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Putin saluda a los enviados de Trump, Jared Kushner y Steve Witkoff, antes de las conversaciones en el Palacio del Senado del Kremlin, en Moscú

Putin recibe una invitación tácita a una confrontación mucho más peligrosa

Operaciones de “zona gris” se multiplican en Europa mientras Washington evita una respuesta contundente y el Kremlin tantea hasta dónde puede avanzar sin enfrentar mayores costos

Operaciones de “zona gris” se multiplican en Europa mientras Washington evita una respuesta contundente y el Kremlin tantea hasta dónde puede avanzar sin enfrentar mayores costos

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WASHINGTON.- El líder bolchevique Vladimir Lenin probablemente nunca pronunció la máxima que suele atribuírsele: “Avanza con las bayonetas. Si encuentras algo blando, sigue; si encuentras acero, retrocede”. Pero la frase describe con bastante precisión la metodología del presidente ruso, Vladimir Putin.

Exagente de la KGB, Putin comenzó su largo período en el poder en 1999 lanzando una guerra contra Chechenia en represalia por una serie de atentados con bombas en edificios residenciales de Rusia, que atribuyó a terroristas chechenos, aunque existe la sospecha de que pudieron haber sido obra del propio servicio de inteligencia ruso FSB. En 2008, Putin invadió Georgia; Rusia todavía ocupa alrededor del 20% de ese país. En 2014, se apoderó de Crimea y puso en marcha una guerra indirecta en el este de Ucrania. En el curso de esa operación, fuerzas rusas derribaron un avión de pasajeros de Malaysia Airlines y mataron a 298 personas.

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Al comprobar que su agresión encontraba más debilidad que resistencia, Putin debió sentirse envalentonado. En 2022 lanzó una invasión a gran escala de Ucrania.

Una mujer camina por una ruta mientras se eleva humo de un depósito destruido tras un ataque ruso con drones en las afueras de Kiev
Una mujer camina por una ruta mientras se eleva humo de un depósito destruido tras un ataque ruso con drones en las afueras de KievFrancisco Seco - AP

La ofensiva rusa contra Ucrania terminó teniendo consecuencias negativas para Moscú debido a la firme resistencia ucraniana, respaldada por Occidente. Putin, que también recibió abundante ayuda de China, Corea del Norte e Irán, culpa a los países que apoyan a Ucrania de prolongar la guerra. La semana pasada calificó a las naciones occidentales de “tiburones del imperialismo” y advirtió: “Si alguien intenta arrastrarnos hacia abajo en la cadena alimentaria, engullirnos o devorarnos, puede terminar recibiendo un puñetazo en los dientes”.

No es casualidad, camarada, que los ataques encubiertos rusos contra Europa estén escalando rápidamente. Los drones rusos ingresan cada vez con mayor frecuencia en el espacio aéreo europeo. Algunas de esas incursiones pueden ser accidentales, pero el principal general de Alemania advirtió el mes pasado que los rusos están cartografiando las defensas aéreas europeas y buscando puntos débiles.

Rusia también lleva adelante operaciones de sabotaje en distintos puntos de Europa. En 2024, agentes rusos fueron sospechados de intentar asesinar al jefe del gigante alemán de defensa Rheinmetall y de tratar de hacer explotar aviones de carga de DHL mediante paquetes bomba.

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Vecinos observan mientras los bomberos trabajan después de que un ataque con drones rusos alcanzara un edificio residencial en Kiev
Vecinos observan mientras los bomberos trabajan después de que un ataque con drones rusos alcanzara un edificio residencial en KievFrancisco Seco - AP

Ante una respuesta nuevamente débil, Putin no hizo más que acelerar sus ataques. La semana pasada, las autoridades alemanas responsabilizaron a Rusia por intentos de ataque ocurridos a comienzos de agosto contra aviones en el aeropuerto de Leipzig/Halle mediante drones cargados con explosivos. También se cree que el Kremlin está detrás de numerosos otros ataques registrados durante el último mes, entre ellos incendios provocados en plantas vinculadas a la defensa en Bulgaria, Italia, Estonia, Eslovaquia y Polonia.

A esto se lo conoce como guerra “híbrida” o de “zona gris”, pero una descripción más precisa sería terrorismo patrocinado por el Estado.

La OTAN necesita una respuesta firme para disuadir a Putin de intensificar sus ataques contra Europa. Alemania anunció que cerraría un consulado ruso en Bonn y un centro cultural ruso en Berlín. Eso no disuadirá a Putin en lo más mínimo.

