Pedro Opeka: "Madagascar cayó en un precipicio de pobreza que grita al cielo"

El misionero argentino lleva casi medio siglo en la isla africana, donde se encuentra el papa Francisco como segunda etapa de la gira que lo llevó a Mozambique y que concluirá en Mauricio
El misionero argentino lleva casi medio siglo en la isla africana, donde se encuentra el papa Francisco como segunda etapa de la gira que lo llevó a Mozambique y que concluirá en Mauricio
Elisabetta Piqué
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8 de septiembre de 2019  

ROMA.- "Caímos en un precipicio de pobreza que grita al cielo, que es inaceptable". El padre Pedro Opeka , misionero argentino que vive en Madagascar desde hace casi medio siglo, describe con estas palabras la situación social de esta isla africana a la que viajó el papa Francisco como parte de la gira que lo llevó a Mozambique y concluirá en Mauricio.

Apodado "el albañil de Dios", Opeka levantó en 1989 la ciudad de Akamasoa ("los buenos amigos", en lengua malgache) sobre lo que era un inmenso basural de la capital, Antananarivo. En ese lugar, que Francisco visitará este domingo, logró que 25.000 personas que vivían en condiciones infrahumanas, conviviendo con hambre, violencia, prostitución, alcoholismo y drogadicción, construyeran sus propias viviendas, además de iglesias, canchas de fútbol, espacios verdes, escuelas y centros culturales.

Candidato al Nobel de la Paz, en una entrevista con La Nación Opeka trazó una cruda radiografía de Madagascar. Y definió la visita de su compatriota, Francisco, "un acontecimiento histórico e inolvidable" que dará esperanza y fuerza a quienes buscan paz y justicia social.

-¿Cómo es hoy la situación de Madagascar?

-La situación social y política hoy es totalmente diferente a cuando llegué a los 22 años, el 26 de octubre 1970. Caímos en un precipicio de pobreza que grita al cielo, que es inaceptable. Actualmente el pueblo sobrevive y su población, que es muy joven, pasó por crisis políticas y económicas muy graves. No tuvo la suerte de encontrar políticos honestos y patriotas que pudieran sacar al pueblo de la extrema pobreza, para darle una vida más digna, en la que todos los ciudadanos pueden tener los mismos derechos y deberes.

Opeka espera que la visita del Papa deje una impresión duradera y sirva de estímulo a la comunidad católica
Opeka espera que la visita del Papa deje una impresión duradera y sirva de estímulo a la comunidad católica

-¿Cuáles son los problemas más graves?

-Son la falta de Estado de Derecho, porque no hay autoridad; la corrupción, que está presente en todos los niveles de la sociedad; la falta de trabajo; la falta de agua potable, algo que es un lujo: muchos ciudadanos pierden todo un día para buscar 20 litros de agua para su familia. En el plano de la salud sólo tiene cobertura social una ínfima parte de la población. La mayoría no puede ir al hospital, no tiene ningún poder adquisitivo y la población gana menos de 2 dólares por día. La inseguridad es otro problema mayor. En las ciudades nacieron decenas de grupos de malechores que siembran miedo y lo mismo sucede en el interior del país donde los bandidos matan y aterrorizan a los campesinos. La educación de la juventud está en manos de los medios de comunicación como la televisión y las redes sociales como Facebook. Es decir, cada joven toma lo que quiere y se deja inspirar por una vida fácil y por sueños que nunca se realizarán.

-¿En términos de pobreza, cuál es la situación?

-La estadística del Banco Mundial habla de un 92% de la población que vive por debajo del umbral de la pobreza, mientras que hace casi medio siglo era el 35%.

-A principios de año hubo un cambio político.

-Sí, el 19 de enero de 2019 asumió un joven presidente, Andry Rajoelina, que quiere cambiar y darle paz y justicia social a su pueblo. Este presidente está dando muchas esperanzas de que algo va cambiar. Por eso la visita del papa Francisco va a ser muy importante para toda la población y podrá ser un gran aliento para todo el pueblo y para su nuevo presidente, que ha comenzado decididamente a atacar la corrupción y toda clase de favoritismos que impiden el crecimiento económico del país. El nuevo presidente es católico y no oculta su fe. Hace varios años que viene a celebrar la Navidad con las familias pobres de Akamasoa.

