Un asesinato racista causa alarma en el paraíso noruego
La víctima era de origen africano
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OSLO.- ¿La tierra perfecta puede tener desconfianza de sí misma? La triste historia y violenta muerte de Benjamin Hermansen sugiere que sí.
Durante muchos años, Noruega, extensa en bosques y fiordos, pequeña en población, ha mirado desde lo alto de su virtuosa prosperidad, ofreciendo elogios, efectivo y consejo a aquellos menos bendecidos por la cohesión social y las riquezas del petróleo. "Es típicamente noruego el ser bueno", afirmó alguna vez el ex primer ministro Gro Harlem Brundtland. Este año, el informe de Naciones Unidas sobre desarrollo humano, realmente ubicó a esta nación escandinava como el mejor país del mundo para vivir.
Pero el caso de Benjamin Hermansen, un adolescente de 15 años afronoruego que fue acuchillado hasta morir en una vereda por neonazis, desafía en forma inquietante la propia visión de este tranquilo país e hizo surgir la pregunta sobre qué significa ser noruego y europeo en un continente que ha cambiado demográficamente. El cuestionamiento se ha intensificado desde que empezó el juicio a los acusados por el asesinato, que comenzó el mes pasado.
"La gente se dio cuenta de que Noruega no es el país que ellos creían", dijo Nadeem Butt, director del Centro Contra el Racismo. "La mayoría de la gente pensaba que el racismo no es un problema. Eso ha cambiado radicalmente. Ahora, la gente realmente comprende que sí lo es", añadió.
Durante los últimos meses, Escandinavia buscó su propia versión del tenso debate europeo sobre inmigración y racismo y como consecuencia de ello se inclinó en parte hacia la derecha política. En Noruega, las elecciones de septiembre expulsaron al Partido Laborista, después de 80 años de dominio, y se agruparon en una coalición apoyada desde afuera por un partido antiinmigrantes. Pero es el asesinato de Benjamin, hijo de madre noruega y padre natural de Ghana, lo que más profundamente desafió la visión de sí mismo que tiene el país.
La inmigración y la tensión racial no son nuevas en Escandinavia. Durante muchos años, los extranjeros fueron atraídos por las complacientes leyes de asilo y por los buenos servicios del bienestar público. Pero muchos países sólo ahora se enfrentan con el hecho de que se han convertido en sociedades mestizas al surgir la segunda generación formada por los hijos de inmigrantes.
Dos mundos
Hoy existen dos mundos en Oslo. En el sector occidental, los compradores van y vienen, algunos vestidos con lustrosas pieles, los restaurantes están llenos de familias que pagan por especialidades como costillitas de cordero con puré de papa. En el Oslo oriental, en cambio, calles sombrías se llenan con algunos de los 130.000 inmigrantes, los que buscan asilo y otros extranjeros que viven allí.
Estos dos mundos se unen en la Corte 227 de los tribunales de Oslo. Allí, tres neonazis acusados de matar a Benjamin ilustran la hostilidad surgida por los inmigrantes, quienes son la tercera parte de la población de la capital de esta abrumadoramente blanca nación. (A nivel nacional la cifra es de alrededor de 200.000 inmigrantes en una tierra de 4,4 millones.)
Los tres negaron haber intentado matar a Benjamin en la noche del 26 de enero de 2001. Pero lo que se ha escuchado hasta el momento ofrece una mirada dentro del horripilante mundo del odio en un grupo que, según el testimonio de la corte, hablaban de atacar a un inmigrante y de equívocos e inquietantes negocios con "extranjeros"
La opinión pública parece apoyar al joven. Benjamin Hermansen se convirtió en un emblema de la lucha contra el racismo neonazi. Muchos noruegos se cuestionan no sólo las relaciones raciales dentro de su sociedad, sino también al estado benefactor que durante décadas tuvo una de las tasas de impuestos más altas del mundo y las exportaciones per capita más altas de los yacimientos de petróleo del Mar del Norte, para dar socorro y seguridad desde la cuna hasta la tumba.
"Ya no estamos contentos con nuestro sistema protector", afirmó Harald Stanghelle, editor del diario Aftenposten. "Hay falta de confianza en la social democracia. Estamos acostumbrados a tener muy buenas escuelas, hospitales, cuidados para los ancianos. Pero ahora vemos que la calidad de estas instituciones básicas no es tan buena."
Las tensiones en esta alguna vez plácida sociedad parecen en aumento. Algunos inmigrantes como Erselan Perot, de 30 años, kurdo iraquí que manifiesta que fue golpeado en un ataque racial en un nightclub del Oslo occidental, dicen sentir que la hostilidad hacia los musulmanes extranjeros ha aumentado desde el 11 de septiembre. "La gente está mucho más negativa hacia nosotros", afirmó en una entrevista.
Hay pocas dudas de que el creciente aumento de extranjeros - 16.000 entre los que buscan asilo, emigrantes económicos y familias reunificadas, todos los años- ha producido un mar de fondo de inquietud reflejado en el caso de Benjamin Hermansen.
"Noruega es aún una sociedad muy blanca y tener inmigrantes es algo muy nuevo", aseguró Oystein L. Pedersen, vocero del Centro contra el Racismo. "Los noruegos todavía sienten la amenaza de culturas diferentes."
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