
Otra víctima: la política de Bush
WASHINGTON.- Los atentados en Bagdad y en Jerusalén desnudaron, con la muerte y el terror, la profunda crisis por la que atraviesa la política de la administración de George W. Bush para Medio Oriente.
En Irak, el golpe de ayer ratificó, dramáticamente, que Estados Unidos no logra tomar el control del país para asegurar el proceso de reconstrucción civil tras la caída del régimen de Saddam Hussein.
En Israel agoniza la hoja de ruta para la paz entre israelíes y palestinos, que fogonea Bush, y ayer pareció haber recibido el tiro de gracia con el condenable atentado en las calles de Jerusalén.
Estos dos acontecimientos abren enormes interrogantes sobre el futuro de la política norteamericana para la convulsionada región de Medio Oriente, pero también provocan una gran incertidumbre sobre el efecto que tendrán en las aspiraciones de Bush para permanecer cuatro años más en la Casa Blanca.
La política exterior se podrá convertir, muy a pesar de Bush, en el eje de la campaña presidencial del año próximo si los problemas en Bagdad se acentúan y la violencia se impone sobre la paz en Medio Oriente.
La estrategia de Estados Unidos para la ocupación militar de Irak tuvo en la información de inteligencia uno de sus pilares fundamentales. Pero hoy es justamente la inteligencia lo que está fallando en la etapa de la reconstrucción civil frente a la táctica de guerra de guerrillas que plantea la resistencia iraquí. Las fuerzas norteamericanas no han podido prever ni detener los atentados como el ocurrido en la embajada de Jordania, el sabotaje a los acueductos o el ataque perpetrado ayer en el hotel Canal, sede las Naciones Unidas.
El atentado en el edificio donde funcionaba el cuartel de la ONU demuestra que la táctica de resistencia de los seguidores de Saddam Hussein ya no es sólo asesinar a los soldados norteamericanos en un virtual tiro al blanco, como lo había llamado el senador demócrata Ted Kennedy, sino golpear a las fuerzas extranjeras y la infraestructura que quedó en pie después de la guerra.
Pero también quedó en evidencia que la sensación de caos y descontrol en Bagdad, que el gobierno de Bush rechaza, cada día que pasa tiene más sustento.
"El mundo civilizado no será intimidado y esos asesinos no determinarán el futuro de Irak", dijo ayer Bush en un mensaje televisado desde su rancho en Crawford, Texas, donde pasa sus últimos días de vacaciones.
La falta de seguridad y un plan coherente para la etapa de posguerra son las principales críticas a la política de Bush que parten de la oposición demócrata, pero que lentamente suman adeptos entre destacadas figuras republicanas.
El senador republicano John McCain, uno de los legisladores más influyentes y respetados del oficialismo, reclamó ayer que se enviaran más tropas norteamericanas al territorio iraquí para poder hacer frente a la sofisticación de los ataques que vienen ocurriendo en las últimas semanas.
Su voz es la de muchos legisladores y representa el pensamiento de numerosos analistas militares que consideran que no sólo se debe aumentar el número de soldados para garantizar la transición, sino también involucrar cada vez más a los iraquíes en el mantenimiento de la seguridad del país.
Estados Unidos tiene en territorio de Irak a 150.000 soldados. El demócrata Bob Graham, ex presidente del comité de inteligencia del Senado y candidato a la presidencia, le reclamó a Bush que le hablara claro al pueblo y le dijera la verdad sobre Irak y Afganistán, donde continúan emplazadas tropas norteamericanas después de la guerra de 2001.
El fantasma de Vietnam
Enviar más tropas y que éstas se crucen en el camino con los féretros de los soldados asesinados en Irak es una de las imágenes que Bush quiere evitar. Pero será la decisión más compleja que deberá adoptar en los próximos días.
La sensación de estar frente a un nuevo Vietnam, con soldados que llevan más de ocho meses en Irak y no tienen un horizonte de cuándo regresarán a sus hogares, más la incertidumbre del tiempo que demandará la ocupación militar, puede transformarse para el jefe de la Casa Blanca en una pérdida del apoyo popular en momentos en que busca la reelección, en noviembre del año próximo.
La reconstrucción civil está yendo muy mal en estos días, en los que el triunfalismo de la administración se ha opacado después de la muerte de los hijos de Saddam Hussein, hace cuatro semanas.
Mientras Irak va en camino de convertirse en una pesadilla para la administración republicana, la espiral de violencia entre israelíes y palestinos amenaza terminar con el sueño de paz que representa la hoja de ruta.
Bush se involucró personalmente en las negociaciones de paz y un nuevo fracaso como consecuencia del recrudecimiento de la violencia puede representarle, también, un elevado costo político.





