Una cruenta guerra de clanes mafiosos se apodera de Nápoles
Dejó 116 víctimas en lo que va del año
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ROMA.– Una guerra de clanes cada vez más cruenta está ensangrentando la bella Nápoles. Antonio Esposito, su última víctima, fue acribillado ayer como en una película. En pleno día, este almacenero de 60 años, sin antecedentes penales, se encontraba en su negocio del barrio de Secondigliano. Todavía no era la una de la tarde, hora del almuerzo, cuando dos sicarios con cascos en la cabeza irrumpieron en su tienda y lo ejecutaron a tiros, en una acción fría, calculada, muy profesional.
Esposito fue la séptima persona asesinada en los últimos cinco días en Nápoles, una ciudad en la que, desde principios de mes, se produjeron quince muertes violentas, y, desde principios de año, 116.
Nápoles, la ciudad del Vesubio, la pizza, el mar y Maradona, se ha transformado, últimamente, en sinónimo de Far West . En el seno de la camorra, la mafia napolitana, se ha desatado una guerra entre clanes tan violenta que casi a diario corre sangre y el Estado, desconcertado, ha decidido actuar, enviando un refuerzo de 300 policías para detener las matanzas.
Este tipo de guerra de clanes mafiosos -como no se veía desde hace mucho tiempo-, ha creado pánico entre la gente de los barrios populares y periféricos de la ciudad, que dice sentirse tan desprotegida como en Bagdad o en Beirut, y que, en muchos casos, hasta pide a gritos la intervención del ejército.
Es que en los ajustes de cuentas no hay piedad: cae cualquiera. Sobre todo si tiene algún grado de parentela con algún miembro del clan rival, que pasa a ser el objetivo de una vendetta . Fue ésa, justamente, la culpa de Antonio Esposito, familiar de un camorrista en el ojo de la faida, como se denomina aquí a la lucha entre grupos.
Su homicidio ocurrió pocas horas antes del funeral de Gelsomina Verde, una joven de 22 años que se convirtió el lunes último en la primera mujer muerta en una ajuste de cuentas entre mafiosos de la camorra. Gelsomina, que recibió varios disparos en la nuca y fue torturada y quemada junto a su automóvil por desconocidos para que no quedaran huellas, no era mafiosa. Al igual que Esposito, no tenía antecedentes policiales. Es más: estudiaba y era voluntaria en una ONG. Su único "delito" era estar de novia o ser amiga de un mafioso "secesionista".
La ola de homicidios que está ensangrentando a Nápoles tiene que ver, en efecto, con una guerra en el seno del clan de Paolo di Lauro, en la que por un lado están los de la vieja guardia y por el otro los "secesionistas".
Esta guerra comenzó porque Di Lauro, alias "Ciruzzo el millionario", de 51 años, prófugo de la Justicia y al frente de un negocio de tráfico de estupefacientes y extorsiones que rinde nada menos que 500.000 euros por día -según La Repubblica-, le entregó el mando de sus negocios a su hijo Cosimo, un chico de 22 años demasiado ambicioso que, al parecer, metió mano en el reparto de las ganancias del tráfico de drogas, lo cual dio lugar a una violenta rebelión interna. De ahí, el grupo de mafiosos "secesionistas", en contra de los fieles al boss.
"Ciruzzo el millionario", un hombre que construyó su imperio en el paupérrimo barrio de Secondigliano -también denominado "Tercer Mundo" por su parecido con las villas miseria-, está prófugo desde hace dos años y un mes, cuando una investigación de la antimafia logró encarcelar a 27 de sus hombres más fieles. Según los expertos, con su fuga este boss, que tiene verdaderas fortunas en el exterior y contactos en América del Sur y Turquía para la compra de cocaína y heroína, no sólo ha perdido autoridad, sino también el control del territorio. Por esto ahora, dos años después, los de la vieja guardia intentan volver a imponer su ley.
En este clima de anarquía total, el gobierno de centroderecha de Silvio Berlusconi anunció hace unos días el envío de un refuerzo de 300 agentes, algo que nadie sabe muy bien si servirá para algo, porque Nápoles ya cuenta con 13.000 policías, cifra que supera con creces la de cualquier otra ciudad italiana.
Lo cierto es que ayer, varias horas antes de que el almacenero fuera asesinado, la policía logró un primer éxito en su lucha en contra de la criminalidad organizada. Por la madrugada irrumpió en un departamento del barrio de Scampia, mientras se llevaba a cabo una cumbre de mafiosos "secesionistas" del clan de Di Lauro. Tras esta operación relámpago, muy publicitada por los medios, quedaron detenidas 7 personas y se secuestraron varias armas de fuego, metralletas y hasta una bomba de mano.
Sin saber aún que en el negocio de Esposito iba a correr más sangre, el ministro del Interior, Giuseppe Pisanú, elogió ayer la redada, que definió como "el primer golpe a la camorra": una frase seguramente demasiado optimista para el despiadado Far West napolitano.
Aprueban el recorte impositivo
- ROMA (EFE).- El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, llegó ayer a un acuerdo con sus socios de gobierno para reducir los impuestos en 2005, tras amenazarlos en los últimos días con anticipar las elecciones si no cedían en su rechazo. Después de varias semanas de tensión, Berlusconi consiguió que sus aliados apoyaran la aplicación sin dilaciones de la reforma fiscal, una de sus principales promesas electorales, pese a los problemas que arrastra la economía del país. Sonriente, el premier dijo a la prensa que se sentía con la satisfacción "del deber cumplido".
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