
Un inca de Harvard que quiere ser presidente
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LIMA (De un enviado especial).- Alejandro Toledo nació en una familia de indígenas y creció comiendo salteado en la cordillera del norte peruano. Cuando promediaba la adolescencia, viajó a los Estados Unidos, donde se formó como economista. A su regreso a Lima, estaba casado con una belga de sonrisa amplia y rubia cabellera.
A los 54 años, ese cóctel colorido y extraño podría darle a Toledo la fórmula fatal para terminar con el sueño de perpetuidad en el poder peruano del Chino Alberto Fujimori.
"Me preparé durante dos décadas para este momento. Estoy listo para ser el presidente del Perú", repitió diariamente Toledo durante la campaña electoral para las elecciones presidenciales del próximo domingo.
El hombre siente que ésta es su hora y, casi obligado por las urgencias electoralistas, lo pone en términos mitológicos. "Seré el Pachacutec del 2000", sentenció para sorpresa de sus contrincantes.
La leyenda cuenta que aquel líder incaico fue engañado por los españoles, que con vanas promesas se apropiaron del territorio peruano. "Han pasado 500 años, es hora de que Perú quede en manos de otro Pachacutec". De ese modo, Toledo echa mano a su lejano ascendiente incaico.
Su código de sangre dice que este "cholo de Harvard" -como lo llaman algunos después de haber pasado como profesor visitante por los claustros de esa universidad-, vio la luz ariana un 28 de marzo detrás del nevado de Huascarán, en el pueblo de Cabana. Eran 16 hermanos, pero sólo algunos de ellos sobrevivieron al hambre y la pobreza. Con pocos años, Alejandro se fue con su padre, un veterano pescador, a la localidad de Chimbote. Allí se ganaba la vida echando redes al mar y lustrando botas.
Cuando viajó a Lima tenía 16 años. La misma edad había alcanzado su actual esposa, Eliane Karp, cuando dejó su casa familiar en Bélgica para instalarse en un kibbutz , en el norte de Israel.
Sus caminos se cruzaron en la Universidad de Stanford. Los dos estudiaban economía cuando los números comenzaron a mezclarse con la química del amor.
Carta de triunfo
Karp tiene ahora 43 años, once menos que el candidato presidencial, que la lleva a todas partes como una de sus cartas de triunfo.
La esposa de Toledo es, además, antropóloga, y tenía 25 años cuando llegó a Perú con su marido. Después de trabajar durante años en áreas rurales con un cargo de la Agencia de Desarrollo Internacional de los Estados Unidos, la señora aprendió quechua. Hoy habla siete idiomas, y, por momentos, esta mujer de tez muy blanca casi ensombrece al Cholo cordillerano, pero él no parece inquietarse por eso.
"Eliane trabaja mucho conmigo. Pero no es la autora de todos mis programas", dejó en claro Toledo.
"En los ratos libres que le deja el proceso electoral, juega al tenis para distenderse y después se da un baño sauna", contó a La Nación uno de sus asesores de campaña.
Cuando era más joven, a Toledo lo apasionaba el fútbol, y lo practicaba muy bien. Tan bien que cuando se acabó el financiamiento de su beca en la Universidad jesuita de San Francisco, en California, logró continuar sus estudios gracias a su aporte futbolístico.
Ex funcionario del Banco Mundial, y asesor de otros organismos internacionales, existe una gran distancia entre este Cholo Toledo y aquel economista que en 1995 quedó relegado a un 4 por ciento de los votos en la elección presidencial que consagró a Fujimori por segunda vez.
Para darle consistencia al pronóstico de aquella leyenda de Pachacutec, Toledo vio un solo camino, el del populismo. Así comenzó a trabajar sobre los mismos sectores humildes que columpiaron a Fujimori a la cúspide del poder.
"Es momento de cambio. Cualquier cosa menos el Chino ", repite Toledo en sus recorridos por los barrios pobres de Lima.
Con una línea de centroderecha, el Cholo promete, "sin afectar la situación fiscal", terminar con el desempleo y aumentar los bajísimos salarios, los dos costados débiles de la gestión fujimorista.
La pelea contra el tsunami , como se conoce a Fujimori, no le resulta nada fácil. Una pesada carga de acusaciones cayeron las últimas semanas sobre Toledo.
Le han encontrado una supuesta hija oculta, lo acusan de ser un vende-patria que se formó en universidades norteamericanas y le refriegan la participación de su esposa en la campaña, sosteniendo que es ella la que da contenido a sus programas de gobierno.
En una entrevista reciente, Toledo afirmó que los peruanos "han descubierto los trucos" del gobierno de Fujimori para destruir candidaturas. "Los ataques en mi contra se han convertido en un bumerán, porque cuanto más me golpean, cuanto más sucia hacen la campaña, más rápido subo", declaró.
Sabe que si el descrédito público no surte efectos, podrían matarlo. Pero el Cholo Toledo no se atemoriza. Su personalidad se parece bastante a la de quienes apuestan a todo o nada. De niño le tocó pelear contra la muerte, cuando perdió a siete de sus hermanos. Pero él ganó. Desde entonces cree que su destino está moldeado por la mano de los dioses que gobernaron el antiguo imperio. Confiado, suelta una risa socarrona para hacer frente a las amenazas, y dice: "No me pueden parar. A mí me llevan y yo me dejo llevar".
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