¿Qué cambió después de casi cuatro meses de guerra? Poco y nada, según los analistas
Ni la guerra ni el acuerdo eliminaron las principales amenazas que plantea Irán
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NUEVA YORK.– Cuando desató la guerra con Irán, el 28 de febrero, el presidente Donald Trump promocionó su campaña bélica como un paso sin precedentes para transformar Medio Oriente y eliminar la amenaza de la que calificó como “una dictadura fanática y perversa”.
Casi 100 días después, Estados Unidos e Irán llegaron a un vago “memorándum de entendimiento” y los escépticos se preguntan con desconcierto qué es lo que se supone que cambió.
Ni la guerra ni el acuerdo eliminaron lo que los gobiernos de Israel y Estados Unidos consideran como las mayores amenazas que plantea Irán. El programa nuclear del país, aunque severamente dañado, no fue eliminado: su destino quedó sujeto a futuras negociaciones…
Lo mismo puede decirse de su programa misilístico, que el acuerdo ni menciona. El régimen autoritario de Irán sigue ahí, aunque con nuevos líderes, y sus fuerzas subsidiarias siguen siendo una amenaza para toda la región. De hecho, los ataques entre Israel y Hezbollah en el Líbano continúan.
Ya el sábado, hasta el resultado más inmediato que debía tener el acuerdo —la reapertura del estrecho de Ormuz, que Trump había calificado de “esencial”— pareció estar en duda. Los militares iraníes dijeron que iban a cerrar nuevamente el estrecho porque Estados Unidos no había logrado el fin de los combates en el Líbano. Desde el Pentágono lo negaron, diciendo que el estrecho seguía abierto tal como estipulada el acuerdo.
“No es un documento que Estados Unidos aceptó porque dejó demostrada su superioridad militar”, dice Caitlin Talmadge, profesora del MIT y especialista en temas del seguridad del Golfo Pérsico. “Me parece que es un documento que demuestra que Estados Unidos se dio cuenta de que mordió más de lo que puede masticar y no quiere escalar el conflicto”.
Es un buen objetivo, dice Talmadge, “pero uno realmente se pregunta qué se logró, en especial en comparación con el acuerdo nuclear original con Irán”.

Por el contrario, las recompensas económicas que podría recibir Irán serán cuantiosas. Ese sí es un cambio significativo, y no precisamente a favor de Estados Unidos.
Aunque el memorándum contempla el libre paso de buques durante dos meses, Teherán ha amenazado con empezar a aplicar una tarifa de tránsito, algo que no existía antes de la guerra.
El corazón del memorándum es que Irán abandonará su hostilidad contra Estados Unidos y sus aliados regionales a cambio de amplios beneficios económicos, en algunos casos graduales, que incluyen el levantamiento del bloqueo naval, un fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares creado por los Estados árabes del Golfo, la liberación de miles de millones de dólares de activos iraníes congelados, y el fin de todas las sanciones impuestas por Estados Unidos.

El acuerdo es tan ambicioso, según dijo el jueves ante la prensa el vicepresidente J.D. Vance, que aspira a transformar la hostilidad que tiene Irán hacia Estados Unidos y sus propios vecinos desde la revolución islámica de 1979.
“La gente dice que los iraníes nunca van a cambiar. Bueno, tal vez sea cierto, y entonces no recibirán ninguno de los beneficios del acuerdo”, dijo Vance. “¿Pero no vale la pena intentarlo?”
Los expertos en asuntos de Medio Oriente opinan lo contrario. Las guerras en Medio Oriente suelen profundizar la radicalización, y no la liberalización, dice Karim Haggag, directora del Instituto de Investigaciones para la Paz de Estocolmo, Suecia. “La realidad es que como resultado de esta guerra la región es más insegura que antes”.
Este es un análisis de los efectos del memorándum para cada uno de los países involucrados:
Estados Unidos
Vance aseguró que el acuerdo retiene el poder de influencia de Estados Unidos sobre Irán, ya que Washington podría abrir o cerrar a su voluntad la canilla de ayuda financiera. Pero los analistas internacionales dudan.
