Los suburbios europeos, amenaza latente
Jóvenes hijos de inmigrantes, aquejados por el desempleo y la discriminación, viven en la periferia de las grandes ciudades
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ESTRASBURGO.- La ola de disturbios que desde hace dos semanas le quita el sueño a las autoridades francesas no ha provocado muchas sorpresas en Estrasburgo. Desde hace ya varios años, quemar autos, intimidar a transeúntes y a choferes de ómnibus es un ritual de fin de semana en Ile-de-France y Hautepierre, los barrios "calientes" de las afueras de Estrasburgo.
Pero eso no es todo. En el arbolado corazón de la ciudad, el quartier de l´Orangerie, hogar de las principales instituciones europeas, también es vox populi que Francia está lejos de tener el monopolio de la violencia suburbana. Los jueces de la Corte Europea de Derechos Humanos reciben anualmente cientos de expedientes legales, provenientes de los 46 países que integran el Consejo de Europa, con reclamos similares a los que ahora se gritan en las calles: discriminación, mal alojamiento, aislamiento social.
Similar es el contenido de mucha de la correspondencia dirigida a los eurodiputados. Unos y otros han venido advirtiendo a las autoridades nacionales de la existencia de verdaderas "bombas de tiempo" sociales constituidas por una desesperada juventud, hijos de una segunda y hasta tercera generación de inmigrantes, relegados a vivir en distritos específicos.
El primer estallido se habrá registrado en Francia, pero el fenómeno es paneuropeo. Los recientes tumultos y destrozos en las zonas conurbanas de Bruselas, Berlín, Bremen y Colonia no han hecho más que confirmarlo. Si el problema es de inserción social, ningún país parece ofrecer un modelo viable.
En Francia, "integración" significa ?asimilación´. Convertirse en francés significa dejar de lado la identidad de los ancestros. Es por eso que parlamentarios como Philippe Seguin o el ex primer ministro Edouard Balladur raramente sacan a relucir sus orígenes tunecino y turco, respectivamente. Similar reserva demostraron los futbolistas de tez negra que en 1998 dieron a Francia la Copa del Mundo. Si el Estado francés no compila estadísticas sobre minorías étnicas francesas es porque, con el ideal republicano, éstas no pueden existir: todos los franceses son iguales, no importa cuál sea su patrimonio genético. El problema es que la teoría se lleva de narices con la práctica.
"Basta con poner en un formulario de búsqueda de trabajo el código postal de una zona del conurbano, como el 93000 de Seine-Saint-Denis en el norte de París, o decir que el candidato se llama Mohammed para que sea rechazada de inmediato. Para prosperar aquí hace falta llamarse Pierre, Jean o Maurice, y vivir puertas adentro de la metrópoli", sostiene Michel Delebarre, presidente de la Unión Social por el Hábitat.
La experiencia de sus colegas en Bélgica, Alemania, Holanda, Alemania, Suiza e Italia es similar. La diferencia es que el caso francés ofrece menos claroscuros. El nivel de desempleo en Francia es uno de los más altos de Europa: el 10% a nivel nacional y el 23% entre los jóvenes de 15 y 24 años. Bélgica e Italia sufren porcentajes más altos entre los jóvenes, pero lo que distingue a Francia es que la cifra salta hasta a un astronómico 40% en los suburbios donde habitan descendientes de nordafricanos, turcos y árabes. El problema no es tanto de pobreza, sino de segregación.
"En Gran Bretaña casi no tenemos desempleo y los jóvenes de origen inmigratorio están igualmente descontentos -advierte Trevor Phillips, presidente de la Comisión para la Igualdad Racial-. Ninguno de los terroristas que el último 7 de julio mataron a 52 personas venían de familias de bajos recursos. El padre de uno de ellos tiene dos negocios, dos casas y maneja un Mercedes-Benz. De lo que carecían era de la sensación de pertenecer al país que les dio techo, comida, educación y un pasaporte, en pie de igualdad con el resto de los británicos. Los marginados franceses viven en guetos fuera de la ciudad; los británicos, en guetos puertas adentro."
Pocas posibilidades
Como la mayoría de los Estados de la UE, el francés ofrece subsidios de desempleo y garantiza el alojamiento a todos sus ciudadanos. Pero sin perspectivas de obtener un empleo -no importa cuál sea su nivel de educación-, muchos jóvenes no ven otra forma de insertarse en la comunidad que por medio del consumismo. Es así como los fondos estatales suelen traducirse en camperas y zapatillas de marca, teléfonos celulares (herramientas que resultaron clave en la coordinación de los disturbios), cigarrillos y, cada día más, en drogas.
La falta de acceso al crédito les impide, además, abandonar los barrios que tanto los estigmatizan. Ninguna entidad bancaria da préstamos a quien vive en el barrio londinense de Brixton, en el Moss-side de Manchester o en una de las famosas HLM, las habitations à loyer modéré (viviendas de alquiler moderado, en realidad totalmente pago por el Estado) que rodean a las principales ciudades francesas y belgas.
"Esas torres de cemento y hormigón armado, construidas en las décadas del 60 y 70 para albergar hasta 50.000 personas, como solución a la crisis creada para el baby boom de la posguerra, son parte misma del problema -estima el arquitecto Roland Castro, quien fue consejero en temas urbanísticos del presidente François Mitterrand-. Los barrios de las HLM carecen de negocios, sedes de administración, centros culturales, parques y paseos."
Por su parte, Khali Merroun, rector de la mezquita de Evry, asegura que los incidentes de los últimos días poco tienen que ver con el islam. La Unión de Organizaciones Islámicas declaró un fatwa por la cual se prohíbe a los musulmanes participar en la violencia. Aun así, en el Consejo de Europa muchos creen que la población musulmana de Francia -la más grande de Europa- es blanco de una ofensiva fundamentalista destinada a impedir su integración. Los imanes, en su mayoría extranjeros, incitan a los jóvenes a separarse de una sociedad decadente, prohibiéndoles relacionarse, ya sea mediante matrimonio o simple amistad, con quienes no comparten su religión.
"Los chicos que arrojan bombas molotov son nihilistas; no creen en nada más allá del odio que tienen por quienes les impiden progresar. Los fundamentalistas musulmanes simplemente les suministran la letra de lo que tienen que decir", insiste el filósofo Bernard-Henri Lévy. De lo que no cabe duda es de que la intolerancia se encuentra en la raíz de todo. Manuel Valls, el intendente de origen catalán de Evry -donde un local de McDonald´s fue totalmente incinerado no se cansa de repetirlo: "No son sólo los jóvenes magrebíes quienes tienen que aprender a adaptarse. Si queremos que amen a Francia y a Europa, es hora de que Francia y Europa los ame un poco".
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