
Putin, ante una seria crisis
Por primera vez se refirió al Kursk; los militares buscan evadir responsabilidades
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MOSCU.- En medio de acusaciones cruzadas entre los militares por la responsabilidad en el accidente del submarino Kursk, el presidente ruso, Vladimir Putin, se refirió ayer por primera vez al caso, que ha generado una seria crisis en el gobierno.
"La situación es difícil y diría que crítica, pero se está haciendo todo lo que se puede hacer", dijo Putin en un mensaje televisivo desde Sochi, una playa en el mar Negro donde el mandatario pasa sus vacaciones. Mientras tanto, en el Ministerio de Defensa, nadie quiere hacerse responsable del accidente.
El mandatario dijo también que "nuestros socios en los países extranjeros proponen a Rusia ayuda y consultas para salvar a la tripulación, pero nuestros especialistas afirman que disponemos de todo lo necesario". De cualquier manera, más tarde se aceptó la ayuda de Noruega e Inglaterra.
En sus declaraciones, Putin no mencionó cuándo ocurrió el incidente en el submarino, aunque aseguró que las tareas de rescate comenzaron "desde los primeros minutos después del accidente, sin precisar día ni hora".
La actitud de Putin había sido criticada por la prensa, en especial por Nezavisimaya Gazeta, que señaló que "si la tripulación del Kursk no es rescatada, la reputación del gobierno ruso se verá dañada irremediablemente".
Por su parte, el popular diario Komsomolskaya Pravda publicó una "crónica de tragedia y mentiras", en la que resaltó las omisiones y las contradicciones en las declaraciones oficiales en relación con el Kursk.
También indicó que la comisión gubernamental establecida no se reuniría hasta hoy. "En tiempos en que cada minuto importa, la Ôurgencia´ demostrada por los funcionarios es sorprendente, por decirlo en términos corteses", señaló el diario.
Junto a la conducta de Putin, otras filtraciones a la prensa de fuentes militares revelaron una frenética carrera de nervios dentro del Ministerio de Defensa y el almirantazgo para eludir la responsabilidad, y denunciaron que la "soberbia" puede acabar en tragedia por rechazar ayuda exterior.
Los diarios coinciden en que viejos demonios rusos yacen bajo la operación de salvamento: la búsqueda de un culpable o chivo expiatorio, el orgullo nacional herido por pedir ayuda internacional, y un orden de prioridades que valora más al submarino y sus secretos nucleares que a la tripulación.
El Nezavisimaya Gazeta opinó que una prueba de la buena intención de Putin sería una "orden clara para salvar a la gente a toda costa, incluso al precio de perder el submarino".
En tanto, el diario Sevodnia declaró que "en los despachos del Estado Mayor planea el fantasma de las destituciones" y que "nadie quiere asumir la responsabilidad de nada".
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