Preocupación y polarización en la comunidad boliviana en la Argentina
Muchos destacaban el progreso durante el gobierno de Morales, pero hay visiones diferentes sobre si fue un golpe de Estado
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Los miembros de la comunidad boliviana residente en la Argentina -la segunda entre las comunidades inmigrantes más grandes de nuestro país, después de la paraguaya- siguen de cerca y con mucha atención lo que está pasando por estas horas en su madre patria. Dos cuestiones se repiten en sus testimonios: la preocupación por el presente y el futuro de Bolivia, y una fuerte polarización a la hora de calificar el mandato de Evo Morales, que anteayer renunció a la presidencia tras denunciar un golpe de Estado.
"Evo no fue un mal presidente. Cuando asumió tuvo dos gobiernos muy buenos y en el tercero fue decayendo", opina Jimena Hinojosa, que tiene 33 años y trabaja en un restaurante de comidas típicas en el barrio porteño de Liniers.
"Es indígena, les ha dado prioridades a los indígenas y con esto que está pasando se ve parte del racismo que hay. No estoy de acuerdo con la manera en que lo sacaron", dice. Hinojosa reside en la Argentina desde 2010, pero tiene familia en Cochabamba: "Mi papá está allá, no tiene trabajo y queremos traerlo antes de que pase algo peor. Al comedor viene gente que dice que va a haber una guerra civil".
Luisa, una comerciante boliviana de 60 años que prefiere no dar su apellido, reconoce estar "muy dolida y muy enojada" por la situación que atraviesa la nación andina, donde tiene muchos parientes. La mujer apunta directamente a la oposición: "[Carlos] Mesa y [Luis Fernando] Camacho hicieron un golpe de Estado. Evo ganó por mucho y tiene derecho a terminar su gobierno".
Oriunda de Sucre, pero residente en nuestro país desde hace dos décadas, Luisa marchó ayer a la embajada de Bolivia en apoyo de Morales y defiende los progresos ocurridos durante su mandato: "Ha dado trabajo, construcciones, gas y luz. Antes cocinábamos con leña y había que trabajar desde las dos de la mañana para poder comprar un kilo de azúcar. La gente humilde ahora va a sufrir". Confía, de todas formas en que pronto el dirigente cocalero volverá al poder, "como lo hizo acá Cristina".
"Los últimos tres días no pudimos comunicarnos con mi primo porque cortaron el servicio de telefonía", cuenta con preocupación Yeshid Espejo. Ingeniero informático recibido en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), Espejo nació en La Paz hace 31 años y siendo muy chico se mudó a Buenos Aires junto a sus padres. Periódicamente viaja a la capital boliviana, a visitar a la familia que quedó allá. Para Espejo, Morales "hizo muchas cosas en el país y el cambio fue radical: ahora hay carreteras, médicos y hospitales". Pero prefiere no ponerle un nombre a su salida abrupta del poder porque "no está toda la información clara": en su opinión, el problema principal es que "la gente es muy manipulable y la compran con una bolsa de arroz".
Raúl López Baraldini, un empleado bancario boliviano de 25 años, considera que "no hubo un golpe de Estado, sino que el pueblo salió a las calles y la policía también se unió" luego de que la Organización de Estados Americanos (OEA) declarara que hubo fraude en las elecciones. Para el joven, además, los indicadores económicos del país vecino "hay que mirarlos con lupa, y mucho dinero entra por el narcotráfico", aunque también corresponde "observar y juzgar los destrozos y amenazas a los ministros de Evo" ocurridos durante los últimos días.
El arquitecto Ricardo Calderón tiene 56 años y es miembro de diferentes organizaciones de la comunidad boliviana en la Argentina. En su opinión, el progreso económico que experimentó Bolivia no es sostenible y eso explica la situación actual. "Hay una especie de burbuja por la venta de gas, que le permitió a Evo tener un flujo de dinero, pero no sirvió para generar puestos de trabajo, por eso la migración de los bolivianos hacia otras países es constante", asegura.
En cuanto a lo político, Calderón opina que Morales "no respetó la Constitución ni el resultado del referéndum" en el que consultó a la población sobre la posibilidad de presentarse para un nuevo mandato. "El Ejército no está como fuerza política reclamando el poder, pero le sugirieron que renunciara para pacificar el país, se lo pidió la Iglesia también", sostiene.
Con la colaboración de Alejandro Horvat
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