
Murió la emperatriz Nagako, figura emblemática del Japón
La viuda de Hirohito fue testigo de excepción en la historia nipona
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TOKIO.- La muerte de la emperatriz Nagako, viuda del emperador Hirohito y la más longeva de las que ocuparon el trono de Japón, cerró ayer la era Showa (1926-1989), un período de cambios drásticos en el que el pueblo nipón tuvo que aceptar la pérdida del carácter divino de sus emperadores.
La madre del actual emperador, Akihito, falleció ayer, a los 97 años, en una clínica de la residencia real de Tokio "como consecuencia de su avanzada edad", según anunció el jefe de la agencia imperial, Sadame Kamakura.
Diez horas antes, Nagako había entrado en estado de coma luego de comenzar a respirar con dificultad y cuando su presión sanguínea bajó considerablemente. En ese momento, su hijo, el emperador, estaba junto a ella.
Cientos de personas se acercaron ayer a las inmediaciones del Palacio Imperial para presentar sus respetos a una protagonista y testigo de excepción de más de 60 años de la historia de Japón, desde que el país padeció la destrucción de la Segunda Guerra Mundial hasta que se recuperó para ser hoy día una de las potencias más ricas del mundo.
Menuda, frecuentemente vestida con el tradicional kimono, Nagako permanecía siempre a una cierta distancia detrás de su esposo, el último "dios vivo" del país del Sol Naciente.
La presión del hijo varón
Nacida en Tokio el 6 de marzo de 1903 en una familia principesca, Nagako vio por primera vez a Hirohito cuando tenía cuatro años, en el jardín de infantes.
Tenía 15 años cuando las familias acordaron el compromiso matrimonial, y hasta el día de la boda sólo vio a su prometido nueve veces. Nagako pasó los seis años que separaron ambos acontecimientos aprendiendo todo lo que una emperatriz debe saber: la ceremonia del té, la caligrafía y los clásicos de la literatura japonesa y china.
Prevista para 1923, la boda debió ser postergada un año a raíz del violento terremoto que asoló Japón y que causó 140.000 muertos.
La joven se vio sometida después a una fuerte presión de la familia imperial cuando tuvo sucesivamente cuatro hijas, dado que sólo los hombres pueden heredar el trono imperial japonés. Hirohito, no obstante, no aceptó tomar una amante para que le diese un hijo que asegurara la continuación de la dinastía más antigua del mundo, tal como lo hacían los emperadores previos.
Finalmente, la emperatriz dio a Hirohito dos hijos varones, uno de los cuales ocupa actualmente el Trono de los Crisantemos. El heredero, Akihito, nació en 1933. "Su nacimiento fue el acontecimiento más importante de mi vida", declararía tiempo después la emperatriz.
El otro momento decisivo de su vida fue la derrota de Japón, que marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial, en agosto de 1945. Cuatro meses después, Hirohito hizo un anuncio que causó conmoción en la población: admitió que era un común mortal. Estados Unidos, país vencedor, había decidido mantener la figura del emperador, aunque retirándole su carácter sagrado y limitando sus atribuciones a cumplir una función simbólica.
Cuando murió el soberano, en 1989, Nagako relató el momento en el cual el marido se presentó ante ella, tras el anuncio al pueblo. "¿Me encuentras cambiado?", le preguntó él. Y ella respondió con un simple "no".
Convertida en esposa de un hombre común, Nagako ganó entonces una cierta influencia. Por ejemplo, al dar su primera conferencia de prensa, en 1947, exhortó a las mujeres japonesas a tomar el destino "en sus propias manos" para reconstruir el país, devastado por la guerra.
"To-en"
Se decía que Nagako tenía un gran sentido del humor. Una vez le preguntó a un chambelán: "Me gustaría visitar muchos lugares y caminar libremente por las calles. ¿Sería posible si me disfrazo de pies a cabeza?" La emperatriz nunca pudo realizar ese sueño. Sólo viajó fuera del país dos veces, junto con su marido; una para visitar Europa, en 1971, y otra para conocer Estados Unidos, cuatro años más tarde. Durante su paso por Inglaterra le regaló a la reina Isabel II un cuadro que ella misma pintó con la tradicional técnica japonesa y bajo el seudónimo "To-en" (Jardín de los Duraznos).
A pesar de que se amoldó a importantes cambios históricos, Nagako no soportó otros, como la decisión de Akihito de casarse con una plebeya, Michiko Soda, que se convirtió en su sucesora el 12 de noviembre de 1990.
Los últimos años de su vida transcurrieron de forma apacible en el palacio de Fukiage, alejada de cualquier acto oficial desde abril de 1989. Su funeral, con rito sintoísta, se celebrará dentro de seis semanas -después de la cumbre del G8-, y sus restos reposarán en el Mausoleo Imperial de Musashino junto a los de Hirohito, el último "dios vivo".