Es cierto que Trump rompió el tabú norteamericano de atacar a Irán, pero al hacerlo, según los analistas, desperdició la herramienta más poderosa que Washington se reservaba desde la Revolución Islámica: la amenaza del uso de la fuerza. Estados Unidos la utilizó y no le alcanzó para lograr sus objetivos, una conclusión que seguramente también habrá sacado Irán…
En la guerra inicial de 12 días de junio pasado, por ejemplo, el ejército norteamericano logró socavar la operatividad a largo plazo del programa nuclear iraní con bombarderos de largo alcance que sepultaron las instalaciones nucleares bajo una montaña de escombros, explica Talmadge, del MIT.
Pero la guerra de este año tuvo el efecto contrario, dice Talmadge, ya que Trump desistió de una escalada mayor. “En cierto modo, Estados Unidos erosionó la ventaja que tenía previamente”, apunta Talmadge.
Por otro lado, los ataques iraníes contra bases militares norteamericanas en Medio Oriente causaron extensos daños que socavaron otra faceta de la influencia norteamericana: su supuesta invulnerabilidad.
Además, el memorándum incluye una cláusula adicional: que fuerzas norteamericanas no especificadas deben retirarse “de las proximidades” de Irán en un plazo de 30 días.
“¿En qué momento negociamos con los iraníes sobre el despliegue de nuestras fuerzas en el futuro?”, se pregunta con incredulidad Robert S. Ford, exembajador de Estados Unidos en la región.
Irán
Irán quedó totalmente devastado y con un saldo informado de 1700 civiles muertos. Durante la guerra murieron el líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei y decenas de altos mandos militares, y las defensas aéreas del país demostraron ser vulnerables. La reconstrucción de la infraestructura militar e industrial costará cientos de miles de millones de dólares. La inflación se está disparando y el elevado nivel de desempleo podría fogonear el descontento popular.
Pero la tenacidad del gobierno sirvió para “reconfirmar la percepción que tiene Irán de su propia seguridad”, sostien Afshon Ostovar, autor de Wars of Ambition: The United States, Iran, and the Struggle for the Middle East (“Guerras de ambición: Estados Unidos, Irán y la lucha por Medio Oriente”).
Según los analistas, pensar que Irán va a modificar su hostilidad hacia Estados Unidos y sus aliados a cambio de mayor prosperidad es una apuesta arriesgada, ya que siempre ha optado por la confrontación.
Israel
Israel entró en la guerra convencido de que dejaría neutralizado a Irán durante al menos una generación.
En cambio, se vio marginado por su aliado, Estados Unidos, en un acuerdo que no solo ignora sus objetivos, sino algo peor aún, que limita su libertad para atacar en territorio de el Líbano. Trump también ha criticado repetidamente al primer ministro Benjamin Netanyahu, revelando una inusual discrepancia en las relaciones entre Estados Unidos e Israel en un momento muy delicado y con las elecciones israelíes a la vuelta de la esquina.
Desde la perspectiva de Israel, el memorándum es una catástrofe. “Con esto se derrumba toda nuestra estrategia hacia Irán”, dice Danny Citrinowicz, un oficial retirado de la inteligencia israelí especializado en Irán.
Líbano
Los analistas consideran que Líbano es el punto débil del memorándum.
Muchos de los seguidores de Hezbollah, en su mayoría musulmanes chiítas, se habían enemistado con la agrupación por haber involucrado al Líbano en dos guerras devastadoras: una en apoyo de Hamas en la Franja de Gaza, y la otra cuando Israel atacó a Irán. Según el Ministerio de Salud del Líbano, a causa de esos conflictos han muerto miles de libaneses: tan solo este año murieron 4000 civiles.
La falta de apoyo financiero de Irán para la reconstrucción del Líbano aumentó la indignación popular. Pero los analistas dicen que ahora la Guardia Revolucionaria iraní está trabajando a fondo para restaurar la capacidad militar de Hezbollah, y parte del dinero de reconstrucción que le prometieron a Irán bien podría terminar financiando a esas milicia. Esto incentiva a Hezbollah a respetar el acuerdo.
Tanto Trump como el vicepresidente Vance han reconocido que es probable que en el Líbano la violencia continúe, pero no está claro cuánta violencia más haría falta para desencadenar una intervención fuerte de Estados Unidos.
Traducción de Jaime Arrambide
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