
Soweto, un símbolo de la resistencia que se abre a la vida moderna
Refleja la transformación de Sudáfrica
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JOHANNESBURGO, Sudáfrica.- Vilakazi Street resume, en pocas cuadras, parte de la historia de Sudáfrica y las aspiraciones del Soweto del siglo XXI. En esa calle están las casas de dos premios Nobel de la Paz: ahí vivió el ex presidente Nelson Mandela y todavía vive el arzobispo Desmond Tutu. En esa calle, también, se instaló en 1999 el moderno restaurante Nambitha, punto de encuentro de la nueva clase negra acomodada.
Así, en cuestión de cuadras, el pasado de lucha contra la opresión y el futuro de modernidad se cruzan en una misma calle, que resume lo que es Soweto, el lugar donde se gestó la lucha contra el apartheid y que hoy tiene la ambición de convertirse en un suburbio de clase media.
"Soweto es un país dentro de Sudáfrica", comentó a LA NACION Kenny Tikali, que nació en Soweto hace 34 años.
Soweto, que aunque suene como una palabra de alguna lengua africana no es más que un acrónimo de South Western Township (Municipio del Sudeste), es el hogar de más de 3,5 millones de personas, negros en casi su totalidad.
Inicialmente un barrio suburbano de Johannesburgo, Soweto se fue convirtiendo en una ciudad aparte: hoy cuenta con más de 30 barrios, 400 escuelas, una universidad, decenas de mercados y restaurantes.
A diferencia de la homogénea pobreza del pasado, en los últimos años comenzaron a surgir, junto con las precarias casillas de chapa, modernas casas de varios pisos donde vive la nueva clase media que se benefició con el crecimiento económico del país.
En las zonas más privilegiadas, las propiedades subieron un 39% en el último año y se ven circular autos elegantes, algo impensable un par de décadas atrás.
Llega el consumismo
Signo de los tiempos, el antiguo mayor "gueto negro" de Sudáfrica cuenta también con un enorme shopping, inaugurado por Mandela en septiembre. Con sus más de 200 locales y sus dos supermercados, el Maponya Mall no es ni más ni menos que un lugar de consumo "a la occidental", con McDonald s incluido.
Lentamente, como en puntitas de pie, el consumismo impulsado por el crecimiento de Sudáfrica está llegando a las barriadas más pobres del país.
"Soweto cambió, cambió mucho", dijo a LA NACION Laurens Mengana, que nació en Soweto en 1956, el mismo año en que Mandela firmó ahí la Declaración de la Libertad, uno de los puntos de partida de la larga resistencia contra el apartheid .
Lo que más sorprende a Laurens es lo diferente que es la vida para los jóvenes de hoy, comparada con lo que era 30 años atrás.
Ropa de marca, cine y diversión es lo que buscan los jóvenes de Soweto que van a pasar la tarde al nuevo shopping. Nada que ver con lo que sucedía en 1976, cuando los estudiantes secundarios de Soweto comenzaron una ola de protestas contra el apartheid que terminó en un baño de sangre que dejó cientos de muertos.
Sin embargo, hoy resulta casi inimaginable que Soweto pueda convertirse en el corto plazo en una ciudad de clase media y multirracial.
A pesar de ciertos bolsones de crecimiento económico que marcan el rumbo, como el barrio Orlando West, donde vivió Mandela, son innumerables las construcciones precarias donde se amontonan familias de sudafricanos pobres.
"Claro que hay pobreza en Soweto. Todavía falta un largo camino por recorrer, pero a donde vayas en Soweto vas a ver que es un lugar vibrante, colorido y lleno de fuerza", dice Kenny Tikali, que conoce Soweto como la palma de su mano.
"En Soweto es donde pasa todo lo interesante, pero a diferencia del pasado, ya no ocurre a escondidas", afirma Dan Moyane, un hombre negro de negocios que nació en Soweto y, aunque hoy vive en un suburbio de Johannesburgo, siempre vuelve de visita a su barrio natal.
Durante años, la fuerza y energía de Soweto estuvieron contenidas, obligadas por el apartheid a mantenerse domadas y dentro de las fronteras del township . Hoy, a 13 años del fin del apartheid , el vibrante Soweto entró en ebullición y ya empezó a dar los primeros pasos del cambio.



