Un joven abogado, héroe de la revolución
El encarcelamiento de Fathi Terbil, un defensor de los derechos humanos, fue la chispa que encendió las manifestaciones en Benghazi
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BENGHAZI.- "Si estuviera casado no hubiese podido empezar una revolución", bromea Fathi Terbil, un abogado defensor de los derechos humanos y chispa que originó la llamarada que ha arrinconado a Muammar Khadafy. Tiene 39 años, una edad en la que la mayoría de sus compatriotas ya llevan más de una década en matrimonio.
No es que Terbil no quiera conocer una mujer ("seguro que cuando termine todo esto, me busco una"), pero hace mucho tiempo que está ocupado en luchas en las que unas veces se está acompañado, y muchas otras, solo.
Por ejemplo, su esfuerzo por obtener justicia en el caso de la masacre de más de 1200 prisioneros en la cárcel de Abu Salim, en 1996. En su calidad de abogado, Terbil representa a unas 200 familias de Benghazi, la segunda ciudad de Libia, que perdieron padres o hermanos en esa matanza. Cada semana, desde junio de 2008, Terbil encabezó protestas frente a la sede de los tribunales en esta ciudad.
Fue un esfuerzo agotador para el que se requería gran convicción y en el que, a veces, no hubo quien lo acompañara: este hombre afable y de risa fácil, ataviado con una jafiya (el pañuelo que hizo famoso el dirigente palestino Yasser Arafat) y una gorra de béisbol, se plantaba solitario a exigir una investigación profunda de los hechos.
La cárcel de Abu Salim está cerca de Trípoli. Según un informe de Human Rights Watch, el 28 de junio de 1996 un grupo de prisioneros tomó como rehén a un guardia de nombre Omar, para protestar por los malos tratos y las restricciones en las visitas familiares.
Según un testigo, enseguida "los guardias en el techo empezaron a disparar e hirieron a 16 o 17, de los cuales uno murió. Los presos tomaron a otro rehén".
Entonces comenzaron negociaciones con dos altos funcionarios de seguridad, entre ellos Abdullah Sanussi, que se comprometieron a proporcionar a los internos ropa limpia, atención médica y acceso a sus familiares, además del derecho de juicio para las personas encarceladas sin proceso ni acusación.
Los amotinados entregaron entonces al segundo guardia secuestrado, así como el cuerpo del primero, Omar, que había sido asesinado, y regresaron a sus celdas.
A las 9 de la mañana del día siguiente, 29 de junio, las autoridades sacaron a los internos y los separaron en varios patios. A las 11, arrojaron una granada. "Escuché la explosión y de inmediato disparos constantes de armas pesadas y kalashnikovs desde lo alto de los techos, que no cesaron hasta las 13.35", afirmó el testigo.
Alrededor de las 11 del día siguiente, se llevaron los cuerpos para enterrarlos en fosas comunes. El testigo recibió la orden de "lavar los relojes que les habían quitado a los muertos, porque estaban llenos de sangre". Human Rights Watch estima que el número de masacrados fue de 1270.
El hecho de que Terbil, que estuvo preso por razones políticas en Abu Salim antes de la masacre, y que perdió a un hermano, un primo y un cuñado en la tragedia, asumiera la representación de familias de las víctimas provenientes de Benghazi le valió siete arrestos, el último de ellos el 15 de febrero.
Era un momento delicado porque el régimen tenía miedo tras el derrocamiento del tunecino Zine el-Abidine Ben Ali y la caída del egipcio Hosni Mubarak. Grupos juveniles habían lanzado una convocatoria en redes sociales para protestar el viernes 17, en un "día de furia".
A Terbil lo arrestaron dos días antes: "Vinieron a mi casa 20 policías con armamento pesado y no me presentaron frente a cualquier oficial, como era normal, sino con el jefe de seguridad de Khadafy".
No era otro que Sanussi, el funcionario que 15 años antes había llegado a un pacto con los presos de Abu Salim, posiblemente para engañarlos antes de la matanza. Afuera, las familias representadas por Terbil protestaban para pedir su liberación, reforzadas por muchos otros simpatizantes, hasta sumar unas 600 personas.
"Eso lo puso nervioso y quiso saber qué queríamos. Yo le dije que la verdad sobre Abu Salim y justicia." Sanussi lo sujetó de la camisa y le exigió que terminara con la manifestación: "¿Es que quieres que traiga a Khadafy para que te lo diga?". Terbil propuso salir a hablar con los manifestantes para pedirles que se fueran a sus casas. "No te vamos a convertir en héroe. Si quiero que se larguen, tengo a la policía", respondió el oficial. En efecto: ordenó el ataque y hubo unos 40 heridos.
Aunque liberaron a Terbil a las 3 de la mañana siguiente, la chispa había encendido la insurrección antes de lo previsto. El 16 hubo otra manifestación que fue reprimida, y Benghazi, Tobruk, Baida, Derna y otras ciudades se levantaron el 17.
Ahora, Terbil es el símbolo de la revolución libia, como Mohamed Buazizi, el hombre que murió al inmolarse con fuego, lo es de la tunecina, y como Khaled Said, un chico asesinado por la policía, lo es de la egipcia. Pero Terbil está vivo y participa activamente en la Coalición Nacional Libia que conduce la revolución.

