Manuel Cuesta Morúa: "Con Díaz-Canel el Estado se mantiene por encima de la ley"

Miguel Díaz-Canel
Miguel Díaz-Canel
El historiador y activista de derechos humanos cubano afirma que, pese a las apariencias y al cambio de estilo de la dirigencia, la mano dura del régimen se extendió a sectores más amplios de la sociedad
Ramiro Pellet Lastra
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11 de octubre de 2019  

La llegada de Miguel Díaz-Canel al poder en Cuba -desde 2018 como presidente del Consejo de Estado, y desde ayer como presidente de la República- fue un cambio de guardia con respecto a la eterna batuta de los hermanos Castro.

Pero según el historiador cubano Manuel Cuesta Morúa, dirigente político y defensor de los derechos humanos, el régimen cambió de imagen y renovó el estilo, aunque mantuvo sumergidas las libertades. "El Estado se mantiene por encima de la ley, sigue violando la Constitución", dijo a LA NACION.

-¿Qué cambió en el régimen con Díaz-Canel?

-Creo que con Díaz-Canel estamos en un régimen de tránsito. No de transición, sino de tránsito. El tránsito entre la vieja nomenklatura del poder, vestida de verde olivo, y la nueva nomenklatura vestida de guayabera. Ya no trata de vender la imagen de que estamos en guerra, sino de que empieza un país institucional, donde se renuevan las elites, de liderazgo consensuado, donde el Partido Comunista asume un mayor rol y, al mismo tiempo, ya no vale tanto la figura de una sola persona, sino una especie de gobierno colegiado.

-¿Y cuál es el resultado?

-Están en un intermedio. Tratan de afincar un liderazgo que no viene de la guerra ni del voto popular. No es épico ni popular. Pero como tienen que afincarse de algún modo, están dando un retorno a las esencias socialistas. La nueva Constitución dice que el Partido Comunista es el partido único. Este retorno implica una especie de guerra del Estado contra la sociedad civil.

-¿No existía ya esa guerra?

-Ya había una guerra, pero ahora es casi declarada, y contra todos los sectores. Si antes se limitaba a los activistas de la sociedad civil y política, ahora es contra los trabajadores por cuenta propia, la pequeña y mediana empresa, los activistas culturales, el mundo de la cultura o los que quieren convertirse en influencers en las redes.

-¿Recrudeció la represión?

-Hay un recrudecimiento de la represión, y en un momento en que se pensaba que Díaz-Canel representaba una esperanza de una apertura suave. Controlada, pero una apertura al fin. Fundamentalmente porque el régimen habló mucho de instituciones. De ahí la reforma constitucional, que derivó en una especie de Constitución híbrida en la que se reafirma el poder del Partido Comunista, pero al mismo tiempo tratan de vender la imagen de que reconocen ciertos derechos y ciertas libertades. En los hechos no las reconocen. El Estado se mantiene por encima de la ley, siguen violando la Constitución.

-Desde hace años parece haber cierto reconocimiento del régimen de la necesidad de la empresa privada. Pero siempre van y vienen, nunca se deciden. ¿Los frena la ideología?

-Yo creo que no es tanto la ideología. El gobierno tiene la intuición básica de que si se abren, pierden el poder. En su momento tuvieron en mente un modelo como el chino, pero les dio miedo. Fidel Castro tuvo un miedo absoluto. También hay diferencias de estructura y de dimensiones. Lo interesante es que un sector dentro de la élite sí quiere lanzarse, quiere ir más allá.

-Con respecto a Estados Unidos, ¿qué política es mejor para Cuba? ¿El palo o la zanahoria? ¿El estilo recio de Donald Trump o el deshielo de Barack Obama?

-Yo prefiero la zanahoria. Porque el palo, el gobierno cubano lo asume como una zanahoria, como un alivio. Porque permite fortalecer a la élite dura, al sector que no quiere cambios, al que dice "con los Estados Unidos, nada, con el exterior, nada, la democracia es un invento de los norteamericanos para destruir las esencias del proyecto nacional cubano". Y eso está pasando con Trump. Él apretó el embargo y ofreció al gobierno cubano el alivio que necesitaba para mantener y justificar sus políticas. La nueva situación con Trump favorece a los halcones de los dos lados... Solo les falta un teléfono rojo para saludarse.

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