
Más de 15 años de tensión con la Argentina
Del Plan Cóndor a las Malvinas
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No se explica sólo con una cronología la tensa relación entre argentinos y chilenos durante la dictadura de Augusto Pinochet. Nacionalismos exacerbados, presiones internas, desconfianzas y necesidades mutuas moldearon los lazos bilaterales durante los años del dictador chileno en el poder.
La Argentina y Chile a punto estuvieron de declararse la guerra en aquellos años sin ley. Aun con las similitudes que mantenían su régimen de facto y el Proceso argentino, Pinochet nunca sintonizó demasiado con los gobernantes argentinos.
Su apoyo a Gran Bretaña durante la Guerra de las Malvinas, el conflicto por la soberanía sobre algunas islas del canal de Beagle, la mediación del papa Juan Pablo II para evitar un conflicto bélico, la coordinación entre los departamentos nacionales de Inteligencia y el apoyo de Raúl Alfonsín a la democratización de Chile resultaron, en definitiva, los hitos de la conexión argentino-chilena durante el régimen pinochetista.
El dictador chileno asumió el poder cuando Raúl Lastiri presidía la Argentina. Si bien Pinochet expresó sus deseos de "mantener relaciones de amistad con el gobierno argentino", Lastiri reaccionó con un decreto que declaró el duelo nacional por la muerte de Salvador Allende, el presidente derrocado en Chile.
También Juan Domingo Perón cuestionó la irrupción de Pinochet. Mientras esperaba reasumir el poder en la Argentina, advirtió que el golpe representaba "una tragedia para el continente".
Por aquellos tiempos, Lastiri había firmado un acta de soberanía argentina sobre la Antártida, hecho que había tensado la relación.
A pesar de ello, durante los primeros tiempos del gobierno de Pinochet argentinos y chilenos establecieron un pacto de colaboración entre sus respectivas fuerzas de inteligencia para actuar contra la subversión. Aquello se conoció como el Plan Cóndor y se mantuvo con la asunción de Videla como presidente de facto argentino.
En 1978, sin embargo, la relación se enturbió. Fuertes presiones de los grupos más nacionalistas de la Argentina y de Chile llevaron el conflicto por la soberanía sobre unas islas ubicadas en el canal de Beagle -Lennox, Picton y Nueva- al borde de la guerra. Ambos países se sometieron al laudo de Gran Bretaña, que falló en favor de Chile. La Argentina declaró nula dicha resolución.
El conflicto creció a tal punto que la Argentina comenzó a realizar maniobras militares y simulacros de guerra en el Sur. Chile también efectuó prácticas militares en la frontera. Finalmente, Pinochet y Videla acordaron que se someterían a la mediación del Papa.
Juan Pablo II envió a monseñor Antonio Samoré y ambos países acordaron cesar con las hipótesis de guerra y aceptar el fallo del Pontífice. Pero el Vaticano volvió a dar la razón a Chile y la Argentina, otra vez, desconoció el fallo. Ya Roberto Viola había reemplazado a Videla.
En esas condiciones, con la tensión al límite, llegó la Guerra de las Malvinas. Chile, públicamente, dijo que "guardaría las espaldas argentinas". Más tarde se supo de la colaboración del gobierno de Pinochet con el de Margaret Thatcher.
Desde entonces, Pinochet nunca pudo recomponer su relación con la Argentina. Raúl Alfonsín, en 1983, lo puso en evidencia: en su agenda bilateral figuraban la violación de los derechos humanos en Chile, la posición pro británica del régimen pinochetista y el diferendo no solucionado en el canal de Beagle. Otra visión.
Alfonsín recibió varias veces a la oposición a Pinochet y hasta trascendió que, en 1985, había debatido sobre la democratización de Chile con el ex presidente norteamericano Ronald Reagan. Fue el último hito de una relación tensa.





