Mi secuestro en Siria: 12 horas de incertidumbre, frío y angustia

Témoris Grecko
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3 de febrero de 2013  

ALEPPO.-El barrio de Izaa es una colina desde la que se puede vigilar y atacar buena parte de la ciudad de Aleppo, en Siria.

En la mañana del 22 de enero pasado, Balint Szlanko, un documentalista húngaro; el fotógrafo español Andoni Lubaki y yo decidimos ir a Izaa a constatar el resultado de los combates de la noche anterior. Habíamos estado varias veces allí y conocíamos al comandante de la katiba (unidad militar). Lo considerábamos un lugar seguro.

Nos sentíamos confiados, además, porque íbamos en grupo, en una camioneta, con un guardia armado y un traductor sirio. Pero eso no fue suficiente. Cuando nos estacionamos, nos asaltó una docena de encapuchados con rifles AK-47. No era ficción, nos estaba pasando, venían por nosotros. "¡Yala, yala!", (vamos, vamos) aullaron para hacernos bajar. "¡Los vamos a matar!".

A Balint, al traductor, Aref, y a mí nos subieron al mismo vehículo. Al joven sirio le daban manotazos y lo acusaban de pertenecer a Liwa alTawheed, una de las brigadas más importantes del Ejército Sirio Libre (ESL), que lucha contra el régimen del presidente sirio Bashar al-Assad.

Eso nos hizo pensar que no se trataba de miembros del ESL. Sería muy mala noticia que fueran islamistas ligados a Al-Qaeda o "shabiha", matones al servicio del régimen, porque de lo poco que se sabe de otros periodistas que han caído en sus manos, o es espantoso o es nada.

El Kalashnikov volvió a golpear mi nuca. "¡Yala, yala!" , nos gritaban los tipos detrás de nosotros. Nos bajaron a empujones: el frío del invierno sirio me entró por la espalda, por el cuello, por los pies desnudos sobre el suelo irregular.

Sólo escuché que armaban los fusiles. Secuestrar a tres periodistas extranjeros puede convertirse en un enorme problema del que es mejor deshacerse cuanto antes. Llegamos hasta un edificio público en el que había personas frente a las que nos hicieron marchar en fila, esposados y vendados de los ojos. En el sótano, de pie frente a la pared, nos quitaron todas nuestras pertenencias.

Después nos hicieron entrar en un salón sin mobiliario. Sólo había unas mantas sobre el suelo, una botella de plástico y un ejemplar del Corán. No obstante, los captores no eran islamistas, no se escuchaban los actos típicos de los militantes devotos, ni eran "shabihas", pues en los ocho minutos de traslado no se sale de la zona "liberada".

El hecho de que tuviera el control de un edificio público cuyo sótano se utilizaba como centro de detención donde había más prisioneros, indicaba que no se trataba de un grupo al margen del ESL. Era una de sus milicias. ¿Cuál? Hay una miríada y varias de ellas están enfrentadas entre sí. El ESL es un paraguas que cobija a grupos con intereses que no son necesariamente compatibles.

Un grupo distinto de hombres armados nos sacó en medio de la noche, después de tenernos cautivos durante 12 horas. Acaso nos iban a permitir hablar con un jefe que nos explicara cuál era nuestra situación: ¿Secuestrados? ¿Sospechosos? No sería así. Al salir del vehículo, permanecimos de pie, con los ojos cubiertos, en el frío, descalzos. Tuve la sospecha de que se trataba de una ejecución. Ya nos habían quitado todo, éramos un problema para ellos y tenían que eliminarlo.

Escuché que se marchaban. Sin poder creerlo, nos atrevimos a mirar. Despojados pero libres. Conseguimos llegar a un cuartel del ESL. Era de Liwa al Tawheed, la milicia por la que golpeaban al traductor sirio. Tanto a éste como al guardia armado que nos acompañaba los habían dejado ir, nos informaron. No se sabe por qué.

Entre varias, la hipótesis más plausible es que nos atrapó la lucha por el poder entre facciones del ESL. Un enfrentamiento en marcha mientras los aviones de Al-Assad continúan bombardeando ciudades y pueblos. Como ha ocurrido tantas veces en la historia, la revolución se come a sus hijos. Y a los de otros.ß

El barrio de Izaa es una colina desde la que se puede vigilar y atacar buena parte de la ciudad de Aleppo, en Siria.

En la mañana del 22 de enero pasado, Balint Szlanko, un documentalista húngaro; el fotógrafo español Andoni Lubaki y yo decidimos ir a Izaa a constatar el resultado de los combates de la noche anterior.

Habíamos estado varias veces allí y conocíamos al comandante de la katiba (unidad militar). Lo considerábamos un lugar seguro.

Nos sentíamos confiados, además, porque íbamos en grupo, en una camioneta, con un guardia armado y un traductor sirio. Pero, en esta Siria en guerra desde hace casi dos años, donde manda el caos y todos luchan contra todos, eso no fue suficiente.

