Por corrupción, cae el presidente de Alemania
Protagonista de un creciente escándalo, el presidente de Alemania, Christian Wulff, dimitió ayer y se convirtió en el primer jefe de Estado europeo que renuncia por un cargo de corrupción
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BERLIN.– La salida del conservador Wulff, el segundo presidente alemán que dimite en los últimos dos años, debilita la imagen de la hoy popular Angela Merkel . Es también una distracción, justo cuando la canciller alemana y sus pares europeos deciden si habilitan un nuevo rescate a Grecia para resolver la crisis que agobia a la Unión Europea (UE).
Desde hacía un tiempo, Wulff era investigado por la fiscalía de Hannover por una serie de viajes que habrían sido pagados por sus amigos, y por un préstamo de 500.000 euros, otorgado también por una allegada. Si bien hasta hace unos días el ex presidente advertía que no renunciaría, su decisión de abandonar el poder se precipitó anteanoche luego de que la fiscalía pidió levantar su inmunidad para permitir una investigación en su contra por presunta corrupción.
"El país necesita un presidente que pueda superar los desafíos nacionales e internacionales, y que goce no sólo de la confianza de una mayoría, sino de una amplía mayoría. Yo no cuento más con esa confianza", dijo ayer a la mañana Wulff, en el palacio presidencial de Bellevue.
El ex mandatario recordó su principal batalla para la integración (a él se debe la famosa frase "el islam pertenece a Alemania"). Reconoció también "errores", pero se dijo "sincero". Y finalmente atacó a los medios : "Las informaciones aparecidas en la prensa en los últimos dos meses nos hicieron daño a mi mujer y a mí".
Hace unos meses, cuando Wulff se enteró de que el diario Bild iba a publicar una de las historias de supuesto tráfico de influencias, el entonces presidente hizo una llamada amenazante al director del periódico, que quedó grabada en el buzón de voz.
Desde ese incidente, la prensa destapó varios pequeños y grandes favores que el político cristianodemócrata recibió cuando era gobernador de Baja Sajonia. Desde la célebre llamada, la impresión era que su dimisión sólo era una cuestión de tiempo.
La renuncia, sin embargo, no llegó en buen momento para Merkel. Ayer, la canciller se vio obligada a cancelar su viaje oficial de mañana a Roma.
Poco después, expresó su "gran pesar" por la noticia, pero invitó a interpretar la renuncia como una prueba de fuerza del Estado de Derecho alemán, "que trata a todos por igual, sin importar el cargo que ocupe". Asimismo, advirtió que dialogará con la oposición para poder proponer "un candidato común para la elección del próximo presidente", que, según la Constitución, deberá realizar la Asamblea Federal en un plazo máximo de 30 días.
Para recuperar credibilidad y mantener alta su popularidad, Merkel se verá obligada ahora a buscar el diálogo con la oposición para encontrar un candidato presidencial que goce de amplio apoyo.
Wulff es el segundo jefe de Estado alemán que renuncia desde 2010. Tanto él como su antecesor, Horst Köhler, pertenecen a la CDU, el partido de la canciller. Por su parte, Köhler se vio obligado a dimitir por relacionar en una entrevista la guerra en Afganistán con los intereses comerciales de Alemania: algo obvio, pero políticamente incorrecto para un dirigente de su nivel.
Para la sucesión de Köhler, el gobierno y la oposición presentaron sus respectivos candidatos. Contra Wulff, entonces presidente del Estado Federado de Baja Sajonia, fue propuesto Joachim Gauck, ex disidente del régimen comunista de la Alemania del Este, cuyos méritos son ampliamente reconocidos en la población alemana, más allá de su color político.
Para los analistas, Gauck era el candidato más apropiado. Sin embargo, Merkel tenía un problema para solucionar en su partido: quería quitar del medio a Wulff porque se podía transformar en su rival interno. Los números estaban del lado de la canciller, pero, aun así, la votación fue agónica: duró nueve horas y fueron necesarias tres rondas para que Wulff fuera elegido.
Ahora, la dimisión de Wulff daña a la canciller porque ella no fue capaz de apoyar una candidatura adecuada para el cargo más alto del Estado. Las dos dimisiones manchan además la figura del presidente en general, y por esta razón Merkel no tiene más opción que buscar el apoyo de la oposición.
La investigación
Los hechos que son ahora investigados por la fiscalía de Hannover tienen que ver con unas vacaciones que Wulff pasó en la isla alemana de Sylt, junto con su amigo y productor cinematográfico David Groenewold, y que fueron pagadas por este último, a pesar de que el ex presidente asegura que le devolvió el dinero al contado.
Un año antes, el gobierno de Baja Sajonia había concedido fondos por un total de cuatro millones de euros a la empresa de Groenewold. La fiscalía intentará aclarar si Wulff sacó provecho de su posición.
A estas acusaciones se suman otras. En diciembre, la prensa filtró un préstamo de 500.000 euros que el presidente obtuvo por parte de su amigo Egon Geerkens bajo condiciones muy favorables, y que utilizó para comprar una casa para su segunda esposa, Bettina. Cuestionado acerca de sus relaciones con Geerkens cuando todavía era presidente de Baja Sajonia, Wulff calló el asunto.
La dimisión de Wulff fue un alivio para toda la clase política, según el líder socialdemócrata Frank Walter Steinmeier. "El debate de semanas acerca de Christian Wulff dañó la credibilidad de la política. El nuevo candidato tiene que ser elegido por todos los partidos y no sólo por el gobierno", dijo.
Entre los nombres que se barajan para suceder a Wulff y ser candidatos de consenso, están otra vez el del socialdemócrata Joachim Gauck y el de Andreas Voßkuhle, popular presidente de la Corte Constitucional.
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