
"Sean pastores, no burócratas", reclamó a los obispos del mundo
El Papa delineó el perfil que deberán tener en el Tercer Milenio Juan Pablo II promulgó ayer una Exhortación Apostólica El cardenal argentino Jorge Bergoglio, mencionado como un posible sucesor, será el encargado de presentar hoy el documento
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ROMA (De nuestra corresponsal).- Ayer, en el día del XXV aniversario de su pontificado, Juan Pablo II firmó y promulgó la Exhortación Apostólica post-sinodal Pastores Gregis -Los pastores de la Grey-. Un documento de 188 páginas para los 4695 obispos de todo el mundo, fruto del Sínodo de fines de 2001, en el cual trazó una suerte de "testamento espiritual", al delinear la identidad del obispo del Tercer Milenio, es decir, de su sucesor.
"Sean pastores, no burócratas", dice el documento, que también llama a los obispos a la pobreza y a la castidad y a ser protagonistas en oponerse a la "guerra de los potentes en contra de los débiles que abrió profundas divisiones entre ricos y pobres". El Papa lo firmó simbólicamente en una fecha clave, ante todos los cardenales del mundo, sacerdotes y 7000 fieles, ayer, por la mañana, en el Aula Pablo VI, después de pronunciar parte de un discurso (la mayoría la leyó el arzobispo Leonardo Sandri) en que llamó a los obispos a "no tener miedo".
Sobre el palco, a la derecha del Pontífice, en posición privilegiada, se encontraba el cardenal argentino Jorge Bergoglio, que formó parte del "equipo" que dirigió el Sínodo sobre el Obispo Servidor del Evangelio, de septiembre-octubre de 2001. Fiel a su perfil más que bajo -y a diferencia de muchos cardenales que están aquí en una virtual "campaña electoral"-, el arzobispo de Buenos Aires, cuando llegó al auditorio, quiso sentarse en la platea, en las primeras filas destinadas a los cerca de 150 cardenales presentes en Roma. Pero enseguida, y muy a su pesar, fue llamado a subir al palco.
Bergoglio, de 66 años y mencionado en varias listas como un buen candidato para suceder a Juan Pablo II, negó entrevistas a todos los medios que se lo pidieron -incluso LA NACION- por considerar que no correspondía, visto que su presencia aquí se debía al 25° aniversario de pontificado del Papa. Es por esto que hoy, cuando brindará una conferencia de prensa de presentación de "Pastores Gregis", el cardenal argentino será puesto bajo la lupa por muchos medios de todo el mundo.
"El obispo es llamado a ser profeta, testigo y siervo de la esperanza", dice la Exhortación Apostólica promulgada ayer, que evoca los dramáticos eventos del 11 de septiembre de 2001 y los horizontes de "guerra y muerte que se agregaron a los conflictos ya existentes". Bergoglio fue justamente nombrado relator adjunto en el Sínodo que se celebraba en ese momento en Roma, porque el cardenal Edward Egan, arzobispo de Nueva York, debió regresar de inmediato a Estados Unidos.
Materialismo y escándalos
El documento destaca el "fracaso de las esperanzas humanas basadas en ideologías materialistas, inmanentistas y economicistas, que pretenden medir la realidad en términos de eficiencia y de relaciones de fuerza y de mercado". Además, alude -sin nombrarlos- a los escándalos por casos de pedofilia que afectaron a distintas iglesias locales, al exigir al obispo ser "firme, decidido, justo y sereno" frente a "faltas graves y delitos que perjudican el testimonio mismo del Evangelio". Finalmente, llama al obispo a ser "operador de justicia y paz", a respetar la "opción preferencial por los pobres" y a promover "la globalización de la caridad que se funda en la dignidad de la persona humana, en la solidaridad y en la subsidiariedad".
Consultado por LA NACION, el sacerdote argentino Claudio Caruso, de Mercedes-Luján, pero en Roma por estudios, consideró que el documento es "muy comprometedor para los obispos, en cuanto a que deben ser servidores del Evangelio, estar al servicio del pueblo y ser testimonios de esperanza, viviendo el Evangelio en todas sus dimensiones, incluso la de la pobreza", opinó.
Alceste Santini, vaticanista de Il Nuovo, destacó que, pese a que el documento valora la función del obispo, sigue sin resolver el problema de la colegialidad (democracia) en el Vaticano, porque los Sínodos episcopales siguen siendo de carácter consultivo y no deliberativo.



