Revelan que el "abuelo adoptado" en Italia estafó a su nueva familia
Los Riva afirman que Giorgio Angelozzi pagó sus gastos con un cheque robado
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ROMA.- La historia del abuelo "adoptado" en Italia, que el año pasado conmovió al mundo, no tuvo un final feliz: la familia adoptiva del anciano dijo que éste la estafó pagándole con cheques robados.
Giorgio Angelozzi, el solitario viudo de 80 años que tuvo la insólita idea de ofrecer sus servicios como abuelo a través de un aviso en los diarios y recibió respuestas de varios países, se había mudado en septiembre último a la casa de Elio y Marlena Riva y sus dos hijos adolescentes en Spirano, cerca de Bérgamo.
El trato era que este profesor jubilado y viudo, que vivía en las afueras de Roma y que veía a su única hija muy de vez en cuando, aportaría 500 euros mensuales para los gastos domésticos a cambio de vivir en una casa con un gran jardín y calor de hogar.
Sin embargo, cuando ya había acumulado una deuda considerable, Angelozzi hizo las valijas y se fue de allí el mes pasado, alegando un viaje a Roma. Pero nunca llegó a esa ciudad, sino que se alojó momentáneamente con otra familia en Arquata, en la cercana región del Piamonte, a la cual habría robado cheques que usó hace diez días para pagar 3000 euros a los Riva y otros 2560 a su dentista.
Así lo aseguró al menos Elio Riva, que ayer se mostró muy decepcionado. "Es más que triste; es una desilusión -confesó-. No sospechábamos nada. Lo tomamos como una persona completamente normal."
Angelozzi fue hallado ayer en un hogar de ancianos del Estado en las afueras de Milán, adonde había llegado hace una semana sin dinero, informó el funcionario municipal Massimo Zennaro. Agregó que fue llevado a declarar a una comisaría de Treviglio, donde negó haber usado cheques robados y aseguró que había dejado a los Riva por la mala relación que tenía con Elio y Marlena.
Precisamente fue esta mujer, según afirmó Angelozzi el año pasado, la que lo decidió a elegir a esa familia entre los cientos de postulantes que respondieron al aviso. El anciano dijo que, cuando habló con Marlena por teléfono, su voz le recordó la de su difunta esposa.
"Fue como si Lucía me estuviera hablando. Supe de inmediato que había encontrado mi nuevo hogar", afirmó, y dijo que esperaba compartir la alegría de leer a los poetas latinos con sus nuevos nietos: Mateush, de 18 años, y Dagmara, de 16.
Hasta ese momento, Angelozzi vivía en San Polo dei Cavalieri, un pueblo en las afueras de Roma. Había enseñado latín y griego durante 40 años hasta su jubilación, en 1991.
Según él, desde que murió su esposa y se jubiló, pasaba semanas sin hablar con nadie. Aseguró que su hija, médica en zonas de guerra, sólo le podía dedicar de vez en cuando algunos minutos por teléfono.
"De repente me encontré conversando con mi esposa como si ella estuviera ahí", confesó.
El caso sensibilizó a Italia, un país tradicionalmente famoso por sus grandes familias unidas, pero en el que abundan los ancianos que deben cuidarse solos. También ilusionó a su nueva familia.
"Yo sólo quiero tener un abuelito, el resto no es importante", dijo entonces Dagmara, mientras su madre afirmaba que la llegada de Angelozzi a su vida era un "regalo de Dios".




