¿Se puede comprar una campaña electoral?; en EE.UU. los hermanos Koch creen que sí

Los republicanos ya comienzan a trazar sus estrategias para recuperar la Casa Blanca cuando Barack Obama termine su mandato en el 2017
Los republicanos ya comienzan a trazar sus estrategias para recuperar la Casa Blanca cuando Barack Obama termine su mandato en el 2017
Donarán casi 1000 millones de dólares para que los republicanos vuelvan al poder
Silvia Pisani
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8 de febrero de 2015  

WASHINGTON.- Se los llama de muchas maneras. Hay quienes hablan de ellos como "el poder en las sombras". O "el partido político de facto" o, más duramente, como "la billetera oculta que compra presidentes". Los apelativos pueden variar pero todos aluden a lo mismo: un poder enorme para desbancar a los partidos políticos e influir por sí mismos en el proceso electoral de Estados Unidos.

Así se habla de Charles y David Koch, más conocidos por aquí como "los hermanos Koch", los magnates del petróleo y los químicos que destinarán cerca de 1000 millones de dólares para la campaña electoral con la que los republicanos aspiran a recuperar la Casa Blanca cuando termine el mandato de Barack Obama , en enero de 2017.

Son un nuevo fenómeno en política. Uno con capacidad para desbalancear el escenario tradicional y que, aquí, despierta dos tipos de reacciones. La indignación más absoluta de unos pocos y la indiferencia de la mayoría. "Ése es el principal problema que tenemos. Que están comprando al próximo presidente de los Estados Unidos y nadie reacciona", decía, días atrás, Bernie Sanders, un senador independiente que suele votar con los demócratas.

La posición de Sanders, todo un personaje político en sí mismo, fue reflejada en una magistral crónica de The Washington Post, en la que se lo describía llamando a una revolución popular contra la manipulación del voto. Una patriada que tropezaba, sin embargo, con un problema de fondo: no había quién lo acompañara.

Ese estado de cortés aceptación es la contracara de la nueva danza a la que invitan "los Koch".

Hace años que los hermanos financian campañas políticas con sumas astronómicas. Pero ahora decidieron cambiar en dos cosas: por un lado, elevar la meta de dinero que manejan, al punto de hacerla equivalente a lo que proyecta por sí mismo cada uno de los partidos tradicionales.

Por el otro, apartarse del secretismo. El monto de 889 millones de dólares fue anunciado en un reciente retiro partidario de dos días que ellos mismos organizaron en California.

Ellos fueron las estrellas y, por tanto, a nadie sorprendió que omitieran invitar a las principales autoridades del Partido Republicano. Pero decenas de aspirantes a cargos políticos acudieron puntuales a la codiciada invitación. "Es casi imposible que un aspirante republicano deseoso de participar en la carrera por la Casa Blanca y escaso de fondos de campaña resista al llamado de los Koch", dijo un analista conservador a LA NACION.

Desde el costado demócrata, el diagnóstico es coincidente. "No sorprende que los candidatos aparezcan cuando los llaman los hermanos Koch", admitió David Axelrod, consejero político del presidente Obama. "Exponencialmente, tienen más recursos que los que gastará cualquier organización partidaria. En muchos sentidos, han desbancado a los partidos políticos tradicionales", añadió.

Los números parecen darle la razón. La meta de 889 millones de dólares está muy cerca de igualar el gasto que cada uno de los dos partidos mayoritarios efectuará en respaldo de sus candidatos.

Desde esa lógica, lo que se perfila es que habrá una campaña de cerca de 3000 millones de dólares, un nuevo récord. Pero tan significativo o más que eso es cómo se aportará ese dinero: los partidos Demócrata y Republicano intentarán reunir un tercio cada uno de ellos.

Los Koch, con su propio tercio, tendrán, en los hechos, el mismo poder financiero para orientar una campaña con la misma fuerza económica que toda la estructura partidaria. "Es casi como si esta gente estuviese creando su propio partido político", dijo el ex gobernador de Ohio Ted Strickland, titular del American Progress Action.

Hay quienes empiezan a preguntarse abiertamente si el poder de los Koch y de su red de donantes podría llegar a hacer realidad la "compra" de un presidente, tantas veces planteada desde el ensayo político y tantas veces relatada en la ficción. "No, no se puede comprar un presidente", asegura Lloyd Mayer, profesor de Derecho en la Universidad de Notre Dame, con sede en esta ciudad. "El dinero no alcanza. Hacen falta los votos", añadió.

Para muchos, sin embargo, la cuestión es fronteriza. La legislación está del lado de los Koch. Hace pocos años, la Corte Suprema flexibilizó las normas para donar dinero de campaña. Bajo ese amparo, es casi imposible ir contra el fenómeno que ahora impacta en el proceso electoral.

Basada en el petróleo, pero con ramificaciones en varios negocios, la fortuna de los Koch se sitúa cómodamente entre las diez primeras de este país.

Dos bolsillos generosos

Charles Koch

Presidente de Koch Industries

Multimillonario de 79 años, al frente del emporio familiar del petróleo y la química, Charles apoya a políticos y centros de estudios conservadores

David Koch

Vicepresidente

De 74 años, David secunda a su hermano mayor, Charles, en la empresa que heredaron de su padre y es a la vez un conocido filántropo y activista político

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