Molenbeek, el nido islamista de Bruselas convertido en un imán para los turistas
El barrio de la capital atrae visitantes por sus vínculos con el extremismo y la cultura
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BRUSELAS.- Molenbeek, el suburbio de Bruselas que se hizo tristemente conocido el año pasado cuando militantes de Estado Islámico (EI) provenientes de ese barrio atacaron París, se ha convertido en un impensado imán para los turistas, y no sólo para aquellos con gusto por lo macabro.
Si bien el número de turistas que recibe Bruselas cayó tras el baño de sangre en Francia y los atentados de marzo en la propia Bruselas, los guías turísticos señalan el creciente interés por ese barrio olvidado y su legado industrial, que en el pasado le valió a Molenbeek el apodo de "Pequeña Manchester".
"Desde los atentados, observamos gran curiosidad por Molenbeek, tanto de los turistas belgas como de los extranjeros", dice Corentin Descamps, asesora de una agencia de turismo de Bruselas.
Molenbeek es un distrito de unos 95.000 habitantes, en un 40% musulmanes y de origen mayormente marroquí, que se extiende del otro lado de un canal donde otrora se alineaban los galpones y depósitos, y que lo separa del centro histórico de Bruselas, donde se encuentran las atracciones turísticas más tradicionales, la Grand-Place renacentista, las cervecerías, las chocolaterías y las galerías de arte.
Relegado hace tiempo por los bruselenses, Molenbeek llegó a la tapa de los diarios en noviembre pasado, cuando algunos de sus habitantes vinculados con Siria tomaron parte de los atentados que dejaron 130 muertos en París.
Más tarde, en marzo, y tras pasar cuatro meses oculto en Molenbeek, el crucial fugitivo Salah Abdelsam fue capturado a pocas cuadras de su hogar familiar, y terroristas suicidas atacaron con explosivos el aeropuerto y el subte de Bruselas.
Algunos de los nuevos visitantes interesados por el barrio sí tienen gusto por lo macabro y piden ver los lugares asociados a los atentados de EI, según comenta el guía turístico Alan Debaecke, que evita satisfacer esa curiosidad malsana.
Muchos tours incluyen la elegante alcaldía de Molenbeek y su bella plaza, donde funciona una activa feria dos veces por semana y donde también se encuentra el departamento donde creció Abdelsam junto a su hermano mayor, uno de los terroristas suicidas de los atentados de París.
Debaecke dice que a la mayoría de los turistas les gusta que los lleven a recorrer un barrio bullicioso donde los proyectos de regeneración urbana no sólo atraen a los ricos que buscan un loft, sino que también están ayudando a mejorar las vidas de los vecinos de uno de los distritos más pobres de Bélgica.
"Se asombran al comprobar que la imagen real de esta zona es totalmente distinta de lo que muestran los medios", dice Debaecke. "Se dan cuenta de que la mayoría de los vecinos son gente como cualquiera."
Los datos oficiales hablan de una caída del turismo en Bruselas desde noviembre. Pero las autoridades recalcan que para la mayoría de los turistas Molenbeek sigue siendo un destino marginal.
Sin embargo, las cifras también aumentaron debido a la inauguración de nuevas atracciones en la zona, como el Museo de las Artes Iconoclastas del Milenio (MIMA), en las centenarias instalaciones de la cervecera Belle-Vue, sobre el canal, y por el interés que despierta este antiguo centro internacional de las artes y los oficios.
"La gente que nos trajo a dedo hasta Bruselas nos habló de lo peligroso que era Molenbeek", dice Jacob, un joven sueco, tras una visita organizada por la organización Brussels Greeters. "Pero nos dimos cuenta de que no es así."
Algunos vecinos están molestos por la atención mundial que concitó su barrio y por el discurso que describe la zona como "caldo de cultivo" del jihadismo.
Todos los días, mientras espera el colectivo para ir a su trabajo en una fábrica de chocolate, Rachid suele ver gente parada mirando la casa donde arrestaron a Abdelsam. "La cosa sigue y nunca va a terminar", dice Rachid en referencia a esa atención no buscada. "Deberían olvidarse del asunto. Ya pasó."
El turismo cae en Francia por el terrorismo
- El turismo extranjero cayó un 7% en Francia desde enero pasado, mientras 2016 fue un mal año para el sector a causa del terrorismo, la crisis económica en países como Rusia y Brasil, el mal tiempo y las huelgas.
- El ministro de Asuntos Exteriores, Jean Marc Ayrault, brindó ayer los datos y anunció que a inicios del mes próximo convocará a un nuevo comité de urgencia turística "consagrado a los destinos más afectados" por la merma de visitantes.
- Ayrault atribuyó la caída en gran parte a los atentados terroristas que sufrió el país y el estado de emergencia declarado por el gobierno, que hizo desistir a muchos viajeros, en particular quienes optan por los hoteles de lujo.
Traducción de Jaime Arrambide
M. Haase Coelho y M. Jacob
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