Otro flanco abierto
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SANTIAGO, Chile (De nuestro corresponsal).- El conflicto de Magallanes no es el único flanco abierto del gobierno de Sebastián Piñera. Hay otro, que ya hace tambalear el sueño del presidente de conservar un mismo gabinete a lo largo de su mandato.
Los rumores de un ajuste ministerial se hicieron realidad ayer por la noche con la renuncia del ministro de Defensa, el democristiano Jaime Ravinet, que, según fuentes de gobierno, optó por salir por voluntad propia antes de ser removido de su cargo. Ravinet presentó su renuncia al ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, por "razones personales". Fue reemplazado, interinamente, por Alfonso Varas.
"Creo que hicimos una gran gestión en los 10 meses en que estuve", aseguró el ministro, que llegó al gobierno convocado por Piñera como una señal de integración con la Democracia Cristiana.
La jugada no resultó como esperaba y Ravinet fue el principal foco de los disparos de la Concertación, que lo acusó de "traidor".
Ravinet se vio envuelto en una espiral de críticas después de que se negara a entregar antecedentes sobre el criterio con el cual pagó dos millones de dólares más por un puente mecano adquirido por el Ejército para la reconstrucción del terremoto de febrero. Su respuesta fue de antología: "A futuro las fuerzas armadas serán renuentes a prestar colaboración a las autoridades civiles ante catástrofes de la naturaleza, al verse obligadas a exhibir su material de guerra o equipamiento militar para acudir a prestar auxilio a la población civil", dijo. El episodio desató críticas furibundas de la oposición.
Citado por la Comisión de Defensa de la Cámara baja, le fueron grabadas nuevas declaraciones durante una conversación informal con parlamentarios oficialistas. Allí dijo que "el puente vale callampa", un término coloquial y despectivo, interpretado como que no le otorgaba importancia alguna al episodio.
De esta manera, el sueño de estabilidad ministerial esbozado por Piñera apenas asumió no será cumplido. Sabido es que el mandatario siempre vio como modelo para seguir el mandato de Patricio Aylwin (1990-1994), el primer gobierno tras el regreso a la democracia, administración que mantuvo su gabinete inalterable durante dos años y medio.
No es todo. Se prevé un ajuste mayor, versión alimentada por la propia alianza oficialista. Renovación Nacional (RN), el partido desde el cual Piñera llegó a la presidencia, se mostró abierta a un cambio de gabinete mayúsculo.
"Es algo inherente al sistema republicano, ejercido por personas que responden por sus actos", dijo el presidente de RN, Carlos Larraín.
Las conclusiones son tajantes y el próximo en caer podría ser el ministro de Energía, Ricardo Raineri, cuyo mal manejo durante el inicio de la crisis del gas en Magallanes lo llevará al Congreso el miércoles.
Ayer también fue interpuesta una querella en su contra por la responsabilidad del ministro en la muerte de las dos mujeres atropelladas durante las manifestaciones en Punta Arenas. A su nombre se suman los de la titular del Trabajo, Camila Merino, y el de Obras Públicas, Hernán de Solminihac, que encabezan los rumores de salida entre el oficialismo chileno.
Con una baja aprobación histórica, que no alcanza el 50%, Piñera sale duramente golpeado de la crisis en Magallanes, una zona mayoritariamente de centroderecha. La próxima batalla estará en el Congreso, con el cual Piñera deberá lidiar para llevar a cabo las siete grandes reformas prometidas para este año.
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