republicano les demostrara a los estadounidenses lo conflictivo y peligroso que es.

Benjamin Wittes, experto de la Brookings Institution, describió esta semana lo ocurrido en el Congreso como un peligro mayor para la seguridad nacional que Al-Qaeda: "No solemos referirnos al Congreso como lo que realmente es a estas alturas: el peligro más claro y más actual para la seguridad nacional de Estados Unidos".

A eso nos ha llevado una Cámara de Representantes controlada por el Partido Republicano. Los conservadores que están fuera de la Cámara saben reconocer la derrota cuando la ven y quieren vivir para pelear otra batalla. Pero se golpean el pecho en vano, ya que sus lamentos caen en los oídos sordos de los escuadrones de la muerte de la extrema derecha.

El martes, el editorial del diario conservador The Wall Street Journal lanzó: "[Los republicanos] eligieron un objetivo que no podían alcanzar para tratar de desfinanciar el plan de salud de Obama desde una de las Cámaras, y después eligieron un método políticamente insostenible, insistiendo en una prolongada parálisis y amenazando con hacer volar todo por el techo de la deuda".

El senador John McCain dijo esta semana: "Los republicanos tenemos que admitir que perdimos esta batalla [...] no podríamos ganar porque exigíamos algo que no era posible". El senador Lindsey Graham lo afirmó sin pelos en la lengua: "Realmente fuimos demasiado lejos. Lo arruinamos".

Pero con los miembros de la extrema derecha de la Cámara no se puede razonar. Prefieren desaparecer en un estallido de gloria o hacer desaparecer al país. Y por cierto que la cara más visible de este desastre es el senador Ted Cruz, de Texas, a quien su colega republicano Peter Kink, representante por Nueva York, calificó de "fraude" y "falso profeta" que ayudó a orquestar el colapso.

El editorial del martes del Houston Chronicle dio el extraordinario paso de intentar retirarle su apoyo a Cruz, un respaldo que sin dudas ayudó a que fuera elegido.

Parece que todos se están despertando al desastre que este contingente actual de republicanos extremistas implica y al veneno que representan para el funcionamiento de nuestra democracia. Más vale tarde que nunca, supongo.

Según las encuestas de Pew, Gallup, Fox News y Quinnipiac, los números de Cruz tocan fondo. Según un sondeo de NBC News y el Wall Street Journal, la popularidad del Partido Republicano se hundió a un nivel récord, y un 70% dijo pensar que los republicanos del Congreso estaban anteponiendo su propia agenda a los intereses del país. También aumentó la animadversión contra el Tea Party: un 47% dijo tener sentimientos negativos hacia la agrupación. Pero cuando le preguntaron a Cruz por la encuesta, la desestimó por supuestos problemas metodológicos.

Según un sondeo de Pew Research, "un récord del 74% de los votantes registrados dicen actualmente que la mayoría de los miembros del Congreso no deberían ser reelegidos en 2014".

Los republicanos le hicieron una pésima jugada al gobierno con la parálisis administrativa y el techo de la deuda. Nunca tuvieron la menor chance de éxito, más allá de asustar al presidente y a los demócratas para que cedieran.

Para nuestro país, es un bochorno, pero también es un bochorno para el Partido Republicano, cuyos móviles, tácticas e intenciones quedaron al desnudo. No será fácil que los votantes olviden lo ocurrido en estos días.

Traducción de Jaime Arrambide

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