
Un Brasil de contrastes festeja hoy 500 años
Cardoso encabezará las celebraciones oficiales en Porto Seguro, en un clima de tensión por los reclamos indígenas.
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San Pablo.- Brasil conmemora hoy los 500 años de haber sido descubierta por una expedición portuguesa que intentaba llegar a las Indias, se desvió de camino y terminó anclando en lo que hoy es Porto Seguro, sur del Estado de Bahía.
En un clima de tensión, ya se encuentran en esa ciudad turística el presidente brasileño, Fernando Henrique Cardoso, y su par portugués, Jorge Sampaio, para participar de las conmemoraciones oficiales.
La tensión se debe a la concentración de indígenas en la ciudad, que pretenden realizar manifestaciones durante los actos, protestando por lo que consideran "500 años de exterminio". Cuando los portugueses llegaron al Brasil existía una población de aproximadamente cinco millones de indígenas. Hoy son 330.000.
Unos 3000 de ellos, provenientes de 185 etnias diferentes de las 215 que aún subsisten en Brasil, se preparan, pintados como en sus rituales, para recordar su protagonismo en la fecha. Los indios intentarán presentarle a Cardoso la Carta de la Conferencia de los Pueblos Indígenas, en la que exigen la demarcación de más territorios-reservas propios.
El documento, aprobado por unos 2000 indígenas tras tres días de deliberaciones en Coroa Vermelha, a 20 kilómetros de Porto Seguro, pide además la "ampliación" de sus reservas.
La Constitución brasileña otorga a las poblaciones autóctonas el derecho al 11,54 por ciento de todo el territorio nacional y obligó al Estado a limitar, antes de abril de 1993, un total de 519 territorios.
Pero la preocupación mayor del gobierno son los campesinos del Movimiento Sin Tierra, y los militantes de izquierda, que también se encuentran en Porto Seguro para protestar contra el gobierno.
Tierra de ambigüedades
El Brasil que cumple hoy 500 años es un país de ambigüedades. En un territorio de tamaño continental, unificados bajo un mismo idioma, conviven pacíficamente y sin conflictos étnicos 160 millones de personas, situación impensable en buena parte de Europa. Pero al mismo tiempo, algunas de sus ciudades, como San Pablo o Río de Janeiro, son de las más violentas del mundo.
En San Pablo, segunda mayor metrópoli del mundo, detrás de Tokio, mueren asesinadas entre 50 y 60 personas por fin de semana.
Quinto país del mundo en población y noveno en producción de riqueza, Brasil es al mismo tiempo un país de lujos y de pobreza extrema. Esta es la tierra de la mayor favela del mundo (Rosinha, en Río de Janeiro), pero también es el segundo mercado mundial para productos de lujo como lapiceras y relojes de miles de dólares. Brasil tiene al mismo tiempo la segunda mayor flota de aviones privados del mundo y la peor distribución de renta de América latina (y una de las peores del mundo), nacida precisamente hace 500 años en el Brasil colonial.
Es la tierra del mayor latifundario del mundo, dueño de propiedades de mayor dimensión que Bélgica, Holanda y los diez países más pequeños del mundo juntos, y también la tierra de los campesinos sin tierra, que hace más de dos décadas que luchan por una reforma agraria.
Es, a su vez, el país de las tres mayores reservas indígenas del mundo, que poseen cientos de miles de kilómetros de extensión, y también donde los aborígenes más reclaman la devolución de territorios y la asistencia del hombre blanco.
Alternando entre "milagros brasileños" y crisis profundas, Brasil logró multiplicar por ocho las riquezas producidas por año (PBI) en apenas 70 años. Hoy su poder económico quintuplica el de su descubridor, Portugal.
Emergente
De país olvidado en el mapa, Brasil pasó a ser hoy la nación emergente que capta más recursos en todo el mundo. De republiqueta tropical, se convirtió en el interlocutor de los Estados Unidos en América latina, y pieza clave para la formación de la Asociación de Libre Comercio de las Américas.
El país se libró de la hiperinflación, privatizó empresas gigantescas y, de la mano de Fernando Henrique Cardoso, un sociólogo socialdemócrata -otra ambigüedad-, se alineó a la tendencia neoliberal mundial.
El protagonismo en el escenario internacional fue logrado al mismo tiempo que indicadores como el desempleo se multiplicaban por dos desde 1995 y su deuda pública por seis (300.000 millones de dólares).
Brasil es varios países al mismo tiempo. Ciudades extremadamente cosmopolitas como San Pablo conviven con Estados como Alagoas, donde el analfabetismo supera el 30%, Rondonia o Piauí, donde todo se arregla a punta de pistola y ser asesino a sueldo es una profesión más.
Brasil es también el país de los estereotipos: carnaval y samba, fútbol y playas, son sus marcas registradas. También la indiferencia política de sus habitantes, a pesar de haber acusado de corrupto a Fernando Collor, primer presidente electo después de décadas de dictadura.
Brasil, 500 años después, es lo que los propios brasileños llaman "un país de contrastes".



