
Un solo acusado por los atentados
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LONDRES.- Para los vecinos era un "chico ordinario, tranquilo, que no se metía en la vida de nadie". Ahora se sabe, sin embargo, que David Copeland, un ingeniero de 22 años, fue el único autor de una ola de atentados que causó tres muertos y un centenar de heridos en la capital británica.
Pequeño, delgado, con una gorra de béisbol y sin tatuajes a la vista, Copeland no pertenece a ninguno de los grupos neonazis que reivindicaron sus acciones. Su motivación habría sido la de todos los lunáticos: exclusivamente personal.
Oficiales de la División del Crimen Organizado lo habían apresado en la madrugada del sábado en su hogar en la sureña Cove, en Hampshire, luego de que un transeúnte reconoció su fisonomía como la de la imagen divulgada por la policía de un sospechoso filmado por una cámara callejera antes del primer atentado en Brixton, el 17 de abril último.
El vicecomisionado de Scotland Yard, Alan Fry, confirmó que encontraron en su domicilio abundante material explosivo. Copeland será llevado hoy ante la Justicia acusado de asesinato y de tres explosiones con intención criminal. "Parece no haber habido ningún hecho o fecha en particular que desencadenara su actitud -señaló Fry-. Los hechos fueron clara responsabilidad de una misma persona. De todas formas, no hay que bajar la guardia en un momento en el que estamos recibiendo amenazas de grupos terroristas."
La confesión del joven, fruto de casi dos jornadas de interrogatorio, tomó por sorpresa a la opinión pública y especialmente al primer ministro Tony Blair, quien se había hecho eco de las amenazas de exterminar a todas las minorías por parte de los grupos neonazis Lobos Blancos y Combate 18. "Los verdaderos parias de hoy, las verdaderas minorías, no son las razas y religiones diferentes de Gran Bretaña sino los racistas, los que ponen bombas, los criminales violentos que odian la visión de Gran Bretaña y tratan de destruirla", había indicado minutos antes Blair, quien también comparó el odio racial de los neonazis con el que inspira a paramilitares serbios a emprender la limpieza étnica en la ex Yugoslavia.
En contraste, a quienes la noticia les cambiará poco la existencia es a sus víctimas. Es el caso de Andrea, de 27 años, embarazada de cuatro meses, y su marido, Julian Dykes, de 25, que querían compartir la felicidad con el padrino de su boda, John Light, de 32 años.
Los tres, oriundos de Colchester, decidieron emprender el viaje de una hora en tren a Londres para festejar la ocasión. El pub Admiral Duncan, inaugurado hace apenas dos años en Soho, con una decoración elegante y una clientela homosexual tan abierta como discreta, les pareció un lugar agradable para un rápido trago. Entraron a las 18.30.
Siete minutos más tarde, un infierno de proyectiles y gas amarillo aniquilaría a Andrea y a John y dejaría a Julian peleando por su vida. Esta es sólo una de las muchas historias trágicas surgidas del dantesco crimen en Soho.



