Monica de Bolle: "La situación argentina es muy similar y muy diferente a la del resto de América Latina"

Camino a Santa Ana, Jujuy
Camino a Santa Ana, Jujuy Crédito: Mariana Eliano
Rafael Mathus Ruiz
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29 de mayo de 2019  

WASHINGTON.- Monica de Bolle dirige el programa de América Latina y mercados emergentes en la Universidad Johns Hopkins, es investigadora senior del Instituto Peterson de Economía Internacional, y trabajó para el Fondo Monetario Internacional ( FMI ). Brasileña, hizo su doctorado en Economía en la London School of Economics. De Bolle cree que la polarización de la región, a la que ve vulnerable, es terreno fértil para la irrupción de líderes populistas.

-¿Qué riesgos hay de que vuelva el populismo a la Argentina en los próximos años?

-Bueno, aún no sabemos exactamente qué va a pasar, pero creo que es justo decir que la transición con Mauricio Macri no ha sido tan buena como pensábamos que iba a ser. Por eso, ahora tenemos todas estas incertidumbres con respecto a lo que podría suceder en octubre con la posibilidad de volver a algún tipo de populismo. Lo que es realmente desafortunado, pero parece haber una especie de ciclo que siempre afecta a la región, ¿verdad? Siempre estamos pedaleando dentro y fuera del populismo constantemente. Algunos de nosotros más que otros, pero parece estar en la naturaleza de las cosas, por la razón que sea. Ahora, la situación en la Argentina es muy similar y muy diferente a la de otros países políticamente.

-¿En qué es similar y diferente?

-Es muy similar en el sentido de que obviamente está coqueteando con volver al populismo. Es diferente porque las personas que estarán en la boleta electoral en octubre son candidatos conocidos, a diferencia de lo que sucedió en Brasil o, incluso, uno puede decir en contra de lo que sucedió en México. En la Argentina ninguno de los candidatos puede realmente tener la etiqueta de forastero político porque todos han estado en política y todos han estado en política muy recientemente, incluso Roberto Lavagna porque fue ministro de Economía de Néstor Kirchner.

Fuente: LA NACION

-¿Por qué la región vuelve al mismo patrón?

-Es una combinación de varios factores. Por un lado, tenemos esta especie de memoria romántica, y creo que esto es muy particular para algunos países, tal vez no tanto para otros. En el caso de Chile no creo que lo que voy a decir se sostenga, pero sí en la Argentina y Brasil. Siempre hemos tenido esta visión romántica de los líderes populistas y siempre hemos regresado a lo que Perón representó en la Argentina y Getúlio Vargas en Brasil, ambos en los años 50. Estas personas se vuelven más grandes que la vida, y por cualquier razón, a veces por una muy válida, a veces simplemente porque está en nuestra naturaleza romantizar a los políticos porque eso es lo que hacemos. Hacemos todo muy personalista, y al hacerlo estamos abriendo el espacio para que surja un populista porque, si al final del día toda la política es personalista, y en América Latina muchas veces es así, eso es lo que necesita un populista para surgir. De lo contrario, si no hubiera personalismo en la política, eso sería muy difícil, pero nuestra región siempre ha sido así. Lo que es gracioso es que el resto del mundo está convergiendo hacia nosotros. Todo el mundo se está volviendo más personalista en su política, algo que siempre ha sido cierto para nosotros.

-¿Ve una dirección en América Latina? Ahora parece más complicado...

-Sí, creo que es más complicado. Lo que vimos a principios de 2000, y odio este nombre, pero lo que la gente comenzó a llamar "marea rosa", donde los países giraron un poco más hacia la izquierda, no todos, sino muchos ellos, no lo estamos viendo ahora. Lo que estamos viendo es un panorama político mucho más complicado. En el pasado, cada vez que hablamos de populismo, siempre asociamos el populismo con una especie de política económica de izquierda. Siempre fue un movimiento que venía de la izquierda. Lo que ha cambiado ahora es que vemos lugares como Brasil, por ejemplo, donde la marca del populismo no es de la izquierda, sino de derecha. Y tenemos lugares donde el populismo sigue siendo de izquierda, como México. Así que la región va un poco para todos lados. No hay una inclinación ideológica específica en el sentido típico de la derecha, izquierda que esté sucediendo en este momento. Es más complicado. La región se ha vuelto más polarizada y más fragmentada políticamente. Eso significa que es más propensa, aunque siempre ha sido muy propensa a esto, pero es más propensa incluso a que aparezcan estos extraños forasteros políticos, como lo que hemos visto en algunos lugares, ya sea de derecha o de izquierda, realmente no importa, que atraen porque se ven como una respuesta a cualquiera sea el temor o sensación de indignación más grande dentro de ese país. Puede ser la corrupción, el crimen, la violencia, la desigualdad y muchos otros factores. Quien sea más capaz de jugar con esos temores con una retórica populista desde la derecha o desde la izquierda tiene la mejor oportunidad de abrirse paso porque esos países están muy fragmentados y polarizados. Esa es la tendencia que estamos viendo. No es un giro a la derecha, no es un giro a la izquierda, es una especie de giro a todos lados que allana el camino para el populismo en cualquier forma que aparezca.

-En ese contexto, ¿cuál es el mayor desafío de cara a la próxima década?

