Mataron al enviado de la ONU en Irak
Sergio Vieira de Mello y otras 16 personas murieron en un ataque suicida contra las oficinas de la organización en Bagdad
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BAGDAD.- Un terrorista suicida detonó ayer un camión repleto de explosivos frente al hotel donde funciona la sede de las Naciones Unidas, en Irak, y causó la muerte de 17 personas, entre ellas el enviado especial de la ONU, Sergio Vieira de Mello. El atentado, que por el número de muertos es el más grave contra la organización internacional en toda su historia, generó profunda consternación y repudio en todo el mundo.
El diplomático brasileño, de 55 años, que se desempeñaba como delegado en Irak del secretario general de la organización, Kofi Annan, y ocupaba además el cargo de Alto Comisionado de Derechos Humanos, fue hallado bajo una montaña de escombros. Estaba reunido en su oficina del Hotel Canal con otros funcionarios extranjeros cuando se produjo la terrible explosión debajo de su ventana. Fuentes de la ONU afirmaron anoche que, aparentemente, era el blanco del ataque.
En medio de la desesperación, decenas de personas, muchas de ellas con las ropas ensangrentadas, comenzaron a retirar manualmente los escombros, intentando localizar a las víctimas atrapadas. En el lugar de la explosión quedó un hoyo de 15 metros de diámetro, dijeron testigos.
De Mello fue hallado por los equipos de rescate, pero no logró sobrevivir a las heridas (ver aparte). Otro de los funcionarios internacionales que se encontraban en el lugar, Benon Sevan, director de la oficina de la ONU en Irak y supervisor del programa Petróleo por Alimentos, fue rescatado ileso.
Entre las víctimas, la mayoría funcionarios extranjeros y algunos iraquíes, se encontraba, además, el coordinador de Unicef en Irak, Christopher Klein-Beekman, un canadiense de 32 años.
Más de un centenar de personas fue evacuado del hotel en camillas, mientras un grupo de unos 40 heridos quedaron tendidos en un jardín frente al edificio recibiendo primeros auxilios. La explosión destruyó ventanas en un radio de 1,5 kilómetro.
Un joven iraquí, de nombre Mohammed Ali, dijo tras el ataque: "Estamos contentos porque los infieles han sido golpeados".
Decenas de vehículos todoterreno acudieron al lugar y por lo menos dos helicópteros norteamericanos Black Hawk sobrevolaron la zona. Pedazos de metal retorcidos salían de los escombros y una densa columna de humo negro se elevaba sobre el lugar.
El Hotel Canal funciona actualmente más como edificio de oficinas que como hotel, y su cafetería era un punto de encuentro para los trabajadores de ayuda humanitaria y los periodistas.
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, envió en un mensaje televisado las condolencias de su país al pueblo iraquí y advirtió que "los terroristas no decidirán el futuro de Irak". Bush, que está de vacaciones en Texas y se encontraba jugando al golf cuando estalló la bomba, destacó que, a pesar de todo, "Irak está en el camino de su autogobierno" y que los terroristas "no prevalecerán".
El atentado se produjo poco después de que en la Casa Blanca se recibió con satisfacción la noticia de la captura de Taha Yassin Ramadan, vicepresidente del ex gobierno de Saddam.
Poco después de anunciar la captura de Ramadan, el jefe de la Autoridad Provisional de la Coalición anglo-norteamericana, Paul Bremer, debió salir a recorrer la zona del atentado y aclaró que el hecho no paralizará las actividades de reconstrucción.
Por su parte, el vocero de la ONU en Nueva York, Fred Eckhard, dijo anoche que no se habían recibido amenazas contra las Naciones Unidas y que ningún grupo extremista se había atribuido hasta el momento la autoría del atentado. Pese a ello, el Consejo de Seguridad no tardó en considerar el hecho como "un ataque terrorista" y funcionarios norteamericanos apuntaron a la organización terrorista Ansar al-Islam, vinculada con Al-Qaeda.
Kofi Annan, que se encontraba de vacaciones, decidió cancelar su descanso y regresar hoy a Nueva York, según Eckhard, quien agregó que lo ocurrido "no sólo es una tragedia personal, sino también un revés político para la misión de la ONU".
Heridos
"No puedo moverme. No tengo sensación en las piernas. Decenas de personas que conozco siguen bajo los escombros", dijo Majid Al-Hamaidi, de 43 años y conductor del Banco Mundial.
Alice Yacoub, una empleada de la ONU, contó: "Estaba sentada en la cafetería cuando oí la explosión. Nos cayó encima de todo. No puedo encontrar a mis colegas y estoy preocupada".
Cerca de trescientos empleados de las Naciones Unidas trabajan actualmente en Irak, pero no todos se encontraban en las oficinas del hotel, sino que muchos estaban destacados en otras ciudades. Según el último parte de la ONU, anoche, entre las víctimas había dos filipinos, un norteamericano, un egipcio, una canadiense y una británica.
Se cree que por lo menos una decena de los fallecidos serían funcionarios de la ONU, que por primera vez fue blanco de un ataque en Bagdad, donde el 7 de este mes otra explosión causó diecisiete muertos en la embajada de Jordania.
El Hotel Canal, en el centro de la capital, ha albergado a numerosas agencias de la ONU y a sus empleados por más de una década. Antes de la guerra era el sitio de residencia de los inspectores de armas que abandonaron el país días antes de que Estados Unidos y el Reino Unido emprendieran la invasión, el pasado 20 de marzo.
El sello de terroristas extranjeros
BAGDAD (AP).- La metodología de los recientes atentados contra la embajada de Jordania y el edificio de la ONU en Bagdad, sumados a los sabotajes contra redes de petróleo y agua, indicarían que grupos terroristas extranjeros, como Al-Qaeda, están operando dentro de Irak.
Expertos afirmaron ayer que, si se analizan los blancos y la metodología de los últimos ataques, todo parece indicar que los autores serían grupos militantes islámicos que buscan crear caos y arruinar los esfuerzos de reconstrucción en Irak.
El primer grupo señalado como posible responsable de los últimos atentados es Ansar al-Islam. Esta organización terrorista, vinculada con la red Al-Qaeda de Osama ben Laden, fue expulsada del territorio iraquí a principios de la guerra, en marzo último, y los miembros que sobrevivieron se refugiaron en Irán, desde donde estarían volviendo a infiltrarse lentamente.
El atentado que sacudió la embajada jordana hace casi dos semanas y el de ayer contra la sede de la ONU tienen la marca de Al-Qaeda: ataques suicidas de gran impacto. En cambio, los ataques de militantes de la resistencia iraquíes leales a Saddam Hussein y otras guerrillas locales han tenido un alcance mucho menor y no han involucrado kamizakes. "El segundo atentado con coche bomba en menos de dos semanas sugiere que hay extranjeros involucrados", dijo el analista Jon Alterman, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.
Los iraquíes debieron soportar también ataques que dejaron sin agua a Bagdad o contra un oleoducto utilizado para exportar petróleo a Turquía.
Una cinta de audio difundida poco antes del ataque de ayer a la sede de la ONU, que provendría de un militante de Al-Qaeda, instaba a los musulmanes de todo el mundo a viajar a Irak para combatir contra las fuerzas de ocupación lideradas por Estados Unidos.

