Persecuciones y negociaciones secretas en una fuga temeraria

El abogado de derechos civiles planeó el escape de su arresto domiciliario durante meses
Jane Perlez
Andrew Jacobs
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4 de mayo de 2012  

PEKIN.– Una fuga temeraria en medio de la noche y sus consecuentes heridas. Un llamado confidencial de activistas clandestinos a funcionarios del Departamento de Estado norteamericano para pedirles asilo humanitario. Una persecución automovilística por las calles de Pekín para trasladar a un disidente hasta la embajada de Estados Unidos.

Estos son algunos de los nuevos detalles que salieron a la luz de la saga de 10 días de Chen Guangcheng, el abogado ciego que escapó de su arresto domiciliario en la provincia rural de Chandong, y que después de arreglárselas para llegar a Pekín y ponerse bajo la tutela norteamericana, fue sujeto de una serie de negociaciones secretas sumamente inusuales con el gobierno chino.

"La victoriosa fuga de Chen de su brutal confinamiento es un incentivo para todos nosotros", dijo Li Fangping, un abogado que lo representó durante el juicio de 2006 que lo llevó a la cárcel por cuatro años, sobre la base de cargos que, según Fangping, eran dudosos. "Más allá del eventual desenlace, esto sólo puede tener una influencia positiva en la situación de los derechos humanos en China."

Las semillas de la asombrosa fuga de Chen fueron plantadas hace meses, según revelaron sus amigos y seguidores, cuando el abogado ciego y su mujer comenzaron a planear el modo en que él escaparía de la granja, donde cumplía arresto domiciliario desde su liberación de prisión, en septiembre de 2010.

Los funcionarios de la localidad habían decidido convertir su hogar en una prisión, con muros altos, guardias y planchas de metal cubriendo las ventanas. El objetivo era impedir que se dedicara a su profesión legal contra las políticas de planificación familiar coercitiva, y mantener a la pareja aislada del mundo exterior.

Cuando los Chen rompían las reglas –cuando intentaban filtrar mensajes hacia el exterior o grababan en secreto un video detallando el maltrato que recibían– eran salvajemente golpeados.

Como parte del plan, Chen fingió estar enfermo durante semanas y, así, engañó a sus guardianes, que pensaron que estaba imposibilitado para levantarse. La noche sin luna del 22 de abril empezó el delirante periplo desde la aldea de Dongshigu, saltando muro tras muro mientras los guardias dormían. Fue durante esos primeros minutos de fuga cuando Chen se hirió gravemente un pie: el abogado les contó a sus amigos que hasta llegar al lugar predeterminado donde pasarían a recogerlo, se cayó alrededor de 200 veces.

Una vez allí, insertó una batería en un celular que tenía en su bolsillo y llamó a He Peirong, una ex profesora de inglés de la lejana ciudad de Nanjing. Peirong era parte de una red informal de defensores de los derechos civiles que desde hace un año intentaba concitar la atención de la opinión pública sobre las penurias de Chen.

Cuando Peirong subió a Chen a su auto, tuvieron que tomar una decisión: intentar abandonar clandestinamente el país, o quedarse e intentar llevar una vida independiente en el interior de China. "Chen dejó muy en claro que no tenía la menor intención de convertirse en un exiliado", dijo Bob Fu, un disidente chino en el exilio. "El quería quedarse en China para intentar mejorar las cosas."

Respetando los deseos de Chen, la profesora Peirong lo llevó en su auto hasta la capital, a casi 500 kilómetros de distancia. Una vez allí, Chen quedó a cargo de un devoto núcleo de seguidores que se aseguró de que durmiera todas las noches en un lugar diferente.

Luego decidieron que el único lugar realmente seguro era la embajada norteamericana. El primero en contactarse con la embajada fue un amigo que les explicó que Chen había sufrido una grave herida en el pie y necesitaba asistencia, según reveló un funcionario norteamericano.

Asistencia

De inmediato le plantearon el tema al secretario legal del Departamento de Estado, Harold Koh, que se encontraba en China por otros motivos. Después de consultarlo con funcionarios de alto rango del Departamento de Estado, Koh decidió que las heridas y la ceguera de Chen eran causales válidas para prestarle asistencia humanitaria.

Acordaron un punto de encuentro a pocos kilómetros de la embajada, donde un auto oficial se reuniría con el coche que transportaba a Chen. El plan era cambiarlo de vehículo.

Pero cuando los autos estaban a punto de converger en el sitio de encuentro, los norteamericanos advirtieron que los seguían vehículos de los servicios de seguridad chinos, uno detrás del auto de la embajada, y otro detrás del que transportaba a Chen y su amigo, según dijo un funcionario de Estados Unidos.

El traspaso debía realizarse con la mayor celeridad. Mientras el auto de Chen avanzaba por un callejón, el auto norteamericano se puso a su lado y Chen fue literalmente jalado al interior del coche de la embajada, que a continuación logró evadir a los dos vehículos chinos y llegar hasta la legación.

Ya a salvo en el alojamiento de los marines, los norteamericanos impusieron un mutismo informativo mientras negociaban el destino de Chen con altos funcionarios chinos. En el interior de la embajada, los norteamericanos le preguntaron a Chen cuál era su deseo, y el abogado dejó muy en claro que no tenía intenciones de pedir asilo.

En el transcurso de los días siguientes, los norteamericanos mantuvieron largas conversaciones con Chen y con el Ministerio de Relaciones Exteriores, que se encuentra muy cerca de la embajada, incluso tres veces por día, y con la presencia de media docena de funcionarios.

Las partes finalmente acordaron una lista de siete ciudades donde Chen podría seguir adelante con sus estudios legales; Chen eligió Tianjin, que a los norteamericanos les parecía la opción más razonable, debido a su proximidad con la capital, que le permitiría a Chen seguir en el foco de atención, recibiendo visitas frecuentes de sus seguidores y de los diplomáticos destacados en Pekín.

Cuando el embajador Gary Locke le preguntó si estaba listo para abandonar la embajada para internarse en el hospital, donde lo aguardaban su esposa y su familia, Chen respondió de manera afirmativa.

Pero la satisfacción duró poco, hasta que se reunió con su familia. Su esposa le dijo que había sido amenazada, y después de hablar por teléfono con varios de sus seguidores, al parecer Chen cambió de idea.

Traducción de Jaime Arrambide

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