Sin garantías para turistas e inversores, Egipto vuelve a asomarse al abismo
El gobierno de Al-Sisi no logra mejorar las cuentas ni doblegar la amenaza terrorista
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TÚNEZ.- El verano pasado, una ola de optimismo cubrió el palacio presidencial de Ittihadia, en El Cairo. La compañía italiana ENI recién había descubierto el mayor yacimiento de gas natural del Mediterráneo en las aguas territoriales egipcias, el PBI por fin empezaba a repuntar y el raïs Abdel Fatah al-Sisi recibía una invitación para visitar el número 10 de Downing Street.
Londres era la última gran capital europea en dar su espaldarazo a un régimen surgido de un controvertido golpe de Estado en 2013. Con los Hermanos Musulmanes descabezados y la oposición laica neutralizada, parecía que las cosas iban viento en popa para el régimen egipcio.
Sin embargo, octubre fue nefasto y ya vuelven a divisarse negros nubarrones en el horizonte de Egipto. Para empezar, la primera ronda de las elecciones legislativas registraron una participación paupérrima, de poco menos del 20%, barómetro de una popularidad a la baja. Pero la estocada llegó a fin de mes, con el siniestro del avión civil ruso con 224 personas a bordo en la península del Sinaí, probablemente derribado por la filial egipcia de Estado Islámico.
El optimismo de ayer se tornó hoy en una gran preocupación al ver cómo los dos principales países de origen de los turistas que visitan el país, Gran Bretaña y Rusia, cancelaban total o parcialmente sus conexiones aéreas con el país de los faraones. El turismo es uno de los puntales de la economía egipcia, ya que representa cerca del 11% de su PBI y el 14% de su mano de obra.
La naturaleza convulsa de la transición que siguió a la revolución de 2011 asustó a los turistas occidentales y vació las magníficas atracciones culturales del país. Tan solo la llegada a los complejos del mar Rojo de millones de viajeros rusos que huían de las gélidas temperaturas del norte de Europa evitó el derrumbe del sector turístico. Ahora, luego de la tragedia del Sinaí, incluso este maná está en serio peligro.
"Si se confirma que fue un atentado, será un golpe durísimo. Nos costará mucho tiempo recuperarnos", se lamentaba Hamdy Anan, propietario de un centro de submarinismo en la costa del Sinaí.
Donde los inversores antes veían un potencial, ahora sólo perciben riesgos. Durante las últimas semanas, no sólo cayeron en picada las reservas hoteleras, sino también la bolsa de El Cairo.
Devaluación
A corto plazo, el mayor riesgo que afronta el país es el de una fuerte devaluación, un escenario posible si tenemos en cuenta que cerca del 20% de las divisas del país provienen del turismo, y que sus reservas de dólares están en niveles mínimos. Egipto, donde el 40% de la población vive con menos de dos dólares al día, es el primer importador mundial de trigo, y tiene una larga tradición de "revueltas del pan".
Con un déficit anual superior al 10% desde hace cuatro años, y la deuda acercándose a niveles peligrosos -supera el 90% del PBI-, al régimen egipcio no le quedan muchas opciones aparte de llamar de nuevo a la puerta de sus opulentos aliados del Golfo Pérsico, ya que aún deberán pasar años hasta que pueda explotar los nuevos descubrimientos de pozos de gas natural.
Desde el golpe de Estado de 2013, las petromonarquías vecinas abonaron unos 30.000 millones de dólares a las arcas de El Cairo. No obstante, con el precio del petróleo situado por debajo de los 60 dólares desde hace un año, su generosidad tiene límites más estrechos.
En el plano político, la confirmación del atentado contra el Airbus 321 ruso podría afectar la popularidad del mariscal Al-Sisi, que ascendió al poder prometiendo estabilidad a la angustiada clase media egipcia e hizo de la lucha antiterrorista su principal elemento de legitimación. Ahora bien, la dimensión del golpe es difícil de medir, debido a que el régimen tiene un control absoluto de los medios de comunicación locales.
De momento, la prensa egipcia ha vuelto a caer en la tentación de buscar chivos expiatorios en el exterior. En lugar de admitir la verosimilitud de la hipótesis del atentado, luego de las filtraciones de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Gran Bretaña y Rusia, algunos medios afirman que todo se trata de un complot occidental para hundir al país.
El problema para el régimen es que la capacidad de los medios de ocultar sus fracasos y crear una realidad paralela tiene límites. Y el miedo a la represión, sobre todo cuando falta el pan sobre la mesa, también.
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