Vecinos del distrito de Akamasoa que Opeka ayudó a levantar desde su llegada
Vecinos del distrito de Akamasoa que Opeka ayudó a levantar desde su llegada

-¿Cuál es el rol de la Iglesia Católica en Madagascar?

-La Iglesia ha tenido un rol importante en la historia de Madagascar. Fue la cuna de la educación, de la escolarización de los niños en todo el territorio nacional. La presencia misionera fue muy positiva porque trajo la educación, la salud, la dignidad. En todo el territorio se puede encontrar una escuela y un dispensario con una religiosa que cura a la gente con mucho amor y perseverancia. La fuerza del Evangelio fue la que mantuvo la esperanza de los más pobres. Sin la presencia de la Iglesia, Madagascar sería muchísimo más pobre.

-Su proyecto Akamasoa ha sido un gran éxito en Madagascar. Mirando hacia atrás desde que comenzó su trabajo, ¿cuáles son las dos o tres cosas que lo ayudaron a concretarlo tan bien?

-Nosotros en Akamasoa nunca hemos hablado de éxito. Sólo decimos que hemos tomado la buena dirección. Los que antes mendigaban en las calles ahora están trabajando y tienen viviendas dignas; los niños y jóvenes que antes buscaban en la basura su supervivencia ahora están en las escuelas y en los secundarios. Los que vivían en una anarquía general, hoy viven en comunidad y se respetan mutuamente. Han encontrado la autoestima que les permite progresar. La paz se ha instaurado en nuestros barrios donde antes había mucha violencia e insultos que terminaban en peleas sin fin. La disciplina es hoy un hecho, en las reuniones comunitarias la gente se escucha unos a otros, cuando antes ninguna reunión podía terminar en paz. Lo que me ha ayudado a concretar estas acciones positivas para la comunidad es sobre todo el respeto y la confianza que les di: ahí nació una amistad muy fuerte.

Opeka, durante una misa en Akamasoa
Opeka, durante una misa en Akamasoa

-Eso fue la clave.

-Eso fue el fruto de la fuerza del Evangelio vivido en la práctica diaria. No es el dinero que ha construido nuestra ciudad de Akamasoa, fue el amor, la fe, la perseverancia y la fraternidad que vivíamos día a día ayudándonos unos a otros. Entre los pobres no hay estrategias teóricas, hay solo corazón, comprensión y compromiso a largo plazo. Construimos una ciudad con todos los edificios y viviendas necesarias, pero sólo Dios sabe los andamios que hemos construido alrededor de cada persona o familia para que se mantengan de pie y no caigan nuevamente en la droga, el alcohol o la prostitución. En la reinserción social de nuestros hermanos y hermanas no hay fórmulas hechas de antemano, hay que ser sensible y vivir en medio de ellos y fortalecerlos a tiempo y a contra tiempo. Hay que vivir el amor y la amistad no con palabras sino con hechos y luego de muchos años los corazones se van abriendo. La confianza recíproca, la fraternidad, el bien de todos, el saber compartir las riquezas de una manera justa y la fuerza de la Eucaristía de los domingos nos han unido en los momentos más difíciles y dramáticos para seguir esta lucha que no tiene fin.

-¿Cuál es el significado de la visita del papa Francisco a Madagascar?

-El papa Francisco como pastor universal de la Iglesia Católica quiere visitar todos los países donde lo invitan el pueblo de Dios y las autoridades oficiales del país. Su visita es fortalecer la fe, es dar fuerza a todos los que se comprometen a vivir el Evangelio entre los más pobres y fomentar la justicia y la paz . El Papa es un peregrino de la paz y sembrador de esperanza en los corazones de la gente de buena voluntad. Este viaje del Papa será un acontecimiento histórico e inolvidable para todos aquellos que podrán verlo y escucharlo en directo y de cerca. El pueblo espera un nuevo espíritu para todo el país, para sus nuevos gobernantes, para que puedan cumplir con sus promesas de erradicar la pobreza y también esperan un nuevo aliento evangélico del Santo Padre para todos los cristianos.

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