
Teresa Heinz, un arma de doble filo para Kerry
La esposa del senador es, para muchos, demasiado espontánea
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ATLANTA.- En diciembre de 2002, cuando el esposo de Teresa Heinz, el senador John Kerry, llegó a su casa haciendo alarde de su bajo índice de colesterol, ella revisó los resultados del examen de prevención de cáncer de próstata y percibió señales de peligro que él no había visto.
"John no tenía la menor idea", recordó la esposa.
Sin embargo, Teresa Heinz, hija de un médico, ávida lectora de revistas médicas y artículos de toxicología, y fascinada por la medicina alternativa y la filosofía oriental, supo lo suficiente como para que su esposo se sometiera a un nuevo análisis de sangre ante la posibilidad de una inflamación cancerígena. El 23 de diciembre de 2002, el médico de Kerry le informó que los temores de su esposa no eran infundados: tenía un incipiente cáncer de próstata.
Bien podría ser que Teresa Heinz haya salvado la vida de su esposo. Sin embargo, el episodio muestra cómo, políticamente, puede ella ser tanto una ventaja como una desventaja para el senador. Aunque se la considera una mujer sumamente inteligente y una esposa que cuida con devoción a su marido, Heinz tiene fama de ser enemiga de lo convencional, por no decir un tanto excéntrica. Incluso algunos planificadores estratégicos demócratas afirman que podría complicar los esfuerzos de la campaña para lograr que la imagen del matrimonio Kerry logre seducir a los votantes.
En una iniciativa que recuerda la manera en que Hillary Rodham Clinton se convirtió en un peligroso rayo de luz para su esposo, el Comité Nacional Republicano envió a la prensa un e-mail citando a Teresa Heinz cuando comparó a su esposo con un "buen vino, que, como todos saben, tarda en añejarse pero luego, a la hora de beberlo, es excepcional".
Paul Costello, que fue secretario de prensa de Kitty Dukakis cuando su esposo, Michael, fue el candidato presidencial demócrata, advirtió que los republicanos podrían seguir haciendo de la imagen de Heinz un tema de campaña para sacar ventaja.
"La campaña va a tener un pulso de negatividad que ya está acelerado, de manera que debemos ser muy, pero muy cuidadosos", añadió Costello.
Entre Botox y Chanel
En realidad, en boca de los funcionarios de la campaña de Kerry, su esposa, de 65 años, ha sido el arma secreta del senador. Aunque los colaboradores de Kerry relativizan la influencia de su esposa, lo cierto es que ella ayuda a trazar sus políticas y la estrategia de la campaña en mayor y menor medida, una función que contrasta significativamente con lo que los Estados Unidos supieron sobre ella cuando por primera vez apareció en el candelero político hace un año.
En ese momento hubo jugosos detalles acerca de sus tratamientos con Botox y su acuerdo prenupcial, sus zapatos Chanel y sus chales de fina lana de cabra. Frecuentemente se mencionaba los millones que había heredado y el avión Gulfstream II, pintado de blanco y rojo ketchup, el legado más visible de su matrimonio de 25 años con el senador John Heinz, de Pennsylvania, que murió en un accidente de aviación en 1991.
Pero existe un aspecto más inusitado y, según sus admiradores, más auténtico de Teresa Heinz como persona pública, que contrasta nítidamente con el de su esposo.
Mientras el senador Kerry, de 60 años, es cauto y discreto, Teresa es desinhibida, usa malas palabras en cualquiera de los cinco idiomas que conoce y medita en voz alta y con acento inglés acerca de por qué a su esposo, con el que lleva casi nueve años de casada, se lo califica tan a menudo de hombre reservado.
Mientras él parece rígido, ella es espontánea e, incluso sin que se lo pidan, da consejos sentimentales a los colaboradores de la campaña y a los periodistas.
Por eso, sorprendentemente, después de más de un año de una campaña política a la que ella se opuso en un primer momento, algunos demócratas expresan cierta preocupación respecto de que el carácter frontal y la espontaneidad de Teresa Heinz podrían volver a aparecer como un fantasma sobre su esposo a medida que sus declaraciones son puestas bajo la lupa de la campaña.
Heinz admite las preocupaciones, pero -aunque sus amigos han revelado que se sintió dolida por la crudeza de la cobertura periodística sobre su persona en el pasado- insiste en que puede resistir. "Si me quieren pegar, que lo hagan", afirmó.
Lo que pensará una sociedad norteamericana acostumbrada al recato de Laura Bush y aún dividida por la etapa de Hillary Clinton sobre las opiniones, libremente compartidas y defendidas vehementemente, de Heinz, es un interrogante aún por develar.
"Los ciudadanos del estado de Iowa percibieron más en ella una actitud honesta por sobre la intención de ser siempre la esposa prudente", indicó John Norris, que organizó la campaña allí y aleccionó a Teresa acerca del discurso político.
Traducción de Luis Hugo Pressenda
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