Cuando estacionamos el auto, una docena de encapuchados con rifles AK-47 se nos vino encima. No era ficción, nos estaba pasando, venían por nosotros. "¡ Yala, yala !", (vamos, vamos) aullaron para hacernos bajar. "¡Los vamos a matar!"

A Balint; al traductor, Aref, y a mí nos subieron al mismo vehículo. Al joven sirio le daban manotazos y lo acusaban de pertenecer a Liwa alTawheed, una de las brigadas más importantes del Ejército Sirio Libre (ESL), que lucha contra el régimen del presidente Bashar al-Assad.

Eso nos hizo pensar que no se trataba de miembros del ESL. Hubiese sido una muy mala noticia que fueran islamistas ligados a Al-Qaeda o " shabiha ", matones al servicio del régimen: otros periodistas cayeron ya en sus manos y lo que se sabe de ellos es o bien nada o bien espantoso.

El Kalashnikov volvió a golpear mi nuca. "¡ Yala, yala !", nos gritaban los tipos detrás de nosotros. "¡Zapatos, zapatos!", exigían. Con los ojos vendados, hacíamos lo posible por quitárnoslos rápido. "¡ Yalaaa !", insistía el hombre, encajándome el cañón del rifle detrás de la oreja.

Nos bajaron a empujones: el frío del invierno sirio me entró por la espalda, por el cuello, por los pies desnudos sobre el suelo irregular.

Sólo escuché que armaban sus fusiles. Secuestrar a tres periodistas extranjeros puede convertirse en un enorme problema del que es mejor deshacerse cuanto antes.

Llegamos hasta un edificio público en el que había personas frente a las que nos hicieron marchar en fila, esposados y con los ojos vendados. En el sótano, de pie frente a la pared, nos quitaron todas nuestras pertenencias.

Después nos hicieron entrar en un salón sin mobiliario. Sólo había unas mantas sobre el suelo, una botella de plástico y un ejemplar del Corán.

Sin embargo, los captores no eran islamistas, no se escuchaban los actos típicos de los militantes devotos, ni eran " shabihas ", pues en los ocho minutos que duró el traslado no se sale de la zona "liberada" de Aleppo.

El hecho de que tuvieran el control de un edificio público cuyo sótano se utilizaba como centro de detención, en el que había más prisioneros, indicaba que no se trataba de un grupo al margen del ESL. Nuestros captores pertenecían a una de sus milicias.

¿Cuál? Hay una miríada y varias de ellas están enfrentadas entre sí. El ESL es un paraguas que cobija a grupos con intereses que no son necesariamente compatibles.

Después de tenernos cautivos durante 12 horas, un grupo distinto de hombres armados nos sacó en medio de la noche. ¿Acaso nos iban a permitir hablar con un jefe que nos explicara cuál era nuestra situación? ¿Secuestrados? ¿Sospechosos?

No sería así. Al salir del vehículo, permanecimos de pie, con los ojos cubiertos, en el frío, descalzos. Tuve la sospecha de que lo que seguía era nuestra ejecución. Ya nos habían quitado todo, éramos un problema para ellos y tenían que eliminarlo.

Pero escuché que se marchaban. Sin poder creerlo, nos atrevimos a mirar. Despojados, pero libres.

Entonces conseguimos llegar a un cuartel del ESL. Era de Liwa al-Tawheed, la milicia por la que golpeaban al traductor sirio. Tanto a éste como al guardia armado que nos acompañaba los habían dejado ir, nos informaron. No se sabe por qué.

Entre varias, la hipótesis más plausible es que nos atrapó la lucha por el poder entre facciones del ESL. Un enfrentamiento en marcha mientras los aviones de Al-Assad continúan bombardeando ciudades y pueblos. Como ha ocurrido tantas veces en la historia, la revolución se come a sus hijos. Y a los de otros.

LUZ VERDE A ATAQUES ISRAELÍES

Estados Unidos dio a Israel luz verde para realizar más ataques en Siria, informó el diario británico The Times y la prensa israelí ayer. Washington está dispuesto a habilirar ese tipo de incursiones en la región de Aleppo, en el norte de Siria, si los insurgentes que luchan contra el régimen del presidente Bashar al-Assad intentan apoderarse de las armas de destrucción masiva.

En una acción que aún no fue confirmada, Israel lazó un ataque aéreo sobre Siria el miércoles pasado. Damasco e Irán responsabilizaron a Israel del ataque contra un centro de investigación cerca de Damasco y amenazaron con represalias. En el bombardeo murieron dos personas.

En una acción que aún no fue confirmada, Israel lazó un ataque aéreo sobre Siria el miércoles pasado. Damasco e Irán responsabilizaron a Israel del ataque contra un centro de investigación cerca de Damasco y amenazaron con represalias. En el bombardeo murieron dos personas.

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