
San Pablo, una ciudad sitiada por la violencia
Sus habitantes intentan defenderse como pueden del pavoroso aumento de robos, asaltos y abusos sexuales.
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SAN PABLO.- Con disfraces, cursos para escapar de los ladrones y autos blindados, los habitantes de la mayor ciudad del Brasil intentan defenderse del incremento de la violencia que castiga a las clases media y alta y que últimamente parece ensañarse con las mujeres.
Mientras que en algunas zonas de la capital el número de homicidios ha disminuido hasta un 5% en relación con 1996, los robos y asaltos no paran de crecer y con frecuencia sus víctimas son sometidas a toda suerte de humillaciones, inclusive al estupro.
"Existe un incremento de la violencia profesional. El objetivo primordial de los ladrones sigue siendo el patrimonio de sus víctimas, pero cada vez tienen menos inconveniente en utilizar la violencia para sus fines", explica Guaracy Mingardi, especialista en el tema de la Universidad de San Pablo.
De acuerdo con la Secretaría de Seguridad Pública, los robos que incluyen agresiones o amenazas aumentaron más de 20% en este año, mientras que los hurtos simples crecieron menos del 10%.
La más nueva modalidad de la delincuencia en la ciudad es la protagonizada por las "bandas del choque", grupos de dos o tres maleantes especializados en cerrarle el paso o producir pequeñas abolladuras a autos en movimiento ocupados en su mayoría por mujeres solas. Al percibir que fue objeto de una colisión, la víctima baja de su coche y se encuentra con que en realidad se trata de un asalto o, peor aún, de un secuestro relámpago que en algunos casos puede durar varias horas.
"Estaba en una luz roja cuando un coche con tres hombres me cerró el paso. No sé cómo logré maniobrar y adelantarme, pero me persiguieron más de diez cuadras hasta que entré al estacionamiento de un hotel", relató a La Nación una funcionaria diplomática que prefirió no ser identificada.
Experiencia de pesadilla
Cuando la víctima no tiene tanta suerte se somete a una verdadera pesadilla. Una vez invadido su auto, los delincuentes la obligan a recorrer grandes distancias en la búsqueda de cajeros electrónicos en los que efectúan repetidos saques de dinero.
"Uno de los bandidos se sentó en el asiento de atrás y comenzó a darme golpes en la cabeza con el revólver. Después se puso a consumir cocaína y fue cuando vi que no iba a salir viva", relató una mujer de 34 años que logró escapar saltando del coche en movimiento.
Casos como éstos se han multiplicado en los últimos meses e incluyen abusos sexuales que en varias oportunidades han terminado en violación. Las mujeres, en su mayoría jóvenes de clase media y media alta, son sorprendidas entre las 8 y las 11 de la noche en barrios residenciales de San Pablo. En sus relatos queda claro que además del objetivo económico lo asaltos tienen un alto contenido de resentimiento social.
"Es el resultado de esa mezcla de pobreza y riqueza extrema que se ve en la ciudad. Jóvenes que no entran al mercado de trabajo y que viven en barrios periféricos sufren fuertes presiones para consumir bienes materiales inalcanzables y optan por la delincuencia", explica el investigador Mingardi.
La desidia de las autoridades también cuenta. La policía se ha mostrado incompetente para contener la escalada de violencia y muchos de los delitos ni siquiera son denunciados. Se calcula que 78 mil esquinas de la ciudad carecen del patrullaje adecuado.
Autos blindados
Por eso la única solución a la vista parece ser la seguridad privada. El número de autos blindados de la fábrica Armor creció 35% entre el 96 y el 97, frente al 20% ocurrido entre 1995 y 1996. "La violencia ya está en el centro comercial, en las calles y en las áreas de mayor movimiento", explica Miguel Martínez, propietario de Armor.
El empresario cuenta que el principal temor de sus clientes no es ser víctimas de un secuestro sino ser asaltados en las esquinas, a cualquier hora del día. "El 80% de ellos percibe que la violencia ya no está en la periferia sino que le sigue los pasos", declara Martínez.
El blindaje del auto -al cual las mujeres adhieren con entusiasmo creciente- puede costar entre 38 y 45 mil dólares.
Manual de supervivencia
En la época del "sálvese quien pueda" las revistas ofrecen consejos que pueden ser de ayuda. El semanario Istoé incluyó un "Manual de supervivencia en la selva", con recomendaciones como no detenerse si su auto es estrellado y circular en todo momento con los vidrios cerrados.
La revista Veja San Pablo, por su parte, sugiere a las mujeres que no salgan solas de noche y eviten permanecer dentro del coche en la calle cuando éste se encuentre detenido.
Algunas mujeres han diseñado sus propias estrategias. La publicista Denise Kracochansky, de 26 años, confesó que esconde su cabellera bajo una gorra cuando conduce a la noche y está tentada de comprar un bigote para parecer un hombre al volante.
También comienzan a recibir publicidad otros recursos como clases de conducción defensiva que antes estaban reservadas a los miembros de los cuerpos de seguridad. Por US$ 200 una academia ofrece un curso para escapar a emboscadas, dar vueltas de campana y chocar el auto de los asaltantes sin resultar herido.
El dueño de la escuela sostiene que gran parte de su clientela son mujeres cansadas de llevar la peor parte en esta guerra que se libra en pleno corazón industrial de Brasil.




