Tras seis meses, la revolución de López Obrador aún no llega

Seguidores de AMLO, en Reynosa
Seguidores de AMLO, en Reynosa Crédito: NYT
Muchos critican que no se ven avances en temas como seguridad y corrupción, que marcaron la agenda política que él prometió reformar
Kirk Semple
Azam Ahmed
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13 de mayo de 2019  

CIUDAD DE MÉXICO.- Después de su amplia victoria del año pasado, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador , prometió una gran transformación del país, a su juicio comparable con la independencia de España y la Revolución mexicana. Pero cinco meses después de iniciar su mandato el nuevo México que afirma estar construyendo se parece mucho al viejo México que juró dejar atrás.

La corrupción fue un tema importante para López Obrador durante su campaña; se trata de un flagelo nacional que prometió erradicar. Sin embargo, desde que asumió el cargo no ha anunciado procesamientos importantes de funcionarios públicos ni de ninguna otra figura destacada por cargos de corrupción.

Más allá de eso, en sus primeros tres meses, su gobierno adjudicó más del 70% de sus contratos directamente, sin licitaciones, según Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, una organización de periodismo de investigación, lo cual simboliza un fuerte cambio en la promesa de López Obrador de romper con esa tradición de la política mexicana.

En cuanto a la seguridad, otro tema fundamental para México, durante la campaña prometió retirar a los militares de las calles, con lo que cambiaría una polémica estrategia de lucha contra el crimen que ha ocasionado abusos generalizados contra los derechos humanos.

Sin embargo, López Obrador terminó por garantizar el papel del Ejército en la seguridad nacional, mientras que las tasas de homicidios de México alcanzan sus mayores niveles en más de dos décadas.

En lo que respecta a la migración, López Obrador comenzó su mandato dándoles la bienvenida a los migrantes que se dirigían al norte y criticó el enfoque de aplicación de la ley del gobierno anterior. Pero recientemente su gestión ha adoptado una línea más dura y ha aumentado la detención y la deportación de personas provenientes de Centroamérica y de otros países que ingresan a México.

Lejos de contrarrestar las duras medidas tomadas por el presidente estadounidense, Donald Trump, a lo largo de la frontera, el presidente mexicano a menudo las respalda, quizá para evitar una pelea con su socio comercial más importante.

"Hace unas declaraciones grandilocuentes: 'El neoliberalismo ha terminado', 'la corrupción ha terminado'", dijo Carlos Bravo Regidor, un analista político, en la Ciudad de México. "Está más preocupado por comunicar un intenso mensaje de cambio que ocupado en la difícil labor de lograr que ocurra ese cambio".

López Obrador también ha alarmado a muchos mexicanos por sus amenazantes declaraciones contra los medios, incluidas sus advertencias de que los reporteros deben "portarse bien", o al decir: "Si ustedes se pasan, pues ya saben lo que sucede". Una advertencia ominosa en uno de los países más peligrosos del mundo para el periodismo.

El pasado fin de semana, unos seis mil manifestantes salieron a las calles para pedir la renuncia de López Obrador, frustrados por su lenguaje polarizante y desconfiados de las políticas de su gestión.

Sin embargo, el mandatario sigue siendo muy popular en el país: la encuesta más reciente ubica su índice de aprobación por encima del 60%. Esto se debe en gran medida a que entiende la distancia histórica que existía entre los gobernantes de la nación y su pueblo, y se ha comprometido a cerrar esa brecha.

López Obrador puso en venta el avión presidencial y ahora usa vuelos comerciales para trasladarse por todo el país. Convirtió el palacio presidencial en un centro cultural público. Recortó los salarios más altos de los empleados públicos y aumentó los más bajos, y ha dicho que todos los funcionarios públicos están obligados a declarar sus bienes y posibles conflictos de interés. Estas acciones reflejan su interés por los ciudadanos de a pie, una rareza entre los líderes del país, cuyos excesos e indiferencia han sido viejas tradiciones.

Un vocero del presidente dijo que el nuevo gobierno también ha impulsado otros cambios, como la reforma constitucional que clasifica la corrupción, el robo de combustibles y el fraude electoral como delitos graves. Según la oficina del presidente, están previstos más cambios legislativos en áreas como la legislación laboral y la educación.

López Obrador también ha anunciado una amplia gama de nuevos programas para los pobres, una promesa central de su campaña. Ha dicho que si tuviera éxito sus programas podrían sacar a unos veinte millones de personas de la pobreza durante su sexenio, a pesar de las preguntas generalizadas sobre cómo pagará todas esas iniciativas."Por primera vez en décadas hay un presidente que le habla a la mayoría de mexicanos que no solo se sienten excluidos, sino menospreciados", dijo Carlos Heredia, profesor asociado del CIDE, una universidad de la Ciudad de México.

The New York Times

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