Otros casos de personas que se ocultaron en el tren de aterrizaje de un avión
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NUEVA YORK.- El domingo pasado, mientras un hombre tomaba sol en su casa en el sur de Londres, un cuerpo cayó en su jardín y, según contó, las paredes se llenaron de sangre. La policía aclaró después que se trataba de un clandestino caído desde el tren de aterrizaje de un avión.
El hecho no es el primero de este tipo. Entre 1947 y 2015, la Administración Federal de Aviación (FAA), de Estados Unidos, había registrado 113 intentos de personas que se metieron en trenes de aterrizaje en 101 vuelos, ya sea con origen o destino en Estados Unidos. De estas 113 personas, 86 (76%) murieron.
Además hay registrados cientos de otros casos de pasajeros clandestinos en el resto del mundo que viajaban en el tren de aterrizaje y cuya odisea tuvieron diferentes destinos. Algunos, la minoría, llegaron vivos a destino y pudieron armar una vida nueva.
Sobrevivientes
En agosto de 1946, un chico de 12 años ocupó los titulares internacionales después de llegar vivo a Darwin (Australia), en el tren de aterrizaje de un avión.

Bas Wie había elegido un avión con destino a Australia tras vivir la ocupación japonesa de Timor durante la Segunda Guerra Mundial. Las autoridades australianas fueron al principio muy resistentes a la permanencia del joven indonesio en el país, pero fue tal la trascendencia de la noticia que conmovió a los australianos, y muchos reclamaron para que Wie pudiera quedarse a desarrollar su vida en el país oceánico.
Un caso más reciente de un pasajero clandestino que viajaba en el tren de aterrizaje de un avión y logró llegar a destino, es el de un joven de 15 años que desde un aeropuerto en California sobrevivió cinco horas de viaje a temperaturas heladas hasta Hawaii.
Casos fatales
También hay muchos otros registros de casos de personas que viajaron en forma clandestina en aviones y terminaron en una fatalidad. En 2001, el cuerpo de Mohammed Ayaz, un paquistaní de 21 años, fue encontrado en el estacionamiento de una tienda de la cadena de artículos para el hogar Homebase en las cercanías del barrio de Richmond, en el oeste de Londres.
Cuatro años antes, otra persona oculta cayó del tren de aterrizaje de un avión en una fábrica de gas cerca de ese mismo negocio.
Otros cuerpos cayeron en el propio aeropuerto de Heathrow. El 24 de agosto se hallaron los restos de otro hombre en el tren de aterrizaje de un Boeing 747 que aterrizó después de un vuelo de 10.000 kilómetros desde Ciudad del Cabo (Sudáfrica). Y en 2002 se encontraron los cuerpos de dos chicos, de unos 12 años, en el tren de aterrizaje de un vuelo de Ghana Airways procedente de Accra.
Las estadísticas indican que más de las tres cuartas partes del las personas que prueban una odisea semejante, mueren en el intento.
Los peligros
El tren de aterrizaje de un avión no tiene calefacción, oxígeno ni presión, elementos cruciales para sobrevivir en la altitud.
A 5490 metros, según los expertos consultados para un artículo de la BBC, ocurre la hipoxia, que causa debilidad, temblores, mareos y trastornos visuales. A los 6710 metros, el pasajero tendrá que luchar para mantenerse consciente ya que el nivel de oxígeno en sangre disminuye. Por encima de los 10.065 metros, los pulmones necesitan presión artificial para funcionar normalmente.
Al mismo tiempo, es probable que se alcance la hipotermia, en temperaturas que alcanzan los -63°C.
Los que hayan tenido la suerte de no resultar mutilados por el tren de aterrizaje retráctil o muertos en estas condiciones extremas, casi seguro estarán inconscientes al momento de que las puertas del compartimiento se abran a unos pocos miles de metros sobre el suelo y caerán al vacío.
Los pasajeros clandestinos que hayan tenido la suerte de no resultar mutilados por el tren de aterrizaje retráctil o muertos en estas condiciones extremas, casi seguro estarán inconscientes al momento de que las puertas del compartimiento se abran a unos pocos miles de metros sobre el suelo y caerán al vacío.




