
Recuerdos de una embajada tomada
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LIMA, 9.- A más de tres meses del rescate de los rehenes en poder del comando del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), que tomó la casa del embajador del Japón en Perú, Morihisa Aoki, el episodio aún es una herida abierta en la memoria de quienes lo vivieron. No son propensos a hablar del tema, como si el cautiverio les hubiera dejado una experiencia que todavía resulta difícil asimilar.
Hoy, la residencia de Aoki está tranquila y silenciosa tras los muros que la encierran. Un sólido dispositivo policial vigila la apacible declinación de la casa, dañada para siempre por las explosiones del operativo de rescate Chavin de Huantar. Habrá de caer en algún día no lejano, cuando las topadoras borren para siempre uno de los testimonios más crudos de ese drama.
El cónsul argentino en Lima, Juan Antonio Ibáñez Echeverría, fue, junto con el embajador de Honduras, el último diplomático extranjero en ser liberado por los emerretistas, pues sólo quedó cautivo el de Bolivia. Tiene 47 años y las semanas de tortura que debió afrontar le enseñaron "que cada amanecer significa la maravillosa posibilidad de vivir un día más, algo que antes tomaba sin plena conciencia, con absoluta naturalidad".
Aprender en la crisis
En una entrevista con La Nación en la capital peruana, Ibáñez sostuvo que "de las situaciones extremas se aprende que la solidaridad es uno de los valores fundamentales de la vida. Esas situaciones sirven también para reencontrarse con los afectos auténticos, aquellos que hacen pensar que uno no se ha equivocado en la vida y que ha elegido el camino correcto".
-¿Tuvo miedo?
-Desde el primer momento. Creo que hay que estar loco para no tener miedo viviendo ante la boca de un fusil. Los emerretistas no ejercieron violencia física sobre nosotros, pero sí psicológica.
-¿Cómo era la vida de los rehenes?
-La residencia estaba atiborrada, de manera que dormíamos en el suelo. La situación se complicó al acabarse la luz y el agua, pero la Cruz Roja comenzó a operar casi de inmediato. Cada dos días traía mudas de ropa y agua en bidones, que repartíamos a razón de medio litro por persona para toda necesidad.
-Hay versiones contradictorias acerca del ingreso de los emerretistas en la residencia, que nunca fueron aclaradas. Algunos dicen que lo hicieron disfrazados de camareros y otros mediante un golpe de comando. ¿Cómo fue realmente?
-Fue un golpe de comando. Hubo una explosión y de inmediato los tuvimos en la sala, vestidos con ropa de combate y apuntándonos con sus fusiles. Nos quedamos de piedra, pero no hubo pánico en ningún momento. Ellos mismos estaban sorprendidos de su éxito, porque no sufrieron una sola baja en el asalto.
-¿Conversaban con ellos a lo largo de los días?
-Sí, pero no querían profundizar. Sólo admitían diálogos superficiales.
-¿Cree que eran ideológicamente sólidos?
-Existía una gran diferencia entre los jefes y la tropa. Los que estaban al mando daban sensación de seguridad y convencimiento, pero el resto parecía estar allí por razones más emotivas que ideológicas. Además, eran muy jóvenes. Algunos no tenían más de quince o dieciséis años y se limitaban a obedecer ciegamente lo que les ordenaban los otros. En ese sentido, había un verticalismo absoluto.
-¿Actuaban con hostilidad o con firmeza?
-Con firmeza.
-¿Este episodio cambió su forma de vivir?
-Sí. Tengo más diálogo con mis hijos (uno de 19 años y otro de 23) y aprecio el valor de cada día que vivo en libertad. También soy más optimista y, si antes juzgaba poco, ahora no juzgo nada.
Pruebas para Fujimori
LIMA.- (De El Comercio, Grupo de Diarios América).- El abogado de la familia Fujimori, Sandro Fuentes, presentó ayer una serie de documentos sobre la nacionalidad peruana del presidente Alberto Fujimori, entre ellos la lista de inmigrantes japoneses a bordo del Bokuyo Maru, en donde aparecen sólo los nombres de los padres del mandatario, que a juicio del letrado habrían arribado al Perú sin tener hijos.
En una conferencia de prensa realizada anoche en Palacio de Gobierno, el ex ministro de Trabajo mostró los documentos que hacen referencia a que el padre del mandatario, Naoichi Fujimori, llegó al Perú en 1920 y regresó a Japón en 1934, pero no en 1932, como se ha argumentado en algunos documentos.
En su estadía -refirió- contrajo matrimonio con Mutsue el 1¼ de mayo de 1934, según lo registra el Koseki japonés, el árbol genealógico oriental.
En seguida mostró la lista de pasajeros japoneses del barco Bokuyo Maru, que zarpó del puerto de Yokohama el 11 de agosto. Allí aparecen solamente los nombres de los padres del mandatario. Asimismo presentó la relación hecha en tierra peruana con los inmigrantes que llegaron en dicha nave en la cual nuevamente figuran sólo los nombres de los padres del jefe de Estado.



