
Una peligrosa fuente de energía
Más de 40 países poseen importantes reservas de plutonio 238
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Rodeado de la gravedad y, sin dudas, del temor que genera la sola mención de la palabra "plutonio", el anuncio de que Estados Unidos planea retomar la producción del plutonio 238 en gran escala genera, ante todo, incertidumbre.
¿Para qué quiere el gobierno norteamericano fabricar un elemento muy peligroso por su nivel de toxicidad que, a priori, en lo inmediato, no serviría para otra cosa que para construir baterías de larga duración? Y si ésta fuera la intención final del proyecto, ¿para qué quiere tanto? Y, especialmente, ¿por qué tanto secreto?
Lo primero implica alivio en algún sentido: el plutonio 238 no sirve para fabricar armas nucleares. Es mucho más letal para el medio ambiente que sus parientes, el plutonio 239 y el uranio 235. Pero, paradójicamente, es incapaz de desencadenar la poderosa reacción nuclear que generan las armas atómicas.
Como arma, el plutonio 238 podría utilizarse en la fabricación de las llamadas "bombas sucias". Se lo introduce en una caja, se lo mezcla con un explosivo convencional para esparcirlo como polvo y se consigue un horroroso resultado como tóxico radiactivo, ya que, se cree, basta inhalar una pizca para generar cáncer en el cuerpo humano. Sin embargo, ésta parece ser más un arma que podría elegir un grupo terrorista y no el gobierno norteamericano.
¿Para qué producir, entonces, el plutonio 238?
Un repaso por algunas de sus características y por su historia pueden brindar algunas pistas.
El plutonio 238 no existe en la naturaleza; es un invento del hombre.
Su presencia en la Tierra se debe, básicamente, a dos procesos. Una parte del plutonio 238 nació en los ardientes caldos de las explosiones nucleares. La otra se genera todos los días, como residuo de los reactores nucleares para fabricar energía eléctrica, que se utilizan en más de 40 países.
Así que, primera conclusión: todos los países que tienen reactores nucleares poseen plutonio 238 (y también del temible 239). Todos. Incluso la Argentina, que lo almacena en sus centrales de Atucha y Embalse. Estados Unidos lo produce, pero no a nivel gubernamental, como se plantea ahora.
Lo del almacenaje tiene un porqué. El plutonio 238 es un material con un considerable potencial energético. Algún día, cuando la tecnología permita a los reactores funcionar con plutonio, en lugar del uranio que utilizan hoy, estas reservas podrán ser muy importantes.
Sin embargo, el plutonio 238 tiene una segunda característica: es tan energético que las baterías que lo incluyen como componente aseguran energía por años. Por eso, este tipo de batería es indicado para alimentar los motores de naves espaciales y satélites (algunos modelos de marcapasos, incluso, se alimentan con plutonio 238). Sin embargo, si estas baterías dejaron de usarse es precisamente por el rechazo que provocan sus posibles efectos nocivos en la naturaleza en caso de un accidente.
Por último, por lo menos dos datos más alimentan la posible inquietud tras el anuncio de la Casa Blanca.
Uno es que, al fabricar plutonio 238, no puede evitarse crear también el temible 239. ¿Qué hará con este último el gobierno norteamericano?
Y, finalmente, ¿qué dispositivos de "espionaje" alimentarán las baterías del plutonio? Posiblemente, desde satélites espías y armas espaciales hasta vehículos cuyas capacidades, por el momento, limitan con la ciencia ficción.
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