
Tabaré afianza sus lazos con Bush y critica al Mercosur
Agradeció a EE.UU. y pidió un cambio en la alianza regional
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COLONIA.– El Mercosur puede ser más abierto y más flexible, lo cual, en principio, no atentaría contra su esencia. Eso quiso decir Tabaré Vázquez mientras abogaba por la integración “con otros bloques u otros países” y por la posibilidad de que cada nación “pueda desarrollar relaciones bilaterales” con otras.
A su izquierda, su huésped, George W. Bush, que hoy partirá rumbo a Bogotá en otro capítulo de su gira por la región, asentía después de haber dicho, cual tiro por elevación contra Hugo Chávez por el acto que realizó en el estadio de Ferro con la venia de Néstor Kirchner, que “la democracia no se puede dar por sentada” y que “los pueblos tienen que ver los resultados”.
Durante una conferencia de prensa conjunta, realizada en la estancia presidencial de Anchorena, a unos 30 kilómetros de esta ciudad y a menos de 200 de Montevideo, Tabaré Vázquez agradeció a Bush la ayuda que recibió su país durante la crisis de 2002, correlato de la argentina (“Fue usted quien tendió la mano para ayudar a salir a Uruguay de ese pozo en el que se encontraba”, señaló), y agradeció, también, el trato que los Estados Unidos dispensan a los inmigrantes uruguayos.
En ese momento, bajo un toldo blanco montado para la ocasión con dos púlpitos y sillas a los costados para los miembros de ambos gabinetes, Bush tomó nota silenciosamente. Luego iba a decir que quiere "acordar con republicanos y demócratas un proyecto migratorio integral" y que, mientras tanto, "no se puede dar la ciudadanía en forma automática, pero tampoco se puede echar a la gente que está en los Estados Unidos".
El tono del encuentro, alejado de los disturbios que precedieron anteanoche en Montevideo el arribo de Bush a Uruguay, fue estrictamente bilateral. Y, en cierto modo, informal: sin corbatas. El día, soleado y templado, se prestaba para ello.
Ambos evitaron cualquier mención de Chávez. Lo acordaron previamente, según confió a LA NACION una fuente gubernamental norteamericana, de modo de no echar más leña al fuego en una gira en la cual Bush, por la guerra contra Irak, siembra vientos y cosecha tempestades en cada ciudad que visita. De ahí, sus votos permanentes por la lucha contra la pobreza, la salud, la educación y los derechos humanos como resumen de la agenda positiva que quiere transmitir.
"La tentación es que hable de las diferencias, pero prefiero referirme al respeto mutuo y los valores compartidos", se excusó ayer. Le habían preguntado sobre Kirchner, Luiz Inacio Lula da Silva, Evo Morales y Michelle Bachelet. Pocos presidentes hablan de pares ausentes. Bush destacó la "diplomacia callada y eficaz", sinónimo de la asistencia que los Estados Unidos prestan a América latina. En su gobierno, dijo, "se duplicó de 800 millones de dólares a 1600 millones, lo cual refleja la buena voluntad de los contribuyentes de mi país".
Necesidades
En la reunión bilateral, Tabaré Vázquez expuso a Bush la necesidad de incrementar las exportaciones de carnes, lácteos, productos textiles, software y otros productos a los Estados Unidos. Bush, según confió a LA NACION uno de los participantes, "mostró buena disposición".
Frente a la prensa, Bush no respondió una pregunta sobre Chávez: "Este viaje es una declaración del deseo de trabajar juntos", dijo. No creyó oportuno rebatir si sentía miedo o no cada vez que Chávez era nombrado, como expuso el presidente bolivariano en el acto de Ferro.
Bajo estrictas medidas de seguridad, la ciudad de Colonia amaneció ayer en tensa calma. Bush arribó en helicóptero, procedente de Montevideo, y recorrió un tramo en una camioneta negra blindada. El camino hacia la estancia estaba plagado de agentes de seguridad uruguayos y norteamericanos que requisaban cada bulto y dudaban de cada sonido de los detectores de metales. Los perros, adiestrados para advertir explosivos, olfateaban todo. Entre ellos se paseaban los tres labradores que, como miembros de la comitiva norteamericana, se hospedan en los estacionamientos de los mismos hoteles que Bush.
Como intendente de Montevideo, Tabaré Vázquez había recibido al padre de Bush en 1990 y le había dado las llaves de la ciudad. En ese momento, comentó, escuchó su consejo: "Dejemos de lado nuestras diferencias, que las tenemos, y transitemos por el camino de la concordancia."
En medio del dilema que representó para el Frente Amplio-Encuentro Progresista la visita de su hijo, quizás el actual presidente uruguayo haya querido decir que conservó aquel espíritu durante los años en los cuales hizo campaña desde la izquierda o quiso agradar a su invitado sin medir las consecuencias políticas de sus palabras.
El latiguillo de la compasión
Como si estuviera en campaña, Bush usó su latiguillo preferido: la compasión. Fue el cultor del conservadurismo compasivo. Agradeció, a su vez, la presencia de tropas uruguayas para el mantenimiento de la paz en Haití y Congo. Y dio su respaldo a la Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio (OMC) poco después de que Tabaré Vázquez ponderó el libre comercio y pidió "una caída" de los aranceles.
Con gestos o con palabras, Bush convino en todo con su anfitrión. Estaba cómodo. Detrás de él, para la anécdota quedaron los preparativos de su visita con una legión de agentes del servicio secreto y tecnología capaz de interferir la telefonía celular y la prestación de Internet. Por la tarde, el embajador norteamericano en Montevideo, Frank Baxter, organizó una reunión con políticos uruguayos en su residencia. De incógnito, Bush fue al restaurante La Corte, en la Plaza Matriz, de Montevideo.
En principio, cada uno recogió aquello que se propuso. Bush, con mandato a plazo fijo para menos de dos años, un respiro del cerco en el cual quedó atrapado por la guerra contra Irak; Tabaré Vázquez, después de haber denunciado las asimetrías del Mercosur, la posibilidad de avanzar en el acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos, de lo cual supo Lula en una visita reciente a Uruguay con la cual pagó dos llamativas ausencias anteriores.
A los ojos de algunos ministros uruguayos, el acuerdo político dará pie al acuerdo comercial. Algo que no depende de Bush, sino del Capitolio, dominado ahora por los demócratas. El acuerdo comercial puede darse o no, agregaron, pero Tabaré Vázquez, con su discurso, demostró la incomodidad de Uruguay en el Mercosur por la falta de atención que también padece Paraguay, y la voluntad de hacerlo más abierto y más flexible. De reinventarlo, en definitiva.
En su momento, Kirchner dejó entrever que, más allá del estatuto, no podía impedir a un país que hiciera un acuerdo fuera del bloque. Venezuela no era miembro y Chávez, al menos en ese ámbito, aún no tenía voz ni voto.


