
Para el Papa, el islam es una religión de paz
En Turquía busca recomponer relaciones con los musulmanes
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ANKARA, Turquía.– Decidido a recomponer las relaciones con el islam, alteradas luego de que palabras suyas sobre Mahoma fueran consideradas ofensivas, Benedicto XVI comenzó ayer el viaje más difícil y peligroso de su pontificado. Lo hizo con afirmaciones que aquí todo el mundo quería oír: que el Papa “es favorable” al ingreso de Turquía en la Unión Europea (UE), y que el islam “es una religión de paz, tolerancia y amor”. Así lo reveló el premier turco, Recep Tayip Erdogan, y luego lo confirmó el Vaticano.
En una capital armada hasta los dientes por temor a atentados contra “un cruzado de Occidente”, el Pontífice rompió de ese modo el hielo de esta visita de cuatro días, considerada de alto riesgo. Y en un clamoroso cambio de opinión tras sus declaraciones contrarias al ingreso de Turquía en la UE, en 2004, siendo aún cardenal, logró calmar algo los ánimos, al demostrar con sus palabras que el objetivo de su presencia en esta tierra es estrechar lazos de "amistad", relanzar el malherido diálogo interreligioso con los musulmanes y sepultar las polémicas desatadas con su discurso de Ratisbona, el 12 de septiembre, en el que mencionó que la jihad (guerra santa) del islam está contra Dios y que "defender la fe con la violencia es una cosa irracional".
Pese a las ruidosas protestas de los últimos días realizadas por grupos islámicos nacionalistas, no bien bajó del avión que lo trajo a este país, el apretón de manos que intercambió con el premier Recep Tayip Erdogan, que lo esperaba al pie de la escalerilla junto a una guardia de honor y una alfombra roja, aflojó la tensión.
Cambiando de planes, ya que en un principio había dicho que no iba a tener tiempo para un encuentro con el máximo líder de los católicos, en un gesto para mostrar que Turquía es un país abierto y hospitalario, Erdogan se reunió con el Pontífice durante 25 minutos en un salón VIP del aeropuerto antes de partir hacia una cumbre de la OTAN en Riga, Letonia.
Tras este cordial encuentro, el hombre fuerte de Turquía, líder del primer partido islámico moderado que llega al Ejecutivo, contó en una conferencia de prensa que con el Papa habían hablado de la espinosa cuestión del ingreso de este país musulmán, de más de 70 millones de habitantes, en la UE. "El Papa me dijo que aunque no es político [sic] le gustaría que Turquía fuera miembro de la UE", dijo Erdogan. "Veo que comparte mis ideas sobre el islam, que es una religión de paz, amor y tolerancia", agregó, sin ocultar su satisfacción por el respaldo del Santo Padre, una figura aquí controvertida, pero autoridad moral y política en todo el mundo.
Siendo aún prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en 2004, Joseph Ratzinger creó gran revuelo en Turquía al manifestar en una entrevista con el diario francés Le Figaro su rechazo al ingreso de este inmenso país musulmán en la UE, por razones culturales e históricas. Por tal razón, cuando fue elegido jefe de los más de mil millones de católicos que hay en el mundo, en abril de 2005, varios diarios turcos titularon que "el sucesor de Juan Pablo II es un enemigo de Turquía".
El drástico cambio de posición de Ratzinger fue muy saludado aquí por la población, que de repente vio cómo un adversario se transformaba en un virtual aliado estratégico. "Era justamente esto lo que queríamos escuchar, porque nos habíamos enojado mucho con los dichos de Ratzinger", dijo a LA NACION Yusuf Alatas, abogado de Ankara de 57 años, contento también por los nuevos dichos del Papa sobre el islam.
El giro del Pontífice, que estuvo en los últimos meses en el ojo de la tormenta por sus dichos de Ratisbona y el fantasma de un choque de civilizaciones, fue confirmado más tarde, aunque con algunas precisiones, por el director de la Sala de Prensa del Vaticano, padre Federico Lombardi. "La Santa Sede no tiene el poder ni la tarea específica de intervenir sobre el punto preciso del ingreso de Turquía en la UE, no le compete; sin embargo, ve positivamente y alienta el camino de diálogo y de acercamiento e inserción en Europa sobre la base de valores comunes", dijo. El domingo pasado, en declaraciones a un canal de TV italiano, el secretario de Estado de la Santa Sede, Tarcisio Bertone, aclaró que el Vaticano, que no está involucrado en el complejo proceso de negociaciones, auspiciaba que Turquía pudiera cumplir con las condiciones impuestas por el bloque europeo.
Amén de apoyar el ingreso de Turquía en la UE, el Papa también respaldó la denominada Alianza de Civilizaciones que le presentó Erdogan. Se trata de una propuesta del premier español, José Luis Rodríguez Zapatero, que defiende una alianza entre Occidente y el mundo árabe y musulmán para combatir el terrorismo internacional por medios pacíficos, y que también es patrocinada por Erdogan y el secretario general de la ONU, Kofi Annan.
Pero no fue todo. Ayer fue una jornada agotadora para el Papa, que se bajó del avión con un sobretodo blanco -bajo el cual nadie pudo saber si llevaba un chaleco antibalas- y que se trasladó todo el tiempo en autos blindados, escoltados por miles de agentes. Tal como preveía su agenda, Benedicto XVI visitó el mausoleo de Mustafá Kemal Ataturk. Allí, en un día soleado pero muy frío, dejó una ofrenda floral sobre la tumba del idolatrado "padre de la Turquía laica y moderna". Más tarde, hizo una visita de cortesía al presidente Ahmet Necdet Sezer, tras lo cual, en la cita más esperada del día, se desplazó hasta el denominado Diyanet, la Presidencia para los Asuntos Religiosos del país, donde tuvo un crucial encuentro con la máxima autoridad religiosa, Alí Bardakoglu, considerado el Gran Muftí de Turquía, y otros líderes religiosos.
Pese a otro más que significativo apretón de manos e intercambio de sonrisas y regalos, Bardakoglu subrayó en su discurso la importancia de la visita del Papa, pero no dejó de aludir a los dichos de Ratisbona, criticando el contexto de "islamofobia" en el que fueron pronunciados (ver aparte).
El Papa, en cambio, prefirió sepultar este doloroso capítulo definitivamente, hablando de la "necesidad vital" de un diálogo interreligioso entre el cristianismo y el islam, "del cual depende en gran medida nuestro futuro".
El Pontífice -que hoy peregrinará a Efeso, donde se cree que vivió la Virgen María, y luego volará a Estambul para reunirse con el patriarca ortodoxo Bartolomé I- destacó que "los cristianos y los musulmanes pertenecen a la familia de los que creen en un único Dios" y que "esa unidad humana y espiritual de nuestros orígenes y destinos nos impulsa a buscar un camino común".
"El mejor modo para seguir adelante -agregó, intentando cerrar las heridas- es un diálogo auténtico entre cristianos y musulmanes, basado en la verdad e inspirado por el sincero deseo de conocernos mejor los unos y los otros, respetando las diferencias y reconociendo lo que tenemos en común."
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