Pinochet, la transición y el crecimiento, los ejes para el futuro
Opción: Chile decidirá entre el mejor garante del neoliberalismo y el candidato que podría debilitar el poder militar.
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SANTIAGO, Chile (De un enviado especial).- ¿Juzgará el próximo gobierno a Augusto Pinochet? ¿Se acabarán las prerrogativas que aún conservan los militares? ¿Logrará mantener Chile el nivel de crecimiento de los últimos años? ¿Concluirá, finalmente, la transición?
Son las preguntas que todo chileno se hace. A las que habría que formular una más: cuál será el candidato, Ricardo Lagos o Joaquín Lavín, que más posibilidades tendrá de responderlas.
Surgida para derrotar a Pinochet en la consulta popular en la que se plebiscitó su continuidad en el poder, la Concertación por la Democracia, a la que Lagos representa, lleva ya diez años de gobierno. Una década que comenzó con Patricio Aylwin y continuó Eduardo Frei, en la que Chile ingresó de a poco, casi tímidamente, en la democracia y en la que el ex dictador continuó desde el ejército, y luego desde el Senado, constituyendo el fiel de la balanza del sistema político.
Pinochet fue hasta el día de su detención, en Londres, el líder indiscutido de la derecha. Su vigencia era también la de la Concertación. Pero ahora el escenario ha cambiado y el general que marcó los pasos de Chile durante 17 años es hoy un anciano que debe ser asistido para dar los propios.
Una nueva generación de políticos de derecha, de la que Lavín es exponente, ya no lo respeta. Por convicción o conveniencia electoral, el propio candidato afirmó que cuando regrese a Chile, el ex dictador "deberá enfrentar a la Justicia como un chileno más".
Se trata de una muestra de que el arresto de Pinochet, que la Concertación jamás se atrevió a impulsar, no debilitó a la incipiente democracia chilena, como algunos temían, sino que la reforzó. La amenaza que hasta entonces podían representar los militares se desdibujó a medida que su ex comandante en jefe extendía su estada forzada en Gran Bretaña, y la falta de una reacción militar -que nunca se produjo- desnudó que el ejército está perdiendo su poder.
Un nuevo escenario
En este nuevo escenario, donde la sociedad chilena va alejando sus fantasmas y los odios quedan superados, perdura sin embargo un legado que el próximo presidente deberá enfrentar. Por ejemplo, los militares siguen percibiendo las ganancias producidas por el cobre y gozan de un presupuesto que nadie se ha atrevido a tocar.
Curiosamente, fue nuevamente Lavín quien cuestionó tales prerrogativas, dando un nuevo indicio de que sólo desde la misma derecha podría surgir el hombre que les ponga fin. "De la misma manera que en la Argentina únicamente un peronista terminó con el peronismo", comentó un periodista local.
La Concertación, en cambio, aún necesita al pinochetismo en términos electorales, ya que sin él no tendría razón de ser y los partidos que la integran se alejarían de la posibilidad de llegar al poder.
Aún es improbable suponer que Pinochet será juzgado aquí, gobierne quien lo hiciere, pero todo indicaría que Lavín, al que muchos comparan con Menem o Fujimori, tendrá más fuerza que Lagos -un socialista- para contrarrestar la influencia militar y cerrar la transición.
Propuestas económicas
En materia económica, sin embargo, Lavín representa un populismo, que para muchos analistas resulta imprevisible. En este terreno, quizá más que en cualquier otro, Lagos es la continuidad. "¿Para qué cambiar lo que está bien?", se preguntó esta semana el secretario general de la presidencia, José Miguel Insulza, entrevistado por La Nación .
El lema "crecer con igualdad" fue de hecho dejado de lado por Lagos en esta segunda vuelta para adoptar el de "un Chile mejor". Incluso, ya designó al equipo económico que lo acompañará en caso de llegar al poder, y sorprendió a propios y extraños al elegir jóvenes economistas independientes y críticos de la reforma laboral progresista, impulsada por el gobierno de Frei.
De esta manera, se da una nueva paradoja de la política chilena. El candidato de la derecha podría representar la mejor oportunidad para debilitar al sector más pinochetista del ejército, atacando precisamente su fuente de poder: su autonomía económica.
El candidato de la izquierda, en cambio, sería el mejor garante del modelo económico neoliberal que, desde tiempos de Pinochet, ha llevado a Chile, con igualdad o sin ella, a convertirse en uno de los países más prósperos de América latina.


