
Ni la censura logra detener los chistes y burlas sobre Bush
Prohíben una tira sobre el mandatario
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NUEVA YORK.- "Una de las mejores cosas de los libros es que a veces traen fotos magníficas". "Comprendo el desarrollo de los pequeños negocios: yo era uno de ellos". "El liderazgo es alguien que une a la gente".
Seamos claros: en alguna medida, él se las busca. Si otro con la misma cara de reincidente crónico anduviera por el mundo destilando perlas similares, se vería acosado por burlas y abucheos.
Pero cuando a esas perlas se las denomina bushisms y la víctima de la parodia es George W. Bush, el líder de un Occidente bajo ataque desde el 11 de septiembre, el patriota que llora ante el himno y que amenaza a cada agresión islámica, hasta los viejos calaveras de la sátira -los ingleses- vacilan.
Así fue que, en Londres, la BACC, la comisión que controla los spots publicitarios televisivos, bajó la cimitarra de la censura sobre el dibujo animado promocional de la serie 2DTV, que se burla de políticos y celebridades (recientemente le tocó a David Beckham). En la tira, la red ITV pinta a Bush como a un idiota total.
"¡Pero para burlarse del presidente es necesario tener su consentimiento!", argumentaron, tronando, los censores. Y, en un arranque de equidad, agregaron: "Sería válido también para Osama".
"Y, ¿dónde lo encontraremos a Osama para que nos dé la autorización?", preguntó el productor de la tira, Giles Pilbrow.
Sin historias, el papel canta: están prohibidos aquellos spots que para provecho comercial utilizan a personas realmente existentes sin que ellas lo sepan y, peor aún, si las exponen a "la mofa pública".
El spot sobre Bush dura siete segundos exactos: el presidente recibe en la oficina oval un cassette de homenaje y, con la sonrisa sarcástica y ladeada que lo ha hecho famoso en todo el planeta, exclama: "¡Mi preferido, pongámoslo en la videograbadora!" Y luego, sin dudar, lo inserta en la tostadora.
La etiqueta de ignorante de buena familia pesa sobre el inquilino más importante de la Casa Blanca desde las primarias de 2000. Y la ficción se mezcla a menudo con la realidad. Durante la cumbre de la OTAN, hace dos semanas, Françoise Ducros, vocero del premier canadiense, Jean Chrétien, definió a Bush como "bobo". El martes, Chrétien le pidió la renuncia.
El embrollo londinense desencadenó tal alboroto que los censores de la BACC han dado señales de dar marcha atrás: "Quizás hemos estado demasiado duros". Dado que el video 2DTV promueve un programa satírico, "el sentido común debería evitar la aplicación literal de las reglas", indicaron.
La risa, cada vez más rara
Santas palabras. Quizás ahora veremos por TV los siete segundos más irreverentes del nuevo milenio norteamericano. Quizá se nos escapará una risotada. Hay quienes sienten esa necesidad. Si se excluye la válvula de desahogo de Internet, donde cada uno dice lo que quiere y donde pululan sitios en los que la cara de Bush aparece junto a la de docenas de fotogénicos chimpancés, la sátira cruda es una mercadería cada vez más rara en Estados Unidos.
Aparte de Lenny Bruce, los norteamericanos jamás brillaron por la ironía: mucho menos en períodos en que la patria está bajo amenaza. El verano pasado, los norteamericanos rechazaron ruidosamente al cantante inglés George Michael, que en el video "Shoot the dog" se había permitido burlarse del vínculo de hierro entre Bush y Tony Blair. (El tema no salió jamás en Estados Unidos.)
Bill Maher, ex conductor del programa "Políticamente incorrecto" y sin trabajo desde junio pasado, todavía sufre las consecuencias de una provocación que se le escapó el 12 de septiembre de 2000: "A los terroristas llámenlos como quieran menos cobardes; los cobardes somos nosotros, que lanzamos misiles Cruise desde dos mil millas".
En su libro, Maher se pregunta: "¿Dónde están los rebeldes?" Y se contesta a sí mismo: "Retirados, como yo". No, el tiempo de mostrar las garras de la risa no ha retornado desde la masacre de las Torres Gemelas.
Sin embargo, como a menudo sucede en los períodos de mordaza mediática, el original es mejor que cualquier imitación. Hace unos días, los cronistas de la Casa Blanca le preguntaron a Bush qué le había regalado a la primera dama para sus bodas de plata. El parpadeó con insistencia hasta que pudo guiñar un ojo. Los cronistas se rieron a carcajadas. Y después se las agarran con los dibujos animados.
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