
Un punto de inflexión en la historia
Joji Sakurai Agencia AP
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TOKIO.- En la historia del mundo se producen eventos que quedan marcados a fuego en la imaginación colectiva, e ingresan en ese reino donde el mito se cruza con la descorazonadora realidad. La tragedia de Japón pertenece a esa categoría. Ya es posible suponer que podría tratarse de la mayor calamidad de nuestros tiempos, uno de esos hechos que transformarán la política, la economía, y hasta la filosofía de las décadas venideras en este mundo cada vez más interconectado.
Hay una fuerza tajante, surrealista, en las imágenes de la catástrofe: autos haciendo equilibrio sobre techos, barcos sobre los arrozales, helicópteros que como un David libran una batalla desigual contra la radiación que escupe Goliat desde los reactores. Y el modo en que nos enfrenta con nuestros temores más atávicos: muerte bajo el agua, o bajo los escombros, o bajo un diluvio radiactivo.
A todo eso se suma una crisis que tendrá su impacto en todo el planeta: Japón es uno de los países más avanzados del mundo, es la tercera economía, es el vendedor más exitoso de autos del planeta y es el segundo entre los países más generosos en ayuda internacional.
"Este evento es potencialmente el hecho natural más desestabilizador a escala global de los tiempos modernos", dijo Rob Verchick, experto en desastres de la Universidad Loyola de Nueva Orléans. "E incluso de todos los tiempos, en el contexto de la globalización."
El tsunami de 2004 se cobró la vida de más seres humanos. El atentado contra las Torres Gemelas desencadenó dos guerras. El caída del Muro de Berlín conjuró el fin de un imperio. Pero en la tragedia de Japón, el shock psicológico, incluso filosófico, ante la confluencia de la tragedia humana y catástrofe nuclear plantea algunos interrogantes esenciales: si una potencia tecnológica como Japón puede ser tan vulnerable, ¿quién está a salvo? ¿Será que incluso un riesgo mínimo, como con la energía nuclear, es de todos modos demasiado riesgo? ¿Deberíamos replantearnos el papel del gobierno en la protección de las personas?
Nos vemos forzados ahora a preguntarnos si hasta las sociedades más avanzadas no están penosamente a merced de los elementos naturales. Pero en medio de la tragedia, el filósofo Francis Fukuyama dice que la crisis puede servir para catalizar la fuerza política necesaria para cambiar el mundo. "Los desastres naturales como éste nos recuerdan lo vulnerables que somos todos, y, por lo tanto, este hecho podría aprovecharse para reformular el carácter general y el tono de la política", dijo Fukuyama.
La inconcebible imagen del rico Japón -famoso por la puntualidad de sus trenes, por sus artefactos tecnológicos de última generación y por su preocupación por la seguridad- anonadado por una monstruosa fuerza de la naturaleza más allá de todo control humano ha sido un pavoroso llamado de atención para todos.
Lisboa, el antecedente
En el pasado, hubo otro terremoto que cambió el mundo: el de Lisboa en 1755. El temblor y posterior tsunami barrió con la capital portuguesa, mató a decenas de miles de personas y obligó a los pensadores de la Ilustración a reimaginar el papel del gobierno y de la comunidad.
Los expertos dicen que esta crisis se convertirá en otro punto de inflexión en la historia, que podría alterar la percepción que tiene la humanidad de sus relaciones con el planeta y las relaciones de las sociedades entre sí en la era global. "La contribución de la experiencia del terremoto de Lisboa a la historia de Occidente fue el cambio que se produjo en los gobiernos, que comenzaron a hacerse responsables de sus pueblos y de protegerlos con sentido comunitario", dijo Verchick. "¿Podría suceder algo similar como resultado del desastre en Japón? Yo creo que sí, y se relaciona con la idea de una comunidad global."
De hecho, esta crisis ya ha desatado alrededor del mundo un urgente debate sobre la energía nuclear. "Fukushima, 12 de marzo: El fin de la Era Nuclear", dijo Der Spiegel.
Mientras que el tsunami de 2004 y el terremoto del año pasado en Haití generaron enormes muestras de solidaridad, en el caso de Japón es muy fácil para los habitantes de los países desarrollados reconocerse a sí mismos como potenciales víctimas. El tsunami de Japón pasará a la historia como el desastre natural más trascendente, según James Orr, profesor de la Universidad de Bucknell. No porque el sufrimiento sea distinto, sino porque hará sentir sus efectos alrededor del planeta de una manera más directa. "Katrina fue una catástrofe mucho más regional", dijo. Y el impacto global se multiplica por la velocidad histórica con que las imágenes de la devastación alcanzaron los rincones más remotos del globo.




