Tensión en el Cáucaso. El recuerdo de un exsoldado armenio: "Está pasando lo mismo que en los 90"

El armenio Gagik Ananyan, en un tanque T-72, durante los combates en 1993 en Nagorno-Karabaj; hoy vive en Buenos Aires
El armenio Gagik Ananyan, en un tanque T-72, durante los combates en 1993 en Nagorno-Karabaj; hoy vive en Buenos Aires Crédito: Gentileza Gagik Ananyan
Paula Markous
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30 de septiembre de 2020  • 12:39

Los enfrentamientos entre Armenia y Azerbaiyán en Nagorno-Karabaj, un enclave que es disputado por ambos países, son para Gagik Ananyan un viaje al pasado. "Está pasando lo mismo que los 90", dice por teléfono a LA NACION este armenio de 45 años que vive en la Argentina desde 1996.

Gagik nació en la ciudad de Dilijan, a 100 kilómetros de Ereván, la capital de Armenia. Creció en una familia de clase media -su padre era periodista y su madre trabajaba en la agencia fiscal de Armenia- y a los 18 años tuvo que hacer el servicio militar obligatorio e ir al frente de batalla.

Gagik con sus padres y su hermana en Armenia, en 1995, un año antes de viajar a la Argentina
Gagik con sus padres y su hermana en Armenia, en 1995, un año antes de viajar a la Argentina Crédito: Gentileza Gagik Ananyan

Era 1993 cuando lo peor de la "guerra del Alto Karabaj", que provocó cerca de 30.000 muertos, había pasado. "A mí me tocó manejar tanques. Para ser sincero, mientras estás allí parece más un juego de Play Station. Cuando volvés, sos más consciente de las cosas que viviste, de lo que tuviste que hacer. En el momento estás acelerado, sos chico, pensás en defender a tu patria, a tu tierra, no tenés dimensión del peligro", recuerda.

"Después de estar de estar en el frente me di cuenta por qué el servicio militar empieza a los 18 años y no a los 30. A esa edad no tenés dimensión de las cosas de la vida o no de las importancia. Después te das cuenta de lo peligroso que es la guerra, que en cada minuto podés perder la vida. De hecho, en nuestro batallón murieron cuatro chicos y tuvimos varios mutilados en las piernas", agrega.

El armenio, que hoy es más "porteño que el dulce de leche" opina que los enfrentamientos que empezaron el domingo pasado son parecidos a lo que se vivieron en los 90. "No veo mucha diferencia porque el problema de fondo no cambio. Así empezaron los combates, hubo un alto el fuego en el 94, pero no una verdadera paz".

Gagik con amigos en la ciudad de Dilijian, a 100 kilómetros de Ereván, la capital de Armenia
Gagik con amigos en la ciudad de Dilijian, a 100 kilómetros de Ereván, la capital de Armenia Crédito: Gagik Ananyan

Desde 1994, el precario alto el fuego, firmado con la intervención de Rusia, es violado periódicamente. Los enfrentamientos más graves se produjeron en 2006. En julio pasado hubo un cruce muy fuerte que dejó casi una veintena de muertos y que parece ser el primer capitulo de lo que ocurre hoy en día en Nagorno-Karabaj, una región secesionista dentro de Azerbaiyán gobernada por la etnia armenia, pero no reconocida por ningún país como una república independiente.

Armenia en plena movilización

Gagik habla todos los días con sus parientes que viven en Armenia y cuenta que a pesar de que la situación está muy tensa, lo que más se siente es el patriotismo y muchos se están preparando para ir al frente en Nagorno-Karabaj.

"El espíritu está muy alto. Se hacen colectas de comida, de ropa, de sangre, de lo que haga falta tanto en Armenia como en todos los países donde hay una diáspora armenia", dice. Por otro lado -acota- hay tristeza porque los que mueren en el frente son chicos jóvenes. "Están reclutando a todos los hombres mayores de 18 para ver con cuánta reservas" cuenta.

A Gagik no le da miedo que Azerbaiyán tenga un ejército más potente, esté apoyado por Turquía y que haya 10 millones de habitantes, contra los tres millones que hay en Armenia. "Nunca demostraron potencial humano. Hasta en mi época los aviones que derribó el ejército armenio los pilotos eran ucranianos. Hoy hay turcos y gente traída de Siria. El armamento que están invirtiendo con petrodólares en definitiva los tiene que disparar alguien", dice.

Históricamente hostil a Armenia -cuyo genocidio por parte del imperio otomano en 1915 siempre se negó a reconocer-, Turquía es cercana a Azerbaiyán, con quien comparte raíces lingüísticas y religión. Hoy el canciller turco dijo "hará lo que sea necesario" cuando se le preguntó si ofrecerá apoyo militar a Bakú, la capital de Azerbaiyán, si lo solicita.

La Argentina, "un país hospitalario como ninguno"

Luego de realizar los tres años de servicio militar Gagik se vino solo con 20 años a Buenos Aires. Su idea era vivir en Estados Unidos, pero como era casi imposible sacar la visa llegó a la Argentina tentado por el 1 a 1 y la facilidad de los trámites para vivir. En el 2002 llegaron sus padres, su hermano y su hermana. Todos viven en el barrio porteño de Monte Castro.

Gagik con amigos en Buenos Aires en 1998
Gagik con amigos en Buenos Aires en 1998 Crédito: Gentileza Gagik Ananyan

"En ese momento la situación en Armenia era muy difícil. Yo siempre en chiste comparo lo que sucede acá cuando por ejemplo se corta dos horas la luz y quieren matar a todo el mundo. Allá estuvimos cuatro años sin luz, sin gas y con poca agua. Y no salimos a protestar y no hicimos nada porque había que poner el hombro", dice, pero aclara que la situación era diferente.

Gagik Ananyan en 2018 en un viaje a Grecia
Gagik Ananyan en 2018 en un viaje a Grecia Crédito: Gentileza Gagik Ananyan

Según él, la Argentina "es un país hospitalario y que da la bienvenida al inmigrante como ninguno". Cuenta que pudo estudiar Ciencias Políticas en la UBA y hoy trabaja en el sector de la joyería.

El armenio extraña mucho la comida, sus afectos, pero se siente un porteño más. "Yo adopté todas las costumbres argentinas: la pasión por el fútbol, el asado, la comida, los encuentros con amigo, el habla", acota.

Gagik con su hermana en la Costanera de Buenos Aires en 2001
Gagik con su hermana en la Costanera de Buenos Aires en 2001 Crédito: Gentileza Gagik Ananyan

Asentado en la Argentina, Gagik parece tener aún un pie en Armenia y cuenta que todos los días se informa lo que pasa en su país.

Lo que más le preocupa es el "el alarmante silencio de la comunidad internacional".

"Haciendo un paralelismo exagerado veo una segunda Constantinopla en Europa. Los otomanos vinieron destruyeron la cuna de cristianismo y nadie hizo nada. Ahora nadie frena a Azerbaiyán y a los turcos de Turquía . [El presidente Recep Tayyip] Erdogan se cree un sultán que quiere conquistar todo", concluye.

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