
México sufre con Fox una grave parálisis política
MEXICO DF.- En comparación con la mayoría de los países de América latina, México está relativamente bien: no ha sufrido un colapso económico, los expertos pronostican una recuperación de la economía en 2003, y el presidente, Vicente Fox, ha logrado evitar que su popularidad caiga a los deprimentes niveles de gran parte de sus colegas en la región.
Para alguien que, como es mi caso, visita a México después de un viaje a la Argentina y acaba de entrevistar a numerosos políticos de Uruguay, Bolivia, Perú y Brasil, el país parece relativamente estable. A diferencia de sus vecinos, México goza de un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos, y parece haber un consenso social básico en la conveniencia de participar activamente en la economía global.
Con todo, las cosas no andan bien aquí. Dos años después de la histórica victoria electoral de Fox, que terminó con siete décadas de autoritarismo, México está sufriendo un severo caso de parálisis política.
Congreso opositor
El Congreso, dominado por la oposición, está aniquilando las principales iniciativas de Fox. Los principales legisladores del propio partido gubernamental, Acción Nacional, están socavando a Fox con críticas abiertas a su gestión. Y el gabinete presidencial está tan dividido que sus miembros se insultan en público. En entrevistas separadas con media docena de altos funcionarios del entorno de Fox, me quedé con la impresión de que varios de ellos están cansados de sus cargos después de 20 meses de gobierno.
La peleas internas del gabinete subieron de tono recientemente, cuando el secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, rebatió las declaraciones de otro ministro sobre lo que se había dicho en una reunión en el palacio presidencial, diciendo que su colega debía estar sufriendo del mal de Alzheimer.
Los mexicanos bromean con que Fox tiene un "gabinete Montessori", en el que -al igual que en las escuelas que llevan ese nombre- cada uno hace lo que quiere. La broma salió en los periódicos tantas veces, que los directivos de la escuela Montessori se vieron en la necesidad de llamar a una conferencia de prensa para desmentir que toleran la anarquía en sus aulas.
Ya fuere por el bloqueo del Congreso o por su propia incompetencia, lo cierto es que Fox no ha podido aprobar ni la reforma fiscal, ni la laboral, ni la energética, que eran sus principales proyectos de campaña. Y su mayor proyecto de obra pública -un nuevo aeropuerto internacional de 2300 millones de dólares en Texcoco, al este de la capital- parece condenado a muerte, después de que tres comunidades de campesinos bloquearon las rutas y tomaron rehenes, amenazando con más violencia a menos que se aborte el plan.
Los campesinos, apoyados por simpatizantes de la guerrilla zapatista y grupos globafóbicos, soltaron a sus rehenes después de que el gobierno accedió a liberar a dos de sus líderes. Pero eso, a su vez, levantó una ola de críticas porque el gobierno sentó un pésimo precedente que podría incitar a otros grupos disconformes a acudir a la violencia para obtener sus reclamos.
El apoyo que le queda
Las esperanzas del gobierno se centran en la reserva de popularidad de Fox. Aunque ésta cayó de casi el 70% el año pasado al 45% actualmente, sigue siendo muy superior al 16% del presidente Eduardo Duhalde, al 20% de Fernando Henrique Cardoso, al 10% de Alejandro Toledo y al 9% de Andrés Pastrana, según un reciente sondeo de Cima-Iberoamérica.
Sin embargo, uno no puede dejar de pensar que algo anda mal cuando la propia propaganda gubernamental señala como uno de los máximos logros de Fox el hecho de que no haya habido un colapso económico. Leyendo una revista de historietas que acaba de sacar el gobierno, y producida por una empresa de nombre Ka-boom, me llamó la atención que el primero de los méritos atribuidos al presidente es haber evitado una debacle financiera como las que se produjeron en los años 1976, 1982, 1987 y 1995.
¿Mi conclusión? Lo de México no es un desastre político ni económico. Más bien, es una crisis de oportunidades perdidas y de expectativas defraudadas. Fox todavía puede hacer un buen gobierno si logra imponer la disciplina en su gabinete y consigue la adhesión de su propio partido, lo cual -comparado con los problemas de otros países- no son metas tan difíciles de lograr.
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