
Unabomber está más solo que nunca
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WASHINGTON.- Está más solo que nunca Theodore Kaczynski. Salvo su madre, Wanda, con los ojos llorosos en el comienzo del juicio que se realiza en Sacramento, no hay quien parezca apiadarse de él. Ni su hermano menor, David, delator ante el FBI de la presunción casi segura de que sea Unabomber.
Hasta que no concluya el proceso, suspendido abruptamente el lunes por la incomodidad de Theodore con la presencia de David en la sala y con la estrategia de sus abogados defensores de que se declare insano para evitar la pena de muerte, seguirá siendo el sospechoso número uno de haber matado a tres personas y herido a otras 29, entre 1978 y 1995, con cartas bomba.
Kaczynski, de 55 años, licenciado en matemáticas en Harvard, doctorado en Michigan y ex profesor de Berkeley, donde renunció sin dar explicaciones en 1969, no habría tenido relación con nadie en especial en los últimos 25 años.
Nació el 22 de mayo de 1942 en Evergreen Park, suburbio de Chicago, Illinois. Su madre trató de incentivarlo en la lectura con la revista Scientific American, mientras que su padre procuró enseñarles a él y a su hermano David cómo vivir fuera de casa.
Ya en 1958 Theodore había demostrado aptitudes para las matemáticas y para la fabricación de pequeños artefactos explosivos.
Entre hermanos se pelean
En 1978 fue despedido por instancia de su hermano de la fábrica en la que ambos trabajaban. El motivo: acoso sexual a una empleada.
Partió entonces para Lincoln, Montana. Allí construyó una cabaña pequeña, trasladada a Sacramento por sus abogados como evidencia de su supuesta locura.
En ella, sin agua ni luz ni más alimentos que los vegetales que cosechaba y los conejos que cazaba, los agentes federales hallaron el 3 de abril de 1996, cuando fue capturado, tras un trabajo de 18 años.
Ante los argumentos de Kaczynski, el juez federal Garland Burrell envió el lunes a casa a los jurados y dejó en suspenso, en principio hasta mañana, los testimonios.
Kaczynski iba a leer una declaración, pero la decisión de Burrell dejó todo en veremos hasta que se reanude el proceso.
Esa declaración, al parecer, estaría vinculada con la actuación de sus abogados, Quin Denvir y Judy Clarke, designados de oficio, renuente Kaczynski a admitir sus presuntas esquizofrenia y paranoia, de modo de atenuar la condena.
Por la dignidad humana
En California es juzgado por las muertes de un empresario maderero y de un vendedor de computadoras. En Nueva Jersey será juzgado por el asesinato de un publicitario.
Unabomber entabló una guerra contra la sociedad que, según el oscuro manifiesto que publicaron bajo la amenaza de más atentados The Washington Post y The New York Times, apuntaba básicamente contra la ciencia, la tecnología y la industria. Fue, a su modo, una forma cobarde y rencorosa de reivindicar la dignidad del hombre frente a las máquinas.
La nómina de atentados no guarda una relación lógica. Comenzó con el mundo académico, continuó con compañías de aviación, de correos y de computadoras.
Kaczynski, frío, aparentemente tranquilo, cual ajedrecista que planea en soledad cada movimiento, prometió el lunes su declaración, luego no leída, y se disculpó ante el juez Burrell por no ponerse de pie. Los alguaciles federales, según explicó, le habían ordenado que permaneciera sentado.
Es como si no confiara en nadie más que en sí mismo. Por el manifiesto, hecho público por los diarios en 1995, David cayó en la cuenta de que el autor sería su hermano. Un poco perturbado, como supo definirlo.
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