Para Irlanda, el fin de un cuento de hadas
1 minuto de lectura'
De alumno modelo de la UE a oveja negra. Y todo abruptamente, en sólo cuatro años. En ese lapso, Irlanda pasó de ser considerado ?el mejor país del mundo? para vivir, según la prestigiosa revista británica The Economist , a enfurecer a los socios europeos por su programa para sostener bancos, acusado de no estar del todo en sintonía con las normas comunitarias, en medio de la peor crisis financiera mundial desde la Gran Depresión.
Irlanda vivió en la década del 90 un milagro económico, entre otros factores, por las condiciones favorables al capital extranjero, con subsidios y tasas de impuestos a las ganancias muy bajas, lo cual hizo que un gran número de empresas del mundo (entre ellas no pocas del sector tecnológico) se radicaran allí.
Pero, como en un cuento de hadas que repentinamente termina mal, pasó de crecer al 7% en los 90, un porcentaje que era la envidia de naciones desarrolladas como Alemania e Italia, a sólo un 0,3% en el primer trimestre de 2008, y 0,5% en el segundo. De este modo, el ?tigre celta? de hace apenas un lustro, que había logrado transformarse en uno de los países más ricos de Europa en un tiempo relativamente corto, fue la primera economía de la eurozona que entró en recesión, un mal que podría afectar ahora a otros vecinos.
¿Acaso no hubo luces de alarma? Sí, una de ellas pudo ser el no irlandés al Tratado de Lisboa, que se produjo en un referéndum en junio de este año, mayormente para rechazar las políticas del gobierno del actual premier, Brian Cowen, según los analistas, y no tanto por disconformidad con la UE.
Al no haber en funcionamiento un tratado de este tipo (que reflotó con otro nombre el fracasado proyecto de Constitución Europea y permitiría a los 27, de ser aprobado, tomar decisiones por mayoría simple), la UE se vio limitada para dar una respuesta como bloque a la crisis financiera. La mayoría de los países optaron por planes propios, basados en el programa de nacionalización parcial de bancos de Gordon Brown, el premier británico.
Otra señal, anterior, había sido la salida del gobierno, en mayo de 2008, de Bertie Ahern, el premier que fue artífice del crecimiento, sospechado de corrupción, en medio de una gran crisis política. Ahern fue reemplazado por Cowen, su ex ministro de Finanzas. Antes de las elecciones de 2007, como ministro, Cowen había hecho aprobar un presupuesto considerado uno de los más dispendiosos de la historia del Estado. Ahora, como premier, está siendo muy criticado por su manejo de la economía, cuyas turbulencias se notaron ya a principios de este año.
Los analistas estiman que los trimestres de crecimiento negativo podrían durar hasta bien entrado el año próximo. La razón del retroceso económico irlandés es el cóctel indigesto conformado por la enorme caída del rubro de construcción, la crisis financiera global, la caída del consumo, y los precios elevados del euro, el petróleo y los alimentos.
En el rubro construcción, las inversiones registraron una baja de 20%, dada la actual sobreoferta de viviendas en el mercado. Tal es el impacto de la construcción en la economía que el rubro representó en 2005 cerca de un cuarto del PBI irlandés y emplea a una de cada ocho personas que viven en la Isla Esmeralda. Si se desacelera la construcción, como ocurrió últimamente, se desacelerará toda la economía.
A eso se suma el malestar de los principales socios de la UE con Dublín por la medida, recientemente aprobada por el Parlamento irlandés, que establece garantías estatales ilimitadas para los depósitos de los seis principales bancos del país, lo que podría estimular a varios ahorristas europeos a transferir sus fondos a bancos irlandeses, con lo que se amplificaría la debilidad de los bancos de otros países europeos.
Pero lo más inquietante del caso es que ni siquiera Irlanda logró salvarse de la crisis. Toda una lección para otros países que no han tenido una performance similar en los últimos años y que relativizan el impacto de la debacle.