-El mayor desafío es enfrentar este escenario en un contexto donde los países son muy débiles económicamente. En un extremo del espectro tenés países como la Argentina, que están en medio de una crisis. Luego tienes países como Brasil, que podrían decirse que Brasil también está en medio de una crisis, pero es completamente diferente de la crisis que enfrenta la Argentina. Pero en cualquier caso, la economía es realmente débil porque prácticamente no hay crecimiento, el desempleo es alto, los indicadores económicos son bastante malos. Y luego está México, que también se encuentra en una posición económica relativamente débil, no tan débil como Brasil, pero todavía débil, el crecimiento no se está acelerando. La gente realmente no espera que levante mucho, y las políticas que persigue el gobierno no parecen ayudar de ninguna manera porque los mercados se han vuelto más desconfiados de AMLO. Y luego, cuando miras a través de la región, tenés países como Bolivia y Paraguay que parecen estar muy bien, pero creo que eso se va a dar vuelta en algún momento y estas economías son demasiado pequeñas de todos modos como para impulsar a la región. Entonces, en general, cuando miras a América Latina, está en una posición de debilidad económica y entrando en este nivel de, llamémoslo, cacofonía política, porque eso es lo que es. Eso solo va a hacer que estas economías sean aún más débiles. En América Latina no funciona como en Estados Unidos donde podés tener una especie de, a falta de una palabra mejor, una especie de líder populista que crea mucha disfunción, crea mucha cacofonía, pero no descarrila la economía por completo. En nuestro caso, nuestras economías dependen completamente del buen funcionamiento político de nuestros países. Entonces, si nuestros sistemas políticos no están funcionando correctamente y están por todos lados, que creo es donde están ahora, las posibilidades de que estas economías funcionen mejor son mínimas, si es que existen. Y el escenario más probable es que la región continuará enfrentando un crecimiento extremadamente débil y desigualdad creciente, de nuevo.

-¿Y cuál sería el peor escenario?

-El peor escenario es uno donde, al final, tenés una ruptura política en la Argentina, dentro de una elección en la que el resulta es de no continuidad de las políticas actuales. Y la Argentina entra en su propia espiral de problemas. Al mismo tiempo Brasil descarrila, y en México, finalmente, la gente se cansa y los inversores empiezan a sacar su dinero. Eso sería particularmente malo. Entonces, en el peor de los casos, uno tiene el triple golpe de las cosas que van mal en Argentina, las cosas que van mal en Brasil y las cosas que van mal en México. Y lo más aterrador de este escenario es que no es muy improbable.

-Pensando en los años que vienen, ¿qué lecciones se pueden extraer de la última administración?

-Creo que hay dos. La primera no es específica de la Argentina, es muy general. Cuando has heredado una situación económica realmente terrible, tienes que ser muy realista sobre cuánto tiempo va a llevar resolverla. Y tienes que ser muy realista sobre el riesgo que vas a tomar. Eso implica no solo ser franco con la gente sobre lo que podría suceder en el camino, sino también tener algún tipo de plan B si las cosas van muy mal. Esto es para decir lo siguiente. La Argentina heredó desequilibrios realmente terribles. No era una opción que la Argentina tomara un camino en el que, en lugar de gradualismo, hiciera algo más severo que simplemente no podía sostenerse por varias razones, la más importante de las cuales es la política. Simplemente no funciona políticamente ese tipo de terapia de choque para resolver desequilibrios macroeconómicos. Siempre se iba a hacer con gradualismo. Pero creo que, aquí, la lección es que hay dos cosas que debes asegurarte que la gente entienda. La primera es que tienes que ser frontal con los riesgos. Es un primer mensaje que Macri quizá debería haber dicho muy claramente, y no lo hizo. La segunda lección, y creo que es válida para cualquier país, aunque es un tema específico de la Argentina, tiene que ver con el grado de dolarización de la economía. La lección es esta. Cuando intentas realmente solucionar los problemas de una economía que tiene tantos desequilibrios, está muy dolarizada y depende tanto de lo que pase externamente por las implicaciones para la inflación, que es lo que realmente socavará cualquier ajuste porque eso lo sienten directamente las personas y afecta sus bolsillos, no se puede hacer sin tener algún tipo de régimen en el que el tipo de cambio esté muy controlado. No significa que tenga que tener una paridad dura, pero sí que necesitas tener mucho margen de maniobra en términos de cómo actúas o cómo puedes actuar en el mercado de divisas. No puedes revertir la dolarización excesiva porque es algo cultural. La gente piensa en dólares, la gente ahorra en dólares, la gente está acostumbrada a una economía que funciona así. Entonces, para mí, eso lleva a la pregunta, ¿por qué la Argentina no hace lo que hizo Ecuador? Dolarizar completamente, dolarizar todo.

* Monica de Bolle es directora del programa de América Latina y países emergentes en la Universidad Johns Hopkins. Además, es investigadora del Instituto Peterson de Economía Internacional y trabajó en el FMI

Tres propuestas

  1. Realismo. Cuando se hereda una situación económica difícil, es clave ser realista sobre cuánto tiempo va a llevar resolverla
  2. Ser frontal. Hay que ser frontal con los riesgos que corre el país, de manera que la gente entienda
  3. Visión romántica. La región debe dejar atrás esa visión romántica de los liderazgos personalistas, que conducen a experiencias populistas

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