Agentes de policía registran un campo en el aeropuerto de Leipzig/Halle tras un incidente con un dron
Agentes de policía registran un campo en el aeropuerto de Leipzig/Halle tras un incidente con un dronHendrik Schmidt - dpa DPA
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Al menos los europeos están dispuestos a señalar abiertamente a Rusia. Estados Unidos ni siquiera está dispuesto a llegar tan lejos. Matthew G. Whitaker, embajador estadounidense ante la OTAN, escribió en X que “Estados Unidos se solidariza con Alemania y con todos los aliados frente a los intentos de causar daño y caos en territorio de la OTAN”, pero evitó especificar de dónde provenían esos intentos.

Trump guardó absoluto silencio sobre el tema, pero todo lo que dice y hace envía la señal equivocada al Kremlin. Acaba de afirmar que es más difícil tratar con Canadá que con China o Rusia, e invitó la semana pasada al ministro de Finanzas ruso a participar de la cumbre del Grupo de los 20 por primera vez desde 2022.

El sábado, los enviados de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, mantuvieron un encuentro cordial con Putin en el Kremlin antes de viajar por primera vez a Kiev. Witkoff le dijo al “carnicero de Bucha” que “cuando nos jubilemos tendremos todas estas historias y recuerdos increíbles, y los suyos estarán entre los primeros de todos”.

Los enviados de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, participan de las conversaciones con Putin, en el Palacio del Senado del Kremlin, en Moscú
Los enviados de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, participan de las conversaciones con Putin, en el Palacio del Senado del Kremlin, en MoscúGavriil Grigorov - Pool Sputnik Kremlin

Todo esto ocurre después de que Trump provocara a comienzos de este año una crisis transatlántica al amenazar con atacar Groenlandia. Más tarde culpó a los europeos por su fracaso a la hora de reabrir el estrecho de Ormuz.

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A lo largo de su segundo mandato, Trump redujo drásticamente el respaldo estadounidense a Ucrania. Pareció cambiar de posición en la cumbre de la OTAN de julio, cuando prometió permitir que Kiev fabricara sus propios misiles de defensa aérea Patriot, pero desde entonces retrocedió.

El director de la CIA, John Ratcliffe, viajó el mes pasado a Moscú para advertir a Putin contra una escalada de la guerra en Ucrania, pero los mensajes contradictorios de Trump debilitan cualquier advertencia de ese tipo.

Zelensky recibe al enviado especial de Estados Unidos Steve Witkoff antes de sus conversaciones en Kiev
Zelensky recibe al enviado especial de Estados Unidos Steve Witkoff antes de sus conversaciones en KievGENYA SAVILOV - AFP

A pesar de las afirmaciones de Trump de que Europa se aprovecha de la generosidad de Estados Unidos, los europeos ya proporcionaron más ayuda total a Ucrania y siguen prometiendo todavía más. Gran Bretaña y Francia acordaron recientemente otorgar a Ucrania una licencia para fabricar sus propios misiles de crucero SCALP.

Sin embargo, tanto Europa como Estados Unidos siguen siendo extrañamente reticentes a entregar a Ucrania los 300.000 millones de dólares en activos rusos congelados. Enviar ese dinero a Kiev sería la señal más contundente de Occidente de que el ataque terrorista ruso contra Europa es inaceptable.

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La principal prioridad para Ucrania es ahora mejorar sus defensas aéreas frente a una amenaza creciente de misiles balísticos rusos y drones propulsados a reacción.

Una playa junto al estrecho de Ormuz, en Bandar Abbas, Irán
Una playa junto al estrecho de Ormuz, en Bandar Abbas, IránVahid Salemi - AP

Por desgracia, Trump desperdició valiosos sistemas Patriot en una guerra innecesaria con Irán y, aun si Ucrania obtiene una licencia para fabricarlos, eso llevará años. Una próxima entrega italiana de sistemas de defensa aérea SAMP/T New Generation debería ayudar.

También sería útil, como señaló mi colega de The Washington Post Marc Thiessen, que Corea del Sur aceptara vender a Ucrania sus baterías de defensa antimisiles M-SAM II. Tanto Europa como Estados Unidos deben presionar a Seúl para que proporcione esa ayuda antes de que más civiles ucranianos mueran en ataques con misiles rusos.

Mientras tanto, en el terreno ofensivo, el gobierno de Trump debería presionar a Elon Musk para que permita a Ucrania utilizar su sistema de internet satelital Starlink para mejorar la precisión de sus drones contra lanzadores de misiles balísticos ubicados en territorio ruso.

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En síntesis, Occidente necesita elevar el costo de la agresión de Putin. Si la respuesta sigue siendo débil, existen buenos motivos para temer que Rusia amplíe sus ataques —por ejemplo, contra las repúblicas bálticas— y termine provocando una guerra abierta con la OTAN.