Netanyahu se salió con la suya y ya empezó a formar gobierno

Cuando muchos lo daban por perdido, radicalizó su discurso y logró una cómoda victoria; tiene bancas suficientes para liderar una coalición de derecha
Beatriz Lecumberri
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19 de marzo de 2015  

JERUSALÉN.- En 1996, los sondeos dieron como ganador de las elecciones en Israel al laborista Shimon Peres, pero los resultados oficiales confirmaron horas después la elección como primer ministro del líder de la derecha Benjamin Netanyahu. Quince años después la historia se repite: las encuestas volvieron a equivocarse y muchos se precipitaron al dar por derrotado, incluso por muerto políticamente, a un primer ministro incombustible, provocador y carismático. Su partido, el Likud, consiguió una cómoda victoria de 30 escaños que le permitirá formar gobierno sin grandes dificultades gracias a una coalición con partidos de derecha.

Y las negociaciones ya empezaron ayer. Netanyahu se dirigió en primer lugar a Naftalí Bennett, líder de la formación nacionalista Hogar Judío, que consiguió ocho diputados. También tanteó a las formaciones religiosas, que suman 13 escaños, y a Israel Nuestra Casa, partido de derecha radical del polémico ministro de Exteriores, Avigdor Lieberman.

Más difícil resultará al primer ministro conseguir el apoyo de la formación de centroderecha Kulanu, de Moshe Kahlon, un ex miembro del Likud, que consiguió 10 diputados. Pero a Netanyahu le salen perfectamente las cuentas y en sus propias palabras en "dos o tres semanas" tendrá formado su gobierno.

¿Cómo pudo Netanyahu remontar en los sondeos y conseguir esta contundente victoria que lo fortalece políticamente? "El Likud ganó las elecciones convenciendo a más de 200.000 electores que iban a votar por partidos como Hogar Judío, Shas (religioso) o Kulanu, pero cambiaron su opinión en la última semana. Netanyahu empezó la campaña como líder del Likud y la terminó como un apéndice de la derecha nacionalista", respondió el diario Haaretz.

Durante la campaña, el primer ministro avivó los miedos de los israelíes. Miedo a Irán, a los árabes-israelíes, a la izquierda, a la actitud de Estados Unidos o a la falta de experiencia de su principal rival, Isaac Herzog, líder de la coalición de centroizquierda Unión Sionista.

"El miedo fue un componente fuerte del voto. La gran baza de Netanyahu es el poder de la experiencia y la gente teme a lo desconocido, a un primer ministro menos carismático y experimentado. Es decir, conocen los defectos de Netanyahu, pero creen en él para garantizar la seguridad de Israel", explica el analista israelí Mohammad Darawshe.

La campaña Cualquiera Menos Netanyahu, que pedía un cambio de gobierno y que concentró a más de 30.000 personas en Tel Aviv hace diez días, fue sólo un espejismo, y la coalición de centroizquierda Unión Sionista, presentada como la alternativa, consiguió sólo 24 escaños.

"No es un día fácil para nosotros ni para quienes creyeron en nosotros [?] Nada ha cambiado, seguiremos luchando por una sociedad más justa", declaró Isaac Herzog.

En este momento es casi imposible matemáticamente hablando que la Unión Sionista pueda formar gobierno, y la única vía de estar en el futuro ejecutivo sería unirse a la coalición de Netanyahu, una posibilidad que Herzog ha rechazado.

La gran pregunta tras la contienda electoral es qué importancia tendrá la paz con los palestinos en este futuro gobierno. En los últimos días, Netanyahu radicalizó su discurso y aseguro que mientras él sea primer ministro no habrá Estado palestino, Jerusalén no se dividirá y seguirá la expansión de los asentamientos en los territorios ocupados.

Las palabras del primer ministro le dieron excelentes resultados en las urnas, pero provocaron un claro disgusto en Estados Unidos, su principal aliado. Ayer, Washington mostró "su profunda preocupación ante el discurso que divide y margina a los ciudadanos árabes israelíes", en referencia a unas declaraciones de Netanyahu muy despectivas hacia este sector de la población israelí.

Además, la Casa Blanca subrayó que respalda desde hace más de 20 años la solución de dos Estados como única forma de resolver el conflicto.

Por su parte, los responsables palestinos creen que la victoria de Netanyahu los deja sin interlocutor en Israel y el presidente Mahmud Abbas recalcó que sólo podrá cooperar con un gobierno israelí que reconozca la solución de dos Estados

"La victoria de Netanyahu muestra el éxito de una campaña basada en la expansión de los asentamientos en los territorios ocupados, en el racismo y en la negación de los derechos humanos fundamentales del pueblo palestino", lamentó Saeb Erekat, jefe negociador palestino.

Pero Netanyahu es un animal político que puede perfectamente dar marcha atrás para fortalecerse en el poder